lunes, 19 de mayo de 2014

Macedonia

Macedonia
¡Malditos sean la Biblia, el marketing y las horribles construcciones culturales!
¿Qué pasa con la libertad, qué pasa con mi cuerpo? ¿Siempre estaré encadenada a lo que quieran los otros? Y yo qué.
No quiero parir hijos con dolor, no quiero cambiar pañales, ni dar la teta, ni pasarme noches sin dormir, no quiero ser “pobre mi madre querida”. ¡Fuck you!
Quiero fornicar tranquila, sin temor a perder la regla porque un espermatozoide degenerado tenga la mala leche de fecundar mi óvulo falopeado.
¿A quién carajo se le ocurrió que las mujeres teníamos que quedar preñadas para cumplir con el “creced y multiplicaos”?
¿Alguien tiene dudas de que Dios es hombre?
Pero no van a poder conmigo, voy a zafar, voy a volver a ser libre, voy a poder follar con él como una gata en celo y que no vuelvan a llenarme el bombo.
¿Qué dónde fueron a parar mis instintos maternales, que la vida de una mujer no está completa si no tiene un crío? ¡Patrañas! ¡Perversa confabulación de la sinarquía patriarcal! 
Porque nos tienen miedo y así creen que nos van a tener atadas, sometidas. ¡Si se pudren! A mí nadie me encadena y menos una cría parlanchina que no para de preguntar, preguntar y preguntar. Y mirarme con esos ojos, por Dios, ¡esos ojos!
Cuando cerró la puerta del orfanato, una sensación de libertad la elevó en sus brazos como una alfombra mágica. Y así, tragándose el aire nuevo a borbotones, se deslizó hacia la calle en busca del tesoro. La esperaba una vida sin ataduras, puro placer, pura aventura. Se sintió liviana, joven, bella, deseable. Un ardor en la entrepierna le recordó que estaba viva y dispuesta.
Esa esclava liberta dirigió sus pasos al encuentro del amor de un hombre, de su brutalidad, de su sexo salvaje, de las noches perdidas en las garras de la droga y el alcohol.
Se dirigió a su puerta con el corazón desbordante. Nadie abrió. Silencio sepulcral.
Caminó rumbo a las vías y bajó por el terreno pedregoso hasta hallar un rincón húmedo y profundo bajo un puente. El vacío la avorazó. Comenzó a subsumirse, la mujer liberta devino en desterrada, desamparada, paria, huérfana, criminal.
Los ojos de su hija la rodeaban, la taladraban, no le daban sosiego.
Olga Liliana Reinoso
Felicitamos a la escritora Olga Reinoso, autora de “Macedonia”, el texto ganador de la convocatoria Historias para contar Historias. 


viernes, 16 de mayo de 2014

AMAMANTANDO


Para Belema, que ahora son Belén y Ema.

Los ojos en los ojos
la ternura
la simbiosis de amor
el gran abrazo.
¿Qué cruza por la mente
de esa carne rosada
jirón del vientre amado de mi hija?
¿Qué piensa la madre debutante
cuando mira y sostiene
con obsesión de orfebre
la joya más valiosa parida por sus manos?
La boquita succiona
ese pezón de luces
mientras bebe la vida
y saborea el afecto.
Aprehende sus genes
y se siente elegida
en el nido caliente
que cobija su trino.
El milagro mil veces repetido
es estreno en esa entrega.
Yo soy la espectadora
-privilegio de abuela:
mi corazón recuerda
y resucita.
©Olga Liliana Reinoso


domingo, 11 de mayo de 2014

amnesia

AMNESIA

Obnubilarse
perder la memoria
olvidar
olvidar
olvidar
perseguir utopías
llenar huecos
emparchar los agujeros
creer que todo ha sido
como una horrible pesadilla
que se estrella en el piso
cuando se abren los ojos.
Ver sin mirar
oír sin escuchar.
Ser otro
en otra piel
en otro cuerpo
en otra mente.
Desgajarse
entrar de nuevo al útero
navegar en el líquido tibio
naufragar
arribar a la isla
tomarse examen
no engañarse jamás
dejarse ir
flotar
olvidar
olvidar

olvidar.

Oscuridad

Avanza la noche
como una ruta legendaria
que no sabemos dónde va
ni si termina alguna vez.
La sensación de eternidad nocturna
desaparece con la luz
pero regresa como un acosador
en el paracaídas del ocaso.
Cuando la vigilia
entra en caos
y avanza a oscuras
para contradecir el orden
algo de lo normal se va muriendo
algo anda mal

y es necesario descubrirlo.

lunes, 28 de abril de 2014

poema

POEMA
Tan nítido y azul como una estrella
como un beso en la boca adolescente
gala nupcial de la palabra honrada
más inmortal que dar a luz un hijo.
Entretejida hiedra en mis entrañas
virus vital de sangre oxigenada
húmedo amanecer de días plenos
violeta orgasmo en la pasión del alma
donde esculpí la arcilla sensitiva
caricia prenatal, manos etéreas
voz inconsciente, amniótico placer.
A veces te escabulles o te afeas
para nevar de horror mis sensaciones.
Yo te vi muerto y asistí al entierro
mi llanto se hizo flor sobre la tumba
estrené mi viudez de invierno y luto
y del negro satén, aciago río
te vi salir espléndido y sonoro.
Hasta que comprendí nuestra simbiosis
hasta que degusté tu sol maduro
y supe que te estaba destinada
más allá de crepúsculos y auroras.
No me abandones al azar nefasto
del analfabetismo despiadado
dame tu sed de luz, tu encrucijada
tu refinada gula de belleza
tu aguardiente voraz a trago lento
tu musical aroma, tu espesura.
Dame la sed, el apetito insano
tu endemoniada fibra de titanes
tu estructura embriagada de jazmines
orgía / bacanal / poemaamado.

©Olga Liliana Reinoso

domingo, 27 de abril de 2014

VERONA



No hay balcones en Monserrat Anexo.
Pero los días de lluvia el barro enjabona las calles de tierra y lastima, indiferente, las zapatillas sin marca de los pibes que van al Ipem 338.
Lastima como el estigma de la pobreza que cargan en la mochila desgastada.
El Ipem es una tregua para los de El Pueblito y los de Ramal del Sur. Afuera, los jóvenes siguen muriendo, asolados por las drogas y las armas en ese enfrentamiento irracional de los dos bandos.
Enfrentadas también están las divisiones A y B de tercer año, galería por medio. Eugenio va a tercero A y Carolina es la mejor alumna de tercero B.
Pero ellos se quieren. Cuando toca el timbre del recreo se encuentran en la galería y tomados de la mano van a refugiarse debajo del algarrobo añoso que los cobija de las pedradas y los insultos. Allí florecen las azucenas de sus besos tímidos.
El ojo izquierdo de Eugenio está enlutado.
Ante la mirada interrogativa de Carolina, él se encoge de hombros y musita un: “Ya sabés”.
Con la pena asfixiada vuelven al aula y se quedan en vilo hasta el próximo timbre.
Viven a cinco cuadras, pero en ese estrecho margen se dibuja la línea divisoria entre el Pueblito y el Ramal. Y es bien sabido que quien se atreve a pisarla pone en riesgo su vida.
Eugenio sabe y se arriesga. Con sus dieciséis años ellos hace dos que se aman y se esconden.
Piensan en irse, en huir hacia donde nadie los conozca y no sean portadores de apellido ni de barrio.
Pero la rotunda verdad de la matemática los descorazona. Sus monedas y billetes de dos pesos son estériles. Ni para el bondi al centro.
Claro que su amor y su juventud son botas de siete leguas. Pero Carolina está a cargo de sus hermanitos y Eugenio no puede arrancarse el aguijón de lágrimas que su madre le clava llorando la muerte de dos hijos que luchaban en la pandilla.
Los domingos, en la iglesia, encuentran algo de paz. Es que además de rezar, el cura los deja quedarse en la sacristía para que charlen tranquilos.
A veces, se pelean por Belgrano y Talleres. Pero enseguida, un abrazo borra la diferencia y estallan en carcajadas. Tal vez, el único momento de la semana en que el gorjeo de sus risas se deja oír.
La muerte reina en Monserrat. Carolina y Eugenio se aman.

©Olga Liliana Reinoso