viernes, 14 de enero de 2011

¡Qué belleza!

CONTRATAPA

Mirando dormir a una mujer

Por Juan Forn

En medio del acto sexual, un hombre repara en que le ha sacado unas gotas de sangre al pecho de su amada, no entiende cómo. Ella tampoco, cuando él se lo hace ver después del orgasmo: ni siquiera puede localizar el punto de donde salieron esas gotas de sangre. En la vida de ese hombre, esa joven terminará siendo únicamente ese momento: aquel en el que aprendió que los labios pueden, si son lo suficientemente suaves, sacar sangre del cuerpo amado sin que duela, más bien al contrario.

Si tuviera que elegir una escena que encarne el erotismo elegíaco en su máximo esplendor, sería ésta. Si digo que la escena es de Kawabata, parecerá que estoy diciendo que es ciento por ciento japonesa pero, para llegar a ese ciento por ciento de niponidad, Kawabata la completa así: el hombre que recuerda esa escena ya tiene 67 años, está en la cama con otra muchacha, la muchacha es virgen, está dormida y él ha pagado el doble de lo que pagaría para estar con una muchacha despierta (incluso con una virgen) porque en esa casa secreta, en el fondo oscuro de la noche japonesa, los viejos –que son tan viejos que ya no pueden ni satisfacer ni obtener satisfacción de una mujer en la cama– pagan por pasar la noche junto a una muchacha virgen dormida. El sueño es inducido por narcótico. Las muchachas están dormidas cuando el cliente entra en la habitación y siguen durmiendo cuando culmina su tiempo con ellas, con las primeras luces del amanecer. No se puede dormir dos veces con la misma muchacha. Nada de mal gusto puede hacérseles (el eufemismo es clásicamente japonés, pero se cumple a rajatabla, a la manera japonesa, por supuesto). Al despertar, la muchacha ignorará si el hombre con quien compartió la noche la abrazó, la besó o lamió o mordió o lloró sobre su cuerpo núbil, o simplemente yació a su lado sin tocarla, intoxicado de recuerdos, como el personaje de Kawabata.

Kawabata tenía sesenta años cuando escribió La Casa de las Bellas Durmientes. Pero cuando tenía treinta escribió País de nieve, donde hay un personaje que es un experto en ballet occidental, aunque jamás ha visto uno con sus propios ojos. No es una pose sino una concepción estética: prefiere contemplar el rostro de una joven que viaja en su vagón de tren a través del reflejo que ofrece la ventanilla, en lugar de mirarla directamente, porque de esa manera logra la distancia que le permite valorar la belleza sin sus “accidentes” (de ahí su negativa a asistir a funciones de ballet en vivo). En los días más fríos del año, este diletante de Tokio parte en tren a las montañas donde se hace la seda Chijimi: la seda Chijimi es hilada por jóvenes vírgenes en oscuros sótanos al rojo vivo, luego es puesta a secar sobre la nieve un día y una noche enteros, hasta que alcanza el punto de blancura que habrá de convertirla en la tela perfecta para kimonos de verano, porque su hilado “conserva como ningún otro el espíritu de la nieve”.

Antes de descubrir las termas de montaña y el espíritu de la nieve, cuando era un joven veinteañero, Kawabata acompañó un día a su amigo Akutagawa a elegir una prostituta por las calles de Asakusa, el famoso Sexto Distrito, conocido como la letrina de Tokio, porque allí convivían los marginales tradicionales que hacían nido en los alrededores de cada gran templo nipón y la “nueva promiscuidad” que generaba el culto a lo occidental en Japón. Detrás del templo Kanon, cuyos jardines daban al río, los callejones de Asakusa hervían de varietés, vendedores de pájaros, fabricantes de kimonos, viejos calígrafos, informantes de la policía, geishas impolutas y mendigas prostitutas. Asakusa ofrecía toda la gama concebible de diversiones y perversiones a la japonesa, y a imitación occidental. El joven Kawabata había pisado por primera vez Asakusa poco después de llegar a Tokio, a los dieciséis. Había visto morir a sus padres, luego a su única hermana, luego a su abuela y por fin al abuelo, que se lo llevó a vivir al campo. En uno de los mil cafés de Asakusa vio, rodeado de chicas hermosas, a Tanizaki (que era trece años mayor que él y ya disfrutaba de fama como escritor), y decidió qué quería ser en la vida.

Desde entonces vivía en el Sexto Distrito, razón por la cual le resultó de lo más normal acompañar a su compadre Akutagawa a elegir una prostituta. Lo que le sorprendió fue que su excéntrico amigo llevara el rostro maquillado de blanco, y más aún le sorprendió que ninguna prostituta quisiera irse con él, siendo un cliente altamente apreciado. Hasta que oyó los cuchicheos de las muchachas: creían que Akutagawa era un fantasma. Tres días después, el pronóstico se hizo realidad: Akutagawa había calculado cuidadosamente la dosis de veronal que ingirió, para que su cadáver luciera plácido; por eso en los días anteriores empezó a blanquearse la cara para que sus “mariposas de la noche” se fueran acostumbrando a verlo muerto.

Tanizaki diría años después que todos ellos querían escribir lujurioso, pero les salía elegíaco porque estaban hablando de un mundo que moría delante de sus ojos. Cuando dijo “todos” se refería en realidad a cuatro: Kawabata y Akutagawa y él y Kafu. Kafu era el preferido de los otros tres, quizá porque era el más disipado, quizá porque era al que menos le importaba escribir de los cuatro. Kafu se casó una vez, contra el consejo de sus amigos, con una geisha tan disipada como él. Era pleno invierno y no tenían ni para el fuego del caldero, así que se limitaron a permanecer abrazados, dándose calor uno al otro. “Cuando se rasgaba alguno de los paneles de papel de las puertas de nuestra habitación, lo cubríamos con las cartas que nos habíamos ocultado hasta entonces el uno al otro, y nos leíamos en voz alta los pasajes más escabrosos, mientras intentábamos que no se colara más frío en la habitación. Puedo dar fe de que ése es un placer que jamás conocerán los que tienen dinero.”

No sé exactamente qué estoy tratando de decir, pero lo poco que he logrado saber de las mujeres lo aprendí leyendo libros de ellos y mirándolas dormir a ellas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Enviado por Franco Gariboldi


EL MANIFIESTO AMBIENTAL DE NOAH SEALTH
La carta del jefe indio Noah Sealth, 1854

--------------------------------------------------------------------------------



En el año 1854 el jefe indio Noah Sealth respondió de una forma muy especial a la propuesta del presidente Franklin Pierce para crear una reserva india y acabar con los enfrentamientos entre indios y blancos. Suponía el despojo de las tierras indias. En el año 1855 se firmó el tratado de Point Elliot, con el que se consumaba el despojo de las tierras a los nativos indios. Noah Sealth, con su respuesta al presidente, creó el primer manifiesto en defensa del medio ambiente y la naturaleza que ha perdurado en el tiempo. El jefe indio murió el 7 de junio de 1866 a la edad de 80 años. Su memoria ha quedado en el tiempo y sus palabras continúan vigentes.
--------------------------------------------------------------------------------

CARTA DEL JEFE INDIO Noah Sealth, 1854
"¿Como se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.
Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Como podrán ustedes comprarlos?
Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los arboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.
Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
.
Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservara un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es facil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.
El agua cristalina que corre por los rios y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
.
Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No se, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.
.
No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los arboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿Para que sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, asi como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento - la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espiritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una maquina humeante puede importar mas que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.
.
¿Que seria del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.
.
Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.
Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común.
Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminaran hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por que se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.. ¿Donde esta el matorral? Destruido. ¿Donde esta el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia."

PUBLICADO POR INFOPICO.COM

El ICAS, Institución piquense que sigue brindando un aporte importante a la cultura de esta ciudad

Miércoles, 05 de Enero de 2011 13:04
Publicado en Social - Local

Comparte este artículo

Twitter Myspace Yahoo Googlize this Facebook

El Instituto Católico de Acción Social – ICAS-, es una institución de larga trayectoria en la comunidad piquense (Canal 4 estaba a su cargo, numerosas Asistentes Sociales hicieron la carrera en su Escuela de Servicio Social, es permanente la ayuda que brinda a comedores, la instalación de Radio María le corresponde, etc.) ha desarrollado extensas actividades a lo largo de su permanencia. Aquí, allegados a la institución, intentan resaltar las acciones realizadas en los últimos años vinculadas al área de Cultura y Educación.

Es muy importante destacar que todas las actividades contaron con el apoyo de la Dirección Municipal de Cultura, especialmente con su directora, la profesora María del Carmen García Suárez, que el año pasado convocó a todas las personas o entidades independientes relacionadas con la actividad cultural para conformar una agenda consensuada de modo que no se superpusieran las fechas de cada presentación.

Aquí el detalle de las acciones llevadas a cabo por el ICAS

· Ciclo de conferencias “ENTRENOSOTROS” contó con la alocución de Lucía Castelli, Estela Filippini, Juan José Penna y Olga Liliana Reinoso.

· Presentación del libro “Gente que dejó huellas”. Se trata de un trabajo de investigación realizado por alumnos de 9º año de la Unidad Educativa Nº 14 sobre los nombres de las calles de Pico. Aunque usualmente las nombramos por un número, todas las calles tienen también un nombre que alude a personajes históricos nacionales, provinciales o locales. Luego de un exhaustivo trabajo de dos años –y con el aporte económico de CORPICO- el libro vio la luz y fue presentado en el Concejo Deliberante, en la Unidad Educativa, en la Biblioteca de CORPICO y en el ICAS.

· “Cuentos con descuento” –primer libro de narrativa de Olga Liliana Reinoso- también fue presentado en la sede de esta institución.

· En dos oportunidades Elena Peñaranda, residente en Buenos Aires, ofreció seminarios de Narración Oral.

· Paulina Jusko, escritora de Villa Elisa (Bs. As.) vino a presentar su ensayo “El humor de las argentinas”.

· Un álbum de fotos y textos referidos a Astor Piazzola, fue presentado por su autor, el fotógrafo y periodista Carlos Carrizo, de Bahía Blanca.

· María del Mar Estrella –poeta y juglar- ofreció dos recitales de poesía.

· El espectáculo estrenado durante la Feria del Libro de la ciudad de Córdoba “Y nos puede matar una guitarra”, también pudo apreciarse en el Icas con la presencia de Marcelo Oliver –eximio concertista de guitarra- y el poeta Eduardo Chaves.

· Posteriormente, Eduardo Chaves regresó con Alejandra Oliver para dictar un curso de Narración Oral y brindar un espectáculo.

· Otro Seminario de Narración Oral fue coordinado por Maryta Berenguer, de Bahía Blanca y a su terminación se formó el grupo de narradores piquenses “YCOMIERONPERDICES”.

· En diferentes años se convocó a certámenes literarios: A) “Conociendo nuestras raíces para saber y ser más” (2004) destinado a alumnos de 7º, 8º y 9º año. Los trabajos ganadores y las menciones conforman un libro con el mismo título. B) “Queridos maestros” dirigido a todo tipo de personas, tuvo como objetivo homenajear a los maestros a través del recuerdo. C) Certamen de poemas ilustrados con temática referida al Bicentenario.

· A un mes de su fallecimiento, se rindió homenaje a la profesora Doris Gonzalo, de Santa Rosa, que había dictado un curso sobre Literatura Pampeana y otro de lectura y análisis de textos literarios.

· Durante el año 2010 se realizaron actividades en conjunto con la diputada Silvia Petitti. Para el Mes de la Mujer dieron charlas sobre distintos aspectos de cuestiones de género, Claudia Giacobbe, Nilda Masci, Mónica Molina y una representante del Grupo Grameen, directamente relacionado con el mundialmente conocido “Banco de los pobres”.

· Se presentó el libro póstumo de Mirta Isabel Amestoy, editado por el Fondo Editorial Rionegrino: “Cuentos de Amor y de los otros”.

· Laura García y Olga Liliana Reinoso presentaron su espectáculo “Mujeres con Voz y Voto”, una interesante mixtura de poemas, canciones y cuentos.

· “Decires y Cantares” fue el nombre del recital que brindaron Oscar Boetti y Sergio Rossini, combinando también música y palabras. Boetti interpretó canciones propias y ajenas, lo mismo que hizo Rossini con los textos literarios que leyó.

· Mario Grassi con la guitarra y Vanina en los teclados ofrecieron una noche llena de humor y buena música.

· A fines de noviembre Rodolfo Zorzi presentó su primera novela “Teléfono para vos”, entretenida trama en donde se entrelazan el erotismo, la intriga policial y la política.

· Un capítulo aparte merece el Taller Literario “Cruz del Sur”, con muchos años de continuidad, una antología publicada y la oferta para adolescentes y adultos. Recomenzará sus actividades en el mes de abril. Quienes deseen integrarlo, deberán contactar a su coordinadora, la escritora Olga Liliana Reinoso.

· De los libros mencionados, se pueden conseguir “Gente que dejó huellas” (Biblioteca de CORPICO y Arte Propio en Multiespacio MEDANO); “Cuentos de amor y de los otros” (Arte Propio) y “Teléfono para vos” (librerías de la ciudad).

La sede del ICAS queda en calle 19 Nº 681, entre 14 y 16.

martes, 4 de enero de 2011

En los días de lluvia aparecen cosas



De: juan manuel mascali Para: intercuento@yahoogroups.com Enviado: Miércoles, 11 de Febrero de 2004 05:59 p.m. Asunto: [intercuento] cuento

“Era más blanda que el agua...”

Para Olga Liliana Reinoso.

Es una tarde, Olga se acerca y me dice que no debería ser redundante. Yo le digo: tenés razón, pero no podía volver sin de alguna manera tonta no serlo.
Es una tarde de verano, algo sé que el verano, el calor, la luna o media luna, el sol tienen para que yo lo recuerde con tanta lucidez. Estamos sentados a punto de retirarnos de ese mundo de gente archiagotador. Hay una atmósfera calma, por momentos molesta, pero eso no nos perturba, estamos decididos a retirarnos, a no dar un paso atrás. Salimos. Por fin salimos y Olga vuelve a repetirme las palabras que ahora intento pronunciar correctamente: deberías no ser redundante. Me esfuerzo, lo logro, no es tan difícil, pero después de tantos años su imagen retorna como un pandemónium.
Conversábamos de todo un poco para que la conversación no se tornara
aburrida. Como dos niños, sí, y yo le comentaba la existencia de un objeto precioso, un cuadro del siglo XIII d. C., en donde el pintor describe paisajes con una magia urbana hermosísimos. Un cuadro para el gusto de los adultos pero los adultos ya se habían dormidos; se retiraban dejando el silencio. Es claro porque el silencio está representado por un espacio de dimensiones enormes en color verde, un pasto liso y fino como el de las canchas de tenis inglesas.
- Bueno; esa es la invitación de la que se sirve el artista; aunque no te guste, por lo menos te puede llevar a imaginar otros horizontes –me dijo Olga.
- Sí, está bien Olga –le dije–, pero eso que vos decís del arte, de lo que produce el arte en las personas que lo observan, y más en este caso que es un cuadro, una fotografía o secuencia concreta dispuesta para ese motivo, eso esta bien, siempre pasa, estamos acostumbrados a vivirlo de esa manera, pero por qué los niños están tan felices si fueron sus padres los que se dignaron a dejarlos con esa despreocupación fastidiosa en medio del campo sin nadie más que ese silencio enorme. Eso es lo que no termino de entender en el pintor, ¿qué es exactamente lo que quiso que nosotros pensemos al
observar su obra?
- Lo que no entiendo es por qué te enojás con las intenciones del artista. No me parecen que sean incoherentes, creo que el sentido está muy claro. Los niños se han ido, solo queda de ellos el sabor de la soledad, inmenso, lleno de praderas y colores olvidados, listos para ser algún día vueltos a recorrer. Eso es lo que a mí me deja su obra. Pero vos decís que, o intentas decirme, la escena, por decir así, pareciera no corresponder, no cuadrar con lo que para vos el artista intenta transmitir. Y eso es ya otro problema a
resolver.
Nos levantamos del banco y caminamos y hablamos de qué pensaría hoy Van Goght viendo este desorden de autos y callejas sin un mínimo de espacio disponible para la contemplación. Y los filósofos de antaño, y las comidas golosas, y las orgías griegas donde el vino se mezclaba con agua en fuentones de estaño repletos, casi una vida romana de reyes, todos los participantes a punto de convertirse en otra cosa mejor de lo que habíamos querido que fueran. Les cambiábamos la vida a todos, su maldito futuro, nos regocijábamos con él nuestro incierto, con las plantas que veíamos pasar
resplandecientes, con necesidad de agua algunas, la gente que comete esos olvidos imperdonables, todo lo diminuto se hacía grande, se tornaba en una discusión sin treguas que en algún momento sabíamos que caería en el mismo lugar de donde nosotros habíamos partido.
- Uno debería retener imágenes y hacerlas eternas, ¿no te parece? –Le pregunté a Olga con un ánimo que invitaba ninguna respuesta.
- ¿Estás bien?
- Sabes lo que me gusta de vos... que entendés claramente lo que a mí me pasa.
-Ahora no te entiendo.
- Sí, estoy bien. Algo melancólico pero estoy bien; ya lo sé: soy así.
- Bueno, cuando quieras hablar, aquí está Olga.
- No seas vieja usando ese tono casi burlón...
- Era vieja, o parecía.
- No, equivocada. Era un travesti.
- Ah, que bien, hemos progresado. ¿Cómo se llamaba?
- Mónica, creo.
- No sabes el nombre: retiro lo dicho.
- Nunca había estado con un travestí...
- ...Hasta que estuviste
- Sí, es un contrasentido.
- ¿Y qué es lo que te tiene mal, si pudiese decirle así
- Nada particular, no sentí nada, fue como si no hubiese estado con nadie. Una experiencia, supongo que podría llamarle así.
- Bueno, imagino que no querrás escuchar mis críticas porque ya las conoces, pero lo que te voy a decir es lo siguiente...
- ...mi consejera
- Entre paréntesis, okey: deja de probarte; nunca se obtiene nada bueno de las pruebas que le podemos hacer a nuestro espíritu. ¿Okey?
- Sí, mami consejera.
- ¿Por qué no te vas un poquito a la mierda, hijito del alma?
Había un bar en una esquina de esa ciudad turbulenta que se veía perfecto para sentarse un rato y descansar las piernas de la larga caminata. Un café, algunas media lunas, tenía hambre. Olga no. Prefería tomarse una gaseosa bien fresca. Sin ningún sándwich tampoco. Solo la gaseosa fresca. Es increíble, nunca comía o cuando lo hacía eran “emparedados” pequeñísimos, sin nada de sal, todo medido, a su medida, claro.
- ¿Nos sentamos en esta mesa? –Le pregunté a Olga.
- No, vamos a esta que tiene mejor paisaje –me respondió.
Estuvimos un buen rato en silencio. Lo disfrutábamos. Nos entendíamos sin que fuera necesario que yo le diga ni un sí ni un no de nada. A veces teníamos discusiones, de esas que suelen ponernos los pelos de punta, pero éramos amigos del alma, con el alma nos callábamos cuando el otro necesitaba ese silencio. Y ese silencio era majestuoso.
- I’m broke but I’m happy...I’m poor but I’m kind. Se me terminaron,
convidame uno, please.
Buscó fuego pero ya estaba yo sacando mi encendedor.
- He doesn’t play for the money he wins... Prefiero Sting.
- Yo también; en mi casa; aquí no quedaría mal.
- Por supuesto. Aunque tenés razón: demasiado ruido para apreciarlo.
Busqué un periódico que se encontraba en una mesa algo alejada. Los
titulares describían hechos. Cotidianos e internacionales. Se cumplía un año ya de la caída de las torres gemelas. La gente estaba impaciente y temerosa. Sin embargo, nadie discutía sobre política internacional. Los hechos caían por un peso que los apisonaba y los dejaba inmóviles. Nadie criticaba nada. Quizá en sus hogares fuera diferente, pensé.
- Aunque es envidiable cómo se permiten disfrutar la vida. De una manera tan diferente a la nuestra. Pero ese es su espíritu, ¿no?
- ¿A qué te referís? –Me preguntó Olga.
- Mira los titulares. ¿Okey?- Sí, ya te entendí. Es extraño.- Es una sociedad rara. La entiendo, pero me cuesta aceptarla. Creo que
solamente podría vivir en esta ciudad. Es más, sé que la pasaría muy bien.
- ¿Y entonces?- Parece que estuvieras leyendo... No importa. Horacio de Dios describió una situación: había muchas personas, entre ellas francesas, en un bar cerquita de acá, y a los franceses se les dio por cantar la marsellesa. Nadie dijo nada. Todos lo tomaron bien, sin molestarse, menos un hombre que saltó como los demonios de su asiento cantando el himno nacional. El ambiente se puso
denso. Pero a alguien se le ocurrió algo que superó a todas las melodías que se habían interpretado. Cantó New York, New York, y la imagen de Frank hizo lo que restaba. ¿Entendés?
- Bueno, para qué seguir explicando; más vale sigo leyendo.
- No te enojes, era una observación; nada más que eso.
- Tendrías que obtener otros modelos si quisieras hacer una “lectura” más justa de esta sociedad y no basarte únicamente en La Nación.
- Estás enojada.
- No, es la verdad.
- Estas enojada.
- Ya se me fue. Además, esa palabra no es la adecuada, es una más simple: molestia, y no sigamos hablando de esta tontería.
- Okey. Sory.
- Tengo que decirte algo importante.
- ¿Ahora?
- Dije algo importante.
- Perdón.
La miré con otro rostro. Su tono nunca lo había escuchado. No era de
preocupación, era de resignación. Quizá fuera otra cosa la que despertaron sus palabras. No lo sé, no quise anticipar ni proyectar mis temores.
- Tengo cáncer - me dijo secamente.
La miré, pensé muchas cosas, escogí las preguntas.
- ¿Dónde?- Cáncer de páncreas. Es inevitable. No hay nada que hacer.
- ¿Y quién dijo eso? ¿Qué te dijo él medico? Consultémoslo con otro clínico; yo conozco uno que es el mejor, no te podés quedar con una sola receta.
- Tranquilizate. Ya lo hice. El mismo médico me recomendó realizar otros estudios.
- ¡Olga, vos me decís que me tranquilice! ¿Estás loca o qué? Vamos ya a realizar otros estudios...
- No, dejame que quiero estar acá sentada leyendo.
Lloramos, mucho. Sus lágrimas me lastimaban. Me acorde de un tango de Discépolo; lo borré; no sabía qué hacer y ella me había dicho que me tranquilizara. No sé; no tiene sentido; nada tenía un mísero sentido que yo pudiera entender. Me dije que era un inmaduro y un egoísta porque me esforzaba intentando tener el coraje de acompañarla. Juraría que si lo hubiese deseado no lo hubiese dudado.
- Okey, okey...
- Leeme el horóscopo de hoy.- A ver... Mira vos lo que salió...¿Qué, que estoy embarazada y aun no lo sé?- No, no, no me hagas reír al pepe. Escucha: una sorpresa le dará los beneficios que hacía tanto tiempo estaba buscando. En el amor: deberá ser
muy cuidadosa, más si en esta semana los contratiempos suelen causarle alguna inquietud.- ¿Un viaje? Sí, si no, no hubiese utilizado la palabra beneficios. ¿No te parece?- Puede ser, puede ser... Pero los hacemos juntos.- Vos te vas a tener que pagar la estadía.- Tengo algunos ahorros; chiquitos, pero llego. ¿Qué te parece Grecia?- Sí, pero ya he ido.- Ah, nunca me lo contaste. Ya; ya me imagino. El horóscopo tenía razón. Hablamos, del amor platónico, de lo que había dicho Tiresías y lo que le había costado decirlo, de todo, de ella y de las cosas que yo quería hacer
con mi vida, de las cosas que haríamos en este tiempo que nos quedaba juntos, de la redundancia, claro, la redundancia, la repetición o del mito del eterno retorno de Nietzche, de los filósofos que más admiraba yo, Hume, Descartes, Condillac (“sí, del juicio inmediato; es de donde partía mi consejo sobre tus pruebas existencialistas”), de la pintura romántica, de los techos góticos, de los cordones y las calles de nuestra ciudad (“amo el gris de las calles; el color azul noche”), de la ropa que solemos usar (“me
encanta combinar mi estado de ánimo con los colores; la gente ya se olvido de ese detalle, ¿no te parece?”), hablamos hasta el momento en que un hombre, morrudo, de pelo a medio camino entre largo y muy largo dijo que quisiera que le sacáramos una foto con su familia. Fue de improviso, chocante, pero la propuesta era inapelable. Me levanté de la silla y le dije a Olga que me esperara. Ella se ríe. Yo también. El hombre quería que el cuadro sea holgado dado que el número de su familia superaba los cuatro tradicionales. Voy hacer el intento, le dije y me dispuse a enfocar la cámara con zoom incluido. Cuando regresé a la mesa pensando en la cara de ese hombre la vi vacía. Olga no estaba y yo ya estaba buscándola por los hospitales. No sabía las direcciones ni siquiera cómo hacer para manejarme en esa ciudad enorme. Vi al mozo y le pregunté en ingles de principiante qué es lo que había pasado con la persona que se encontraba en la tercera mesa de la derecha, casi llegando a la quinta avenida. Okey, tranquilizate, me dije. Giré sobre mí mismo y Olga estaba ahí, saliendo del bar con una luz amarilla tenue que la hacía más hermosa que siempre. Me miró a los ojos. No podía evitar la cara de tragedia que debería demostrar mi rostro. Luego me abrazó y me dijo mientras caminábamos hacia la mesa blanca de plástico y patas de madera que yo era un tango, pero no un tango cualquiera, sino uno muy particular, donde la redundancia parece hacernos decir y reír porque simplemente, allí mismo, nos sentimos cursi.- ¿Sabes cuál es ese tango? –Me preguntó.- No –le dije casi llorando, con esas lágrimas de película porque no sabemos si contenerlas o llorar a moco tendido.- Naranjo en flor: “...era más blanda que el agua, que, el agua blanda...” ¿Y sabes qué decía el polaco?- Sí, ya sé: que vos sos un cubito, dulce, suave, refrescante; y que yo soy... un pájaro sin luz.

Latinoamérica MSN























Por Raquel Godos/ EFE Reportajes, actualizado: 28/12/2010





La Candelaria: origen y futuro de Bogotá












Fachadas de un azul intenso, duros amarillos y naranjas asalmonados colorean las estrechas calles del barrio de La Candelaria, centro histórico y cultural de la capital de Colombia, donde se fundó la ciudad y el país, que ha pasado de ser un núcleo de inseguridad y delincuencia al principal atractivo turístico de Bogotá.




Centro histórico y cultural de la capital de Colombia. Foto: Mauricio Dueñas
Las balconadas de madera, las pequeñas iglesias de impronta española y el arte callejero decoran La Candelaria, una de las zonas más bohemias de Bogotá. Pero no sólo existen reminiscencias coloniales y vestigios hispánicos. La Candelaria recoge dentro de sí influencias francesas, inglesas e italianas, desde el Palacio de Gobierno al de Justicia y al Parlamento.

Además, se ha sabido recuperar muchas de esas casas con corrala para hacer de ellas lugares dedicados a la lectura, la pintura y la conservación de la historia.



EL ORIGEN DE LA CAPITAL


El 6 de agosto de 1638 se celebró la fundación de la ciudad de manos de los conquistadores españoles, mediante la construcción de una pequeña capilla en el mismo lugar donde hoy se encuentra la Catedral Primada, en la actual Plaza de Bolívar.

Según explica el guía Fabio Quiroz, que lleva más de quince años relatando los cuentos del casco antiguo bogotano, ese lugar estaba habitado por un asentamiento indígena de la cultura Muisca, una de las más importantes de la época precolombina.

"Al iniciarse la colonia en el siglo XVI, empieza a establecerse la organización de la población como una población española y se fundó la ciudad bajo el nombre de Santa Fe por Gonzalo Jiménez de Quesada, como su pueblo natal en España", relata Quiroz a Efe.

"Bogotá" o "Bakatá" es un vocablo indígena que significa "tierra fértil" y que fue añadido más tarde para "mantener contentos a los aborígenes", al acuñarse como Santa Fe de Bogotá. No fue sino hasta la independencia cuando la ciudad adquirió el nombre que lleva hoy en día.



LA PLAZA BOLÍVAR, UN CENTRO NEURÁLGICO


El emplazamiento de aquella pequeña capilla que edificaron los colonizadores españoles fue una zona de mercado donde los indios realizaban intercambios de productos y desarrollaban la vida pública. Casi cinco siglos más tarde, ese lugar sigue siendo uno de los sitios más representativos de la ciudad, pero esta vez para albergar el Palacio de Justicia y el Capitolio.

Uno frente al otro, el Palacio de Justicia actual data de apenas dos décadas atrás, pues tuvo que ser reconstruido tras los terribles episodios conocidos como el Holocausto del Palacio de Justicia, cuando el grupo guerrillero ya desmovilizado M-19 tomó el edificio en 1985 y, tras la defensa armada del Ejército, éste terminó totalmente calcinado.

Como relata Quiroz, esta plaza ya es reflejo de una arquitectura más moderna, posterior a la independencia, donde las influencias inglesas y francesas se mezclan con los recuerdos españoles de la conquista.

El lateral donde se ubica la catedral también es donde se encuentra el Palacio Arzobispal y una pequeña capilla anexa a él, donada por un noble de la época. Sin embargo, así como el Palacio de Justicia, el Congreso y el Ayuntamiento acaparan sus aceras, en este caso la iglesia nunca lo logró del todo.

Entre la capilla y la catedral se encuentra la casa de la familia Cansino que, como narra Quiroz, nunca quiso vender su propiedad al arzobispado pese a su ardua insistencia. Hoy, abandonada, sigue perteneciendo a sus descendientes.



EL CHORRO DE QUEVEDO, DE RIACHUELO A NÚCLEO CULTURAL


Subiendo las cuestas del cerro donde se ubica La Candelaria, caminando hacia arriba por sus calles estrechas y coloridas, uno se topa con el conocido Chorro de Quevedo, una pequeña plazuela donde se reúnen artistas, estudiantes y titiriteros.

Los historiadores discuten si fue en este lugar, y no en la Plaza Bolívar, donde realmente se produjo la fundación de la ciudad, porque allí está datado el primer encuentro entre los conquistadores y los indígenas, junto a las aguas de un riachuelo.

Sea o no así, lo cierto es que allí se respira la vida cultural bogotana y es hogar de muchos de los jóvenes que estudian en alguna de las universidades que se reparten por el barrio. "Ha sido un punto de encuentro de políticos e historiadores, cuando Bogotá empezó a formarse y ahora es un punto de encuentro de estudiantes. Es fácil encontrar estudiantes de arte, tiriteros, músicos, cuenteros, pintores", precisa Quiroz.

Cuatro esculturas de un artista de la zona presidieron durante años el Chorro, representando a algunos de los personajes más pintorescos de Bogotá. Uno de ellos fue el conde de Cuchicuti, quien resultó ser un hombre obsesionado con obtener un título nobiliario: hasta fue capaz de vender un ojo para viajar a España a comprarlo, ya que carecía de sangre azul. O la loca Margarita, una fanática del Partido Liberal, que se pasaba la vida vestida de rojo, por ser el color del partido, y dando fervorosos mítines por la vieja Bogotá.

Alrededor del Chorro salen numerosos callejones donde es fácil encontrar bares de música en directo o recitales de poesía, pero el más conocido de todos ellos es el Callejón del Embudo, el lugar perfecto para encontrar una de las bebidas más típicas de Colombia, la chicha, hecha a base de maíz fermentado.


LA CASA DE NARIÑO


Antonio Nariño, uno de los próceres de la independencia colombiana y traductor de la carta de los Derechos del Hombre, es quien da nombre al actual Palacio de Gobierno, pues en otro guiño hacia el pasado, la casa del general estaba situada exactamente donde ahora vive el presidente de la República. De esta manera, "los tres poderes quedan en línea; el ejecutivo, el legislativo y el judicial", ya que el Palacio de Nariño se sitúa justo a la espalda del Congreso, precisa Quiroz.

Y es precisamente ahí hasta donde llega la ciudad... O llegaba. La actual calle seis, dirección de la Casa de Nariño, era en sus orígenes un río que ponía fin al barrio y a Bogotá.

Sin embargo, La Candelaria es un barrio que hoy crece, y cada día son más los teatros, las asociaciones culturales, las bibliotecas y las fundaciones que aprovechan esas casas coloniales del pasado para hacer del centro de la capital un lugar con mucho presente y también futuro.

sábado, 1 de enero de 2011

Enviado por Yamila Juan




Más allá de los fuegos artificiales, tan fugaces y ruidosos, que muchos eligen para celebrar... yo espero que los que conocemos al Rey no caigamos. No importa cuán rápido o cuán firmes, pero que sigamos adelante, que no se nos acabe el amor, que sepamos que la noche no es taaan larga como a veces sentimos, que tengamos siempre presente que en la tormenta Él aún está en la barca y, amigos, que sigamos sembrando... Feliz 2011!!!

El "Sembrador de Estrellas" es una estatua que está en Kaunas, Lituania.
Durante el día puede pasar desapercibida, como muestra la foto.
Un bronce más, herencia de la época soviética.

Pero cuando la noche llega, la estatua justifica su título.
Su nombre, pasa a tener sentido:
No dejemos de sembrar, aunque otros pisoteen nuestra siembra,

aunque a simple vista no se vea,

aunque no se pueda ver por el momento...



Que sea nuestro propósito para este nuevo año que se inicia,

cosechar algo de lo que ya hemos sembrado con esfuerzo y decisión, si ello fuera posible.

Pero fundamentalemente, aunque la cosecha no sea mucha, o aún no se vea... continuar la siembra.








¡¡¡Buen año para todos!!!

Enviado por Diana Irene Blanco







Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

Eduardo Galeano