lunes, 3 de noviembre de 2014

RISA

RISA

Sobre la urdimbre de la noche
sobre el cadáver de la luna llena
sobre todos mis sueños mal paridos
río, me río, lloro a carcajadas.
Sobre los fetos de mis ilusiones
con estrépito río, con escándalo,
para sacarle la careta a los farsantes,
para que se persignen los hipócritas.

Como la mar que brama
como el viento
como un sobreviviente
de ciudades mortales.
Río, me río, lloro, me deshago.

Porque el dolor es una anécdota
y su alfiler erecto me penetra,
por los abrazos que me abrieron
una autopista desde el dedo gordo
al beso.
Río, me río, broto a carcajadas.

En el ombligo de mi muerte
en las pestañas de la vida
río, rujo, me desgañito, callo.
Y me voy, río abajo
riendo, sonriendo,
como un sol, como un gato, como una dentadura
lluevo, me río, gozo
y mientras río
conservo la esperanza.   


domingo, 26 de octubre de 2014

ENCONO

Por qué con tanto encono
me dijiste
“ya no te quiero más”
y desde entonces
urdiste telarañas en mi pelo.
¿Creés que tiemblo?
Yo no le tengo miedo al desamor:
soy una adicta.
©Olga Liliana Reinoso
(imagen: WEHEARTIT COM)

jueves, 23 de octubre de 2014

COHERENCIA

COHERENCIA

©Olga Liliana Reinoso

A costa de resultar reiterativa, voy a insistir con la idea de que los adultos somos los responsables de las acciones y reacciones de los jóvenes.
Es fácil echarles la culpa a los chicos y lavarnos las manos al mejor estilo Poncio Pilatos, sin analizar el entorno que los rodea y del que formamos parte, indefectiblemente.
De las tantas cosas que recuerdo de mi época de estudiante en el Colegio María Auxiliadora de Santa Rosa, hay una frase que me resulta motivadora en especial, sobre todo, por la vigencia que tiene y porque he podido comprobar, en forma fidedigna, su eficacia: LAS PALABRAS MUEVEN, EL EJEMPLO ARRASTRA.
De esto se trata, de educar con el ejemplo. Todo eso que no se dice pero que nuestros hijos ven, palpan, sienten, vivencian. Eso es lo que va formando sus cimientos, esa es la semilla que germinará más adelante en una mujer y un hombre de bien que tanta falta le hacen a nuestra quebrantada sociedad.
En lugar de ver la paja en el ojo ajeno, revisemos nuestros ojos. Al anochecer de cada día agitado de nuestras turbulentas vidas, tomemos un minuto para reflexionar si todo lo que hicimos durante esas veinticuatro horas se destaca por su coherencia, es decir, si no nos hemos traicionado, si realmente hubo coincidencia entre nuestro pensamiento, nuestra palabra y nuestra acción.
Tal vez nada de esto resulte redituable en términos económicos, pero nos garantiza tranquilidad de conciencia, valor que jamás podrá comprar una tarjeta de crédito. Y que tiene un plus maravilloso: nuestros hijos, nuestros alumnos, irán aprendiendo de esa conducta.
No hablo de no equivocarnos, no hablo de perfección, porque somos humanos. Hablo de honestidad con uno mismo, de respeto a los principios que proclamamos.
Es lamentable que borremos con el codo lo que escribimos con la mano, es peligroso que apliquemos la ley cuando se trata de los otros y en cambio, coimeemos al juez cuando está por dictar nuestra sentencia.
Si manejamos un doble discurso y levantamos ciertas banderas a la hora de juzgar a los demás, pero luego, tomamos sobredosis de perdón y excusas cuando la cosa nos afecta en forma personal... ¿somos farsantes? ¿Inmaduros? ¿Tenemos doble moral? ¿No nos damos cuenta de que con esa actitud habilitamos a los más jóvenes para el “todo vale”? ¿No entendemos que la sobreprotección los debilita y les crea falsas expectativas? Amar no es apañar, amar es proteger, no sobreproteger, amar no es ocultar ni negar, sino ayudar a enfrentarse con la verdad para ser cada día más fuertes, más valientes, más responsables.
Finalmente, creo que lo importante es responder con sinceridad a estas preguntas:
¿Queremos que nuestros hijos sean personas de bien o simplemente personas exitosas? ¿Queremos que ganen a cualquier precio o, solamente, si hicieron los méritos suficientes?
Las respuestas a estos interrogantes son los ladrillos que edificarán su futuro. Casa, casita, rancho, palacio o sepulcros blanqueados.

(Imagen: vistaallagointerior.wordpress.com) 

miércoles, 22 de octubre de 2014

LUCHADORA

Mendiga de respuestas, no hay limosna que baste
porque en el diccionario de tu lengua materna
lincharon las palabras, esas, tan necesarias
las que entibiaban siempre los huecos de tu alma.
Sin voz, sin cuerpo, inútil, con las manos sangrantes
emites tu silencio como un burdo reclamo
elevas tu mirada, ruegas, pides clemencia,
pero  la luna sola te devuelve un harapo.
 Tu corazón maltrecho vaga manando sales
madre que nutre, savia, cuenco de amor eterno
tus besos al rescoldo cuecen días y noches
tiempo amorfo que pasa como un viento fantasma.
Buscas –como un sabueso- las causas del derrumbe
sostienes con tu angustia los muros derruidos
como un río furioso va tu sangre a los mares
y encabritada vuelve, oleaje de querer.
Con tu breve estatura te agigantas de amores          (Imagen: www.8300.com.ar)
para abrigar al fruto de tu vientre, mujer.
Sola por el desierto, enredada en la selva
devorada por fauces que envidian tu dolor
repudiada, en la hoguera o en una celda oscura
tus múltiples mujeres se yerguen frente al miedo.
No se dan por vencidas, no pierden dignidad.
Lloran sin decibeles en la almohada secreta
urden desesperados gestos de salvación
recogen la basura, la incineran, la esfuman
purificando el aire que van a apacentar.
Diosa de la Miseria, amazona  galáctica
blandes daga impoluta para arrancar los males
con una sobredosis de versos y cantares
preparas el brebaje de la liberación.
Descansa. Yo acaricio tu frente desquiciada
te regreso hasta el útero de tu confianza atroz
y allí pares palabras como pájaros libres
que gorjean respuestas para firmar la paz.
©Olga Liliana Reinoso


JANO

Es un signo fetal
analfabeto
sabedor del dolor.
Y socavones.
Curioso del susurro
y la estampida.
Buscador milenario
de la cifra
de la clave de sol
y la guadaña.
Orgullo prenatal
póstuma gloria
de la semilla impávida
y la lluvia.
Manos con ojos
boca que no cesa
mascullador
en la silente hora.
Minero de algas
primer adelantado
fuego en el fuego
que insemina el frío.
Delator de la vida y de la muerte
cantor de las cavernas
cibernético.
Tobogán a la nada.
Completud.


©Olga Liliana Reinoso


(Imagen: labitacorademaneco.blogspot.com)

martes, 21 de octubre de 2014

VELAR POR EL FUEGO



Alrededor de la fogata, iluminada a tientas por su luz esquiva, me siento la primera mujer del Universo.
Las manos aún me arden de frotar las piedras y retengo en mi latido la emoción virginal ante el sobresalto de la primera chispa.
Su calor me protege y me defiende.
Pero entre las sombras tartamudas del ocaso, los fantasmas del miedo se agazapan y se van mimetizando con la noche.
           Por eso lanzo al epicentro visceral de la llama todos los ornamentos combustibles que su lengua voraz atrapa en el ritual de la metamorfosis.
Debo cuidar el fuego.
Soy la sacerdotisa de una tribu diezmada y tengo que preservar el calor y la luz porque en ellos se ocultan las viejas tradiciones, los secretos de mi raza y el ondular de las palabras.
Los defenderé hasta con mi vida.
Aunque todo este ceremonial no sea nada más que un amuleto para alejar la muerte.
Mientras el fuego resista, la vida permanecerá.
Las cenizas son nuestra decrepitud y el viento del olvido puede desparramarlas hasta extinguirlas, hasta borrarlas del planeta.
Danzaré hasta parir el día.
Una por una, ofrendaré mis faldas policromas al incendio brutal de la vigilia.
Pero en la parca canción de la noche crecen animales mitológicos y voces desusadas.
Me convierto en un leve crespón que repta al crepitar en las cavernas del horror que implica ser tan mínimo y saberlo.
Esta criatura que se inmola para avivar el fuego de la transparencia y de la eternidad sufre su finitud en una agonía inmortal. La soledad terrena es mucho más pavorosa que el descenso a los infiernos.
A pesar de que se trata de un equívoco generado por la ignorancia y la soberbia de creerse tan única e irrepetible que se consume con el otro fuego. Y no distingue la verdad, no puede ver la multitud que restalla en las brasas.
Sólo un instante priva la sensatez en mi cerebro y vislumbro que allí, en la sangre ígnea sobrevive la humanidad hecha puñado de sol nocturno.
Por eso abrazo el fuego que me abrasa y me convierto en una melodía inextinguible.
Soy el fuego y me expando sobre las carreteras, en la herida letal del horizonte, o en el diente de oro del lucero.
Nadie detiene mi bocanada arrasadora.
Ardo, crepito, incendio, quemo, calcino. Doy a luz, doy calor, doy vida eterna.
Soy mi dueña y mi esclava. Soy la voz de anteriores generaciones.
Soy el fuego.


 (Imagen: rubensada.blogspot.com)

lunes, 20 de octubre de 2014

DOBLE



Yo no sé entre qué llamas se incendiaron mis ojos
hasta la última brasa.
Yo no sé si hubo fuego.
Pero sé que una hoguera de silencio
me marchitó el aliento.

Yo no sé en qué tumulto me perdí aquella noche
agrietada de olvido
para no volver nunca.

Y hoy me busco en las calles.

Yo no sé si en la rama de un árbol late ahora
el nido que entibiara la alondra de mi beso.
Yo no sé si esta muerte que siento es verdadera
o termino mintiendo la muerte por clemencia.

Tal vez soy una réplica deforme de mí misma
y es demasiado tarde para encontrarme cierta.

© Olga Liliana Reinoso (Estar con vos, Editorial Rayuela, Buenos Aires, 1982)