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domingo, 1 de febrero de 2015

HAY QUE DEFENDERSE

HAY QUE DEFENDERSE

No voy a descubrir la pólvora si digo que vivimos en un mundo alienado, en el que la mayoría termina su escolarización en los programas de chimentos y actúa como si fuera una vedettonga en busca de fama.
Lo cierto es que, en medio de esa irrealidad prefabricada, terminan creyéndose el personaje y lastiman con su delirio a personas que están en sus cabales.
Entonces, aunque en el fondo de su corazón una siga pensando que no existe nada mejor que “Paz y amor”, es preciso estar alerta y saber defenderse en caso de necesidad.
Hay gente que no valora la dignidad y el buen nombre de las personas, por eso no tiene reparos, a la hora de enlodar con mentiras producto de su desequilibrio mental, el prestigio y el honor de personas cuya vida y obra son ejemplares.
Frente a esta impunidad no hay que quedarse a llorar en los rincones, sino defenderse con las armas legales que están al alcance.
No sólo las divas deben acudir a sus abogados para hacer un juicio mediático. También las personas “de a pie” cuentan con herramientas para frenar el oleaje de locura que hoy prima en nuestra sociedad.
Por eso, si alguien se atreve a mancillar a otro, a amenazarlo, a tratar de amedrentarlo por algo que no se cometió y que solo aparece como real en una mente enferma (“La pérdida del contacto con la realidad es lo que genera sus acciones incontroladas y fuera de todo sentido común. Su percepción de las cosas y de lo que sucede a su alrededor se ve de tal forma alterada que su reacciones se ven condicionadas hasta el extremo de que nada ni nadie puede sacarle del error en que se encuentra. Una observación importante es el origen de esta psicosis, que a grandes rasgos derivaría de una causa endógena, ya sea el enfermo típico, o por causas exógenas debido al consumo masivo de alcohol o drogas lo cual provocaría ese estado psicótico.” *)  hay que reaccionar positivamente.
Frente al hecho de recibir amenazas de cualquier índole, lo primero que hay que hacer es una exposición ante la policía: “Entre las acepciones del verbo Exponer podemos citar: “mostrar, poner de manifiesto, exhibir, exteriorizar, explicar, declarar, comunicar”. La exposición es la acción y el efecto de exponer ante la autoridad policial, un hecho determinado.
Si bien el artículo 11 inciso 5º del Reglamento de la Ley 4793 establece que “la Policía no ejerce jurisdicción judicial, y en consecuencia, no es competente para conocer originariamente en acciones civiles, comerciales o laborales, salvo en los casos mencionados en el artículo 2º inciso 2º de esta reglamentación. No tiene tampoco competencia para intervenir en los delitos de acción privada”, a diario se presentan personas en la comisaría con el propósito de dejar constancia de hechos que no configuran delito, contravención ni falta administrativa, y por lo tanto no dan lugar a la intervención de la Policía. La diligencia a realizar en este caso se denomina comúnmente “Exposición”, y se materializa cuando un individuo concurre para poner de manifiesto un hecho que ha lesionado un derecho privado del mismo.”
Luego, si los actos molestos no cesan, será necesario acudir a la justicia.

El artículo 205 define como calumnia la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad. La injuria se define en el artículo 208 como la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación. Existe una diferencia fundamental en su punición: el artículo 207 establece que el acusado por delito de calumnia quedará exento de toda pena probando el hecho criminal que hubiere imputado.
Cabe destacar dos aspectos: para la persecución, tanto de la injuria como de la calumnia, es necesaria la presentación de querella por parte del agraviado, algo que se olvida demasiado a menudo. En segundo lugar, en la medida de lo posible, recomiendo que cuando se impute a alguien un delito a través de Internet, se aseguren de poder probarlo.
La calumnia y la injuria es el delito más repetido del Código Penal. Se encuentra en el apartado de Delitos contra el honor, pero también se encuentra recogido en los Delitos contra la Constitución. Se castigan con más dureza delitos de opinión como calumniar o injuriar a cualquier miembro de la Casa Real, al Gobierno de la Nación, al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Constitucional, al Tribunal Supremo, o al Consejo de Gobierno o al Tribunal Superior de Justicia de una Comunidad Autónoma, a los Ejércitos, Clases o Cuerpos y Fuerzas de Seguridad.
Un caso arquetípico de injurias a través de Internet se realiza a través de los foros públicos: se insulta, se suplanta la personalidad de otro, y en ocasiones se llegan a realizar ofertas sexuales poniéndolas en nombre de otra persona. El problema surge con personajes públicos sometidos a crítica: ¿sería delito de injurias una foto modificada -y coronada- del presidente del Gobierno?
Injuria: Consiste en la deshonra (afectación al honor subjetivo de una persona, es decir lo que ella cree de sí misma) o descrédito (afecta el honor objetivo; es decir lo que la gente piensa de ella). Hay que conocer que lo afirmado es falso.
Por ejemplo: decir en televisión que fulano engaña a su esposa con otra mujer.
El artículo 110 del Código Penal explica: -El que deshonrare o desacreditare a otro, será reprimido con multa de mil quinientos a noventa mil pesos o prisión de un mes a un año.


Después de todo, solo es cuestión de acudir al saber popular, que nos recomienda: “Más vale prevenir que curar”.
Olga Liliana Reinoso



Sitios consultados:
biblioweb.sindominio.net
Imagen: mundiario.com




































lunes, 22 de diciembre de 2014

BRINDIS

BRINDIS

El mundo es un espejo gigante que nos devuelve la absurda mueca que antes podíamos mentir como sonrisa.
Eso se terminó. Quizá fue una alucinación, un espejismo provocado por ese brindis traicionero que hicimos con el primer trago.
Mejor beber el vino lentamente, saborearlo despacio, imaginar las vides recargadas, los racimos violetas, la vendimia. Sentir en nuestra piel que somos el oscuro viñatero en medio de la álgida faena de recoger los frutos y luego, en una danza frenética, pisar las uvas, desentrañar su miel y su sustancia, exprimirles el jugo.
Y no olvidar, nunca olvidar que, tal vez, en el instante de levantar la copa, en otra parte del planeta, o a la vuelta de la esquina, una bomba mutila, un ser humano deja de vivir, un llanto hierve en la mirada triste de una mujer vejada, un niño muere de hambre.
No olvidar que el planeta va girando y quizá, en otro tiempo, cambiemos de lugar y no haya vino en nuestra copa ni un motivo feliz para brindar.
Y sobre todo, tener presente que nunca, nadie, brinda en soledad.
Es por eso que de nada sirve correr detrás de una ilusión tan parecida a aquellos espejitos de colores que iniciaron la historia de esta estafa.
A veces, cruzando la mañana, es bueno detenerse para reflexionar y pensar en cada uno de los actos inútiles que cometemos a diario: el malgastar del tiempo en apremios que no tienen que ver con los afectos; el creer que es más válida la voz del noticiero que la palabra de un hijo; o lavar los platos, corregir pruebas, ir al supermercado o al cajero, que sentarse a escuchar a quien tiene algo para decirnos.
Una tarde, al doblar una esquina, vi a un amigo entre los papeles de su oficina y pensé en las ganas que tenía de saludarlo. Pero no, el reloj me gritaba sus apuros y casi caigo en la trampa. Sin embargo, alguna hada buena se apiadó de mí y me hizo retroceder. Abracé a mi amigo, disfrutamos de vernos, nos auguramos buena suerte y llegué a tiempo para todo. Pero con un plus: la alegría del encuentro.
Esa debe ser nuestra brújula para no perdernos en la oscuridad del automatismo y la deshumanización. Para que en ninguna bocacalle nos sorprenda el vacío como una puñalada.
Estoy hablando de comunicarnos, de prestarnos atención, de que nos importe el otro, de no ser más “¿Yo? Argentino” ni lavarnos las manos con el jabón de la indiferencia.
Estoy hablando de recuperar lo humano, de mirarnos a los ojos, de no preguntar en vano sino por interés genuino, de no desentendernos.
No sea cosa de que cuando golpeen a nuestra puerta, ya sea tarde.
Festejémonos hoy. Brindemos con la alegría de ser argentinos. Reafirmemos la identidad contra la andanada de invasiones de todo tipo. Nuestra vida, en cualquier otro lugar del mundo, no sería igual. Nos faltaría la infancia, nada menos.
Por eso, brindemos por la dicha de estar juntos, pero brindemos con el último trago. El de la sensatez.




©Olga Liliana Reinoso

jueves, 23 de octubre de 2014

COHERENCIA

COHERENCIA

©Olga Liliana Reinoso

A costa de resultar reiterativa, voy a insistir con la idea de que los adultos somos los responsables de las acciones y reacciones de los jóvenes.
Es fácil echarles la culpa a los chicos y lavarnos las manos al mejor estilo Poncio Pilatos, sin analizar el entorno que los rodea y del que formamos parte, indefectiblemente.
De las tantas cosas que recuerdo de mi época de estudiante en el Colegio María Auxiliadora de Santa Rosa, hay una frase que me resulta motivadora en especial, sobre todo, por la vigencia que tiene y porque he podido comprobar, en forma fidedigna, su eficacia: LAS PALABRAS MUEVEN, EL EJEMPLO ARRASTRA.
De esto se trata, de educar con el ejemplo. Todo eso que no se dice pero que nuestros hijos ven, palpan, sienten, vivencian. Eso es lo que va formando sus cimientos, esa es la semilla que germinará más adelante en una mujer y un hombre de bien que tanta falta le hacen a nuestra quebrantada sociedad.
En lugar de ver la paja en el ojo ajeno, revisemos nuestros ojos. Al anochecer de cada día agitado de nuestras turbulentas vidas, tomemos un minuto para reflexionar si todo lo que hicimos durante esas veinticuatro horas se destaca por su coherencia, es decir, si no nos hemos traicionado, si realmente hubo coincidencia entre nuestro pensamiento, nuestra palabra y nuestra acción.
Tal vez nada de esto resulte redituable en términos económicos, pero nos garantiza tranquilidad de conciencia, valor que jamás podrá comprar una tarjeta de crédito. Y que tiene un plus maravilloso: nuestros hijos, nuestros alumnos, irán aprendiendo de esa conducta.
No hablo de no equivocarnos, no hablo de perfección, porque somos humanos. Hablo de honestidad con uno mismo, de respeto a los principios que proclamamos.
Es lamentable que borremos con el codo lo que escribimos con la mano, es peligroso que apliquemos la ley cuando se trata de los otros y en cambio, coimeemos al juez cuando está por dictar nuestra sentencia.
Si manejamos un doble discurso y levantamos ciertas banderas a la hora de juzgar a los demás, pero luego, tomamos sobredosis de perdón y excusas cuando la cosa nos afecta en forma personal... ¿somos farsantes? ¿Inmaduros? ¿Tenemos doble moral? ¿No nos damos cuenta de que con esa actitud habilitamos a los más jóvenes para el “todo vale”? ¿No entendemos que la sobreprotección los debilita y les crea falsas expectativas? Amar no es apañar, amar es proteger, no sobreproteger, amar no es ocultar ni negar, sino ayudar a enfrentarse con la verdad para ser cada día más fuertes, más valientes, más responsables.
Finalmente, creo que lo importante es responder con sinceridad a estas preguntas:
¿Queremos que nuestros hijos sean personas de bien o simplemente personas exitosas? ¿Queremos que ganen a cualquier precio o, solamente, si hicieron los méritos suficientes?
Las respuestas a estos interrogantes son los ladrillos que edificarán su futuro. Casa, casita, rancho, palacio o sepulcros blanqueados.

(Imagen: vistaallagointerior.wordpress.com) 

martes, 7 de octubre de 2014

TIERRA PROMETIDA O MI LUGAR EN EL MUNDO



©Olga Liliana Reinoso


Así como es importante encontrar el verdadero amor y la vocación genuina, también es fundamental hallar un lugar en el mundo. Un lugar al cual pertenecer, sentirse parte, aunque uno esté solo en un café mirando pasar la gente por la vereda. A ese lugar se le perdona todo. Los defectos, el vértigo, la locura, la indiferencia, la chatura. Porque en el fondo uno también es así, comparte esas características, tiene su misma piel.
Ama su olor y hasta  su mal olor, ama el rubor de sus atardeceres, la primera canción de la mañana; el frío o la llovizna lo llenan de placer.
Si todavía no se han encontrado con ese lugar síganlo buscando porque vale la pena.
Vale la pena el sentimiento y la emoción que ilumina y provoca temblores cuando se recorren sus calles, se ven florecer sus durazneros y se descubre, con la mirada en alto, una constelación que nos bautiza.
Busquen ese lugar. “No se queden inmóviles al borde del camino”, como dice Benedetti. No acepten resignados un destino fraguado por dioses fraudulentos.
Abran sus alas y vuelen buscando cielo y tierra y agua y fuego que les pertenezcan.
Cuando lo hagan, el corazón dará un brinco inusitado y entonces podrán reconocer la tierra prometida.
Seguro que está aquí, en Argentina. Acaso en otro barrio, o en otra provincia.
Pero ya van a ver que las mañanas tendrán un nuevo tornasol y aquellos pájaros sonarán con melodías soñadas, porque al fin habrán dado con la Meca.
Y si es así bastará con un pacto, con un secreto, con un beso a la luz de las estrellas.
No importa si uno se va o se queda. La suerte estará echada. Y podremos volar por todo el hemisferio, sin miedo a confundirnos. Porque habrá un sitio que nos espera. Una tierra que añoramos. Un lugar en el mundo que ansía nuestro regreso.

Eso debe ser la patria.

sábado, 27 de septiembre de 2014

LIBRERÍAS

Me gustan las librerías. Me encantan. Me quitan el aire.
Me gusta recorrerlas despacio, como acariciando un cuerpo amado y deseado.
 Nunca vi tan refinada mixtura entre lo sagrado y lo profano, un poco de templo y otro poco de albergue transitorio, como en las librerías.
 Entro con adoración y expectativa de placer.
Las librerías tienen un olor irrepetible, un silencio elocuente, un colorido entrañable y el misterio, sobre todo, el misterio.
No importa si los libros son nuevos, artesanales, usados, incunables.
La magia está en el aire, desde el foquito de luz macilenta o los tubos enceguecedores hasta el piso, el machimbre que se queja como un fueye, acompañando el tango abolerado de los pasos.
Si espío los ojos y las manos de los paseantes descubro  gula, misticismo, avidez, ternura, religiosidad.
Porque esos rincones son una invitación al viaje, al vuelo, a la imaginación intrépida.
Ando por los pasillos, inclinada sobre las mesas o empinándome frente a los anaqueles, leyendo títulos, nombres que  producen un cosquilleo y un temblor, devorando las contratapas en busca de la clave, de la cifra.
Y de pronto, elijo un nombre desconocido porque algo me llama, me convoca y porque cuando me sumerja entre esas páginas va a comenzar una aventura.
O busco ese nombre venerado que viene con garantía de éxtasis o voladura de sesos.
Nunca salgo con las manos vacías. Siempre salgo con el corazón en vilo.


jueves, 22 de mayo de 2014

CADA VEZ

Cada vez que un ciudadano dice: "Roba, pero hace", se convierte inmediatamente en cómplice de la corrupción.

Cada vez que un mentiroso consuetudinario vinculado con algún tipo de poder, ante cualquier acusación en su contra, amenaza con dirimir las cosas ante la justicia, sería muy relevante recordarle que la justicia no actúa libremente, que uno de los grandes pilares de la democracia que es la división de poderes ha sido y es violado sistemáticamente.

Cada vez que escucho que nuestro país es uno de los más corruptos del mundo, recuerdo una frase muy lúcida que expresaba: "Lo peor de la Argentina no es la corrupción, sino la impunidad".

Cada vez que un fiscal se pone a investigar sin prejuicio de quién es el investigado y termina siendo el sospechoso, volvemos a ser "el mundo del revés".

Cada vez que un testigo debe exiliarse por temor a ser un desaparecido, estamos entrando en el túnel del tiempo que desemboca en los años setenta.

Cada vez que un argentino opositor al gobierno solamente se encarga de señalar los defectos, pero no tiene o no quiere tener las agallas de reconocer las cosas buenas, está boicoteando al país.

Cada vez que un simpatizante del gobierno, aprueba todo, pero todo, todo, pienso que así como no todo es denostar, tampoco todo es aplaudir.

Cada vez que "los defensores a ultranza", ven un enemigo en el que critica u opina diferente, siento que hemos perdido el rumbo.

Cada vez que acontece una muerte evitable, siento que seguimos involucionando.

Cada vez que pienso en mi país, las cuentas no me cierran.

Cada vez que escucho que alguien se jacta de ser "apolítico", me acuerdo del "Analfabeto político" de Bertold Brech.

Cada vez que quiero poner punto final, me doy cuenta de que tendré que escribir una segunda, tercera, cuarta parte.

Cada vez que me preguntan mi nacionalidad, no puedo evitar sentirme orgullosa de ser argentina.

Cada vez que reniego por las cosas que pasan y las que no pasan, me digo "pese a todo".

Olga Liliana Reinoso

jueves, 13 de marzo de 2014

DIME DE QUÉ ALARDEAS

La soberbia no es, en lo más mínimo, un síntoma de grandeza.
En los jóvenes, es síntoma de ignorancia; y en los viejos, de decadencia.
Como dice un sabio refrán “dime de qué alardeas y te diré de qué careces”. Seguramente, quienes se pavonean de ser los dueños de la verdad, sólo se refieren a su minúscula y mezquina verdad.

No siempre luchar por un objetivo implica nobleza, cuando el propósito que se persigue es, simplemente, la reivindicación de un interés particular y fragmentado.

Para que la lucha ennoblezca y dignifique, sería bueno tener claro, en primer lugar, contra qué se lucha. Porque solemos enredarnos en parcialidades que solo favorecen al verdadero enemigo, a quien nuestra necedad termina beneficiando.

Esa actitud, ese posicionamiento, dista mucho de ser inteligente, ergo, quienes así actúan no son tan inteligentes como pretenden mostrar.

La mezquindad, el egoísmo, la falta de solidaridad, son malas compañías, nada recomendables para las grandes empresas humanas.
Además, cuando uno está realmente seguro de su capacidad y de su talento, puede hacer frente a todos los contratiempos, porque tiene con qué.

Si necesitamos opacar a otros para brillar, algo malo está sucediendo.
Si necesitamos pavonearnos a los cuatro vientos diciendo lo buenos que somos, no lo seremos tanto.
La verdadera justicia no sabe de grupúsculos o elite. Es generosa, es amplia, contempla a todos los sectores.
Es cierto que los argentinos no tenemos experiencia –buena experiencia- en este sentido, pero si nos pasamos la vida reclamando justicia, no seamos injustos. Porque eso es, como mínimo, una grave contradicción. Y la soberbia, además de pecado capital, es un acto de injusticia.

 Si cada sector se considera el dueño del saber y la verdad, eso ya es una gran mentira.
Y es hora de acabar con la horrible generalización. No seamos tan cómodos ni tan simplistas. No todos los piqueteros son violentos, ni todos los políticos son corruptos, ni todos los empleados públicos son “Ñoquis”, ni todos los maestros trabajan solamente cuatro horas, ni todos los peronistas, ni todos los radicales, ni todos los abogados, ni todos los universitarios, ni todos los porteños, ni todos los pampeanos o los mendocinos, o los cordobeses... y así podríamos seguir por horas. Lo único más o menos cierto es que hay buena gente en todos lados y que también hay gente mala en todos lados y lo que es aún más importante, todos somos un poco buenos, un poco malos, o al menos, tenemos defectos y virtudes. Pero nadie es perfecto. Y si alguien lo fuera que se anime y tire la primera piedra.  Aunque tal vez corra el riesgo de que le pase lo que cuenta Mario Benedetti en “Avicultura”:

Yo soy el pájaro, dijo un pájaro
hasta que el gato lo cazó al vuelo
y lo exhibió como un trofeo.

Yo soy un pájaro, rectificó el pájaro
pero a esta altura la humildad
no le sirvió de nada.
Olga Liliana Reinoso

CONFESIONES ACALLADAS



©Olga Liliana Reinoso

¿Sabés por qué me río de lo que decís?
Porque así disimulo mi ignorancia.
¿Sabés por qué critico?
Porque tengo que canalizar la envidia que me corroe cuando veo que otros se destacan “per se” y yo sigo en el anonimato.
¿Sabés por qué hago comentarios ácidos?
Porque pretendo barnizar con ironía lo que es simplemente maldad.
¿Sabés por qué desacredito a los demás?
Porque no estoy a su altura, pero no puedo asumirlo.
¿Sabés por qué borro con el codo lo que escribo con la mano?
Porque soy un farsante y, además, un cobarde.
¿Sabés por qué te desprecio y te ignoro?
Porque eso me da aires de superioridad. Y también porque soy mezquino y egoísta.
¿Sabés por qué te boicoteo?
Porque soy mediocre y no quiero que te luzcas.
¿Sabés por qué te mato? - dijo la serpiente a la luciérnaga - porque no puedo soportar tu brillo.
Si tuviéramos un detector de verdades, éstas serían algunas de las verdades que podríamos descubrir.
Y muchos hallarían en estas respuestas, la explicación a tantas actitudes dañinas, a tanto obstáculo, a tantos palos en la rueda.
Pero la hipocresía que todo lo recubre, sumada a la negación de los defectos propios y al agigantamiento de los ajenos, hace que este proceso saludable nunca se concrete.
Y así se continúa por la vida: mintiendo a destajo y, lo que es peor: mintiéndose a sí mismo.
Habría que investigar:
  • ¿Qué debilidad acusa el que se burla de los otros y hace de ese gesto su mayor diversión?
    • ¡Qué poquita cosa es quien necesita agrandar los errores ajenos para disminuir los propios!
    • ¿Qué deuda no saldó?
    • ¿Quién le impidió encontrar su verdadero camino?
    • ¿Quién le hizo creer que, si mancilla a los demás, podrá lavar su alma percudida?
    • Que nadie imagine que las virtudes quitadas a otro pasan a engrosar su propio bagaje.
Dice un texto, cuya autoría se atribuye a Baltasar Gracián:
“Triste cosa es no tener amigos. Pero más triste debe ser no tener enemigos. Porque quien enemigos no tiene, señal es que no tiene talento que le haga sombra, ni carácter que le abulte, ni valor que le teman, ni honor que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa alguna que le envidien.”
¿Será verdad?  o ¿Será justicia?

lunes, 10 de marzo de 2014

¿Y DÓNDE ESTÁ EL SABER?

¿Y DÓNDE ESTÁ EL SABER?

Ay, qué insoportables resultan esas personas que creen que se las saben todas, que están más allá del bien y del mal y que para ellos no hay nada nuevo bajo el sol. Esos que nos miran por encima del hombro, sonriendo socarronamente, en lo posible “de coté” y nos refriegan nuestra humana ignorancia que a lo mejor no es tal, sino la simple verdad de asumir que todos los días se aprende algo nuevo.
Son los anacrónicos sabihondos con tufillo a intolerancia y a soberbia.
Me viene a la memoria aquel principio del derecho romano: “in dubio por reo” o el beneficio de la duda.
Y en esta plácida tarde otoñal se me ocurre extender esa duda a nuestros conocimientos, a nuestra cosmovisión, a nuestra manera de plantarnos frente a este mundo cambiante y multifacético. Maravillosa duda que “abre la puerta para ir a aprender” nuevos saberes, nuevas posibilidades a las verdades ya establecidas.
Hasta mejora la ortografía. Cuando uno duda si se escribe con v o con b, con s o con c, ya va por buen camino.
Si estos molestos y desagradables sujetos saben todo, qué poquito es todo y qué vida carente de expectativas y de sorpresas.
Lo que no saben estos que tanto saben es que la pérdida de la capacidad de asombro deshumaniza, cierra las puertas del encuentro con las vivencias del otro, que tanto pueden enriquecernos.
Con generosidad, y porque nos encanta compartir lo poquito que sabemos, les vamos a contar a los dueños de la verdad que aceptar con alegría que cada día podemos aprender algo nuevo, es hacerle trampas a la muerte. Es decirle a esa inevitable señora que todavía no es la hora, que aún queda mucho camino por recorrer.
Resulta patético que frente a la evolución constante de la tecnología, a los avances de la ciencia, a los continuos descubrimientos, alguien tenga el tupé de pregonar que ya nadie tiene nada para enseñarle. Hasta la persona más insospechada puede regalarnos una historia o una sensación inusitada. Pero es preciso tener la mente y el corazón, dispuestos.Y aumentar nuestras raciones de humildad, día tras día.
Ayer, o anteayer, escuché una frase de Chejov: “los seres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar”. Como siempre que descubro que alguien a quien admiro tiene un pensamiento similar al mío, aplaudí alborozada. Pero a los pocos segundos una pregunta incisiva me hizo sonrojar:
-          Y vos, ¿de qué vivías?
Pero no es lo mismo, me perdoné. Porque uno puede ser docente y no sentirse el dueño de la verdad. Es más, creo que es justo y necesario aceptar las enormes limitaciones que tenemos por el simple hecho de ser   humanos y falibles. Y que si todos pensamos “Yo soy el mejor” es muy probable que los fracasos sean siempre culpa del otro. Por lo tanto, pateamos la pelota afuera. Entonces, el partido se detiene y nadie, pero nadie, sale ganando.

©Olga Liliana Reinoso

domingo, 9 de febrero de 2014

EL AMOR DE MI VIDA

Yo también, como tantos otros, tengo “Un amor de mi vida” que, por supuesto, no está conmigo. Y no lo digo con sorna, sino con la convicción de que siempre idealizamos lo que no tenemos.
“No hay nada más bello que lo nunca he tenido, nada más amado que lo perdí (…) (Lucía – Joan Manuel Serrat).
En los años de su manifiesto antiperonismo, Borges recibía llamadas anónimas con amenazas de muerte, hasta que un día exhortó a su interlocutor: “Véngase a la calle Maipú y toque el timbre. Casi siempre atiendo yo la puerta. Pégueme un tiro. Se lo voy a agradecer. Morir joven es un pasaporte a la gloria y sino fíjese en Lugones, Gardel, Quiroga.” Yo agregaría, Evita, Che Guevara…
¿Pensaron alguna vez que sería de nuestros grandes mitos si hubieran muerto a los 88 años?
Así pasa con el amor de nuestras vidas que, lejos de envejecer a nuestro lado nos abandonó porque se casó con otra/o, o porque se murió.
Entonces, nadie estará a su altura, siempre superará las expectativas y sus virtudes tendrán efecto de soda cáustica sobre sus nimios defectos.
Tristemente, son muy pocos los que conviven –Honesta y sinceramente- hasta el final con “el amor de sus vidas”.
Generalmente, uno se conforma con alguien no demasiado malo, imperfecto pero mentalmente casi sano, de luces intelectuales de bajo consumo, con el absurdo consuelo de haber vivido ya el gran amor y misión cumplida.
O se queda sola,  porque jamás encontrará a alguien que esté a su altura.
Mentiras impiadosas. Paparruchadas.
Ni hubo tal amor perfecto, ni nos volvimos tan selectivos.
Lo cierto es que lloramos, nos sentimos frustrados, usamos parches horribles, hasta que un día, por instinto de supervivencia, hicimos las paces con la soledad. Y hoy nos llevamos de rechupete.
Pero sin negar que somos sobrevivientes del desamor y que nos hubiera encantado encontrar una buena compañera/o, un amor común y silvestre, con quien compartir este duro oficio de vivir que, a veces, se torna insoportable.

©Olga Liliana Reinoso

Domingo 9 de febrero de 2014

jueves, 7 de noviembre de 2013

FARSANTES



La tira comenzó en forma altamente prometedora y, a medida que avanzaba, la calidad iba “in crescendo”, conjuntamente con el entusiasmo de los espectadores que, muy pronto, fue convirtiéndose en devoción y hasta en fanatismo.
Para muchos –me incluyo- jamás una ficción televisiva se había metido tan dentro del corazón como para alegrar o arruinar el día o los días de nuestras vidas.
La feliz idea de jugarse con un tema que hasta hace muy poco era tabú u objeto de las burlas más siniestras, cayó realmente bien en los miles de receptores de mente abierta y corazón sensible que esperaban con verdadera ansiedad cada capítulo de lunes a jueves.
Como una broma macabra, cuando ya estábamos totalmente cooptados por la magia irrepetible de ese amor genuino, respetuoso, puro e imparable entre Guillermo Y Pedro/Pedro y Guillermo, una andanada de misiles inoportunos, absurdos, de mal gusto, comenzaron a hacer tambalear la estructura de Farsantes, para rematarnos con el balazo a quemarropa de la muerte de Pedro.
No sirven las excusas. Nosotros, como cierta “tía”, ya hemos gastado muchos tacos y sabemos en forma fidedigna de qué manera pueden manipularse los contenidos de una ficción. El hecho de que el adorable Benjamín Vicuña se haya tenido que volver a Chile por compromisos ya pautados no es obstáculo alguno para que un vertiginoso cruce de los Andes les permitiera grabar ese final feliz que reclamamos a gritos.
Lo eliminaron porque quisieron, porque, según palabras de alguno de los responsables, no tienen por qué hacer lo que pide el televidente. Pero yo creo que sí, al menos por dos razones: 1) el rating se lo damos nosotros; 2) la televisión es entretenimiento, no causal de depresión ni incitación al suicidio.
Me parece que la soberbia y el abuso de poder con que han manejado esta cuestión, flaco favor les hace.
Para colmo, quienes leemos entre líneas, vemos asomar claramente la horrible cola del monstruo homofóbico con su inquisidor mensaje subliminal: los amores homosexuales terminan mal y todo homosexual es promiscuo (por eso, en lugar de permitirle hacer un duelo veraz y digno, ya le endilgan a Guillermo un nuevo escarceo amoroso).
Lo cierto es que estamos indignados, frustrados, estafados. Hasta me animo a decir que el título de Farsantes no alude al contenido de la tira.
Aplaudo de pie a los señores actores Julio Chávez y Benjamín Vicuña. Y también al resto del elenco que han sabido sostener la barca en medio del naufragio.
Bajo el pulgar, con bronca y con dolor, a quienes de una –inicialmente- obra de arte, hicieron basura para botar (como dicen en Chile, Vicuñita).
Desconsoladamente.

Olga Liliana Reinoso

General Pico, La Pampa

miércoles, 11 de julio de 2012

FIESTA CÍVICA


FIESTA CÍVICA


            El lunes fue 9 de julio, Día de la Independencia. A mí esas fechas todavía me movilizan el corazón. Quizá sea un síntoma de vejez, quizá sea sensiblería, pero no me dejan indiferente.
            No es extraño escuchar en las charlas de muchos nostálgicos como yo que las cosas ya no son como antes. Y empezamos a buscar razones que solamente nos dejan un sabor amargo.
También escuchamos, en otros ámbitos, que los jóvenes son la esperanza y son el futuro. Frase remanida y vacía si en la práctica nos olvidamos de tenerlos en cuenta.
Por eso, como tengo la suerte de estar en contacto permanente con ellos, decidí escucharlos sin hipotetizar.
Armé una consulta popular de “entrecasa” y les propuse reflexionar acerca de su condición de argentinos. Una vez más me sorprendieron y me emocionaron. Y como estoy convencida de que lo que dicen es muy importante quiero compartirlo para que mucha gente sepa lo que dice “el futuro” y empiece  a tenerlo en cuenta con total respeto.
Estas son algunas de las opiniones:
Ø  En caso de irme extrañaría mi infancia, mi familia, mis amigos…
Ø  Ojalá nunca tenga que irme. Si me fuera extrañaría tantas cosas… cosas sencillas como el mate, el dulce de leche, los amigos, la vida nocturna, la música, la cultura de mi pueblo, el asado de los domingos en familia, cosas cotidianas que tal vez no valoro lo suficiente. Argentina es un país maravilloso, mal gobernado…Estoy orgulloso de ser argentino, de agrandarme cuando chateo con algún mexicano o español y decirle que tenemos al Diego, los cuatro climas, cosas así…
Ø  La Argentina, mi patria, es el lugar sagrado donde nací, donde pasaron cosas peligrosas, donde los vampiros succionaron su sangre hasta acabar con sus riquezas. Sería bueno cambiar eso de que los ricos tienen el  poder y los pobres viven una vida de mierda, en miseria y ruina total…
Ø  Cuando canto el Himno Nacional siento que el mundo es todo mío.
Ø  Me gustan los hermosos paisajes y la gente solidaria de mi país. No me gustan las mentiras, las cargadas, los que dicen que Argentina es un país tonto…
Ø  Muy pocas veces me siento avergonzado de ser argentino.
Ø  Que no hablen mal de nosotros porque no saben lo lindo que es ser argentino.
Ø  Haber nacido en otro país, para mí sería el olvido. Aquí tengo mis costumbres, mis gustos y mi vida.
Ø  Patria es la palabra que nos ayuda a sacar nuestra fuerza interior.
Ø  Más allá de la viole4ncia y el temor, tenemos que ser bien patriotas y si alguna vez nos vamos, debemos recordar con mucho fervor.
Ø  No me gusta que nos peleemos entre argentinos.
Ø  No es lo mismo si escuchás el Himno en un mundial que estar cantándolo con todos los corazones argentinos.
Ø  Cómo me gustaría que la Argentina fuera un paraíso: que no haya robos, violaciones, asesinatos, discriminación, que la gente sea más buena.
Ø  En Argentina no se respetan las leyes.
Ø  Lástima que algunas personas no sepan valorar la bandera flameando en el cielo azul y en el sol radiante.
Ø  Si me tuviera que ir dejaría mis esperanzas, mi orgullo, mi felicidad.

¿Qué me cuentan? No más preguntas para mí, Señor Juez.

©Olga Liliana Reinoso