En el crepúsculo de la lluvia
cantan los pájaros de tus ojos.
Me has regalado la libertad
como un rompecabezas de charquitos.
Salto, igual que una niña,
me mojo la sonrisa
y comprendo que todo tu cinismo
se lava.
Se va tu vida inútil
en los meandros de la tarde
y la cadena que me ataba
se oxida hasta olvidar.
©Olga Liliana Reinoso
viernes, 20 de mayo de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
LA MAÑANA
LA MAÑANA
La noche dice adiós
y se desnuda.
Cuelga su lencería de luciérnagas
y de su impenetrable
terciopelo
llueven pétalos azules y violetas.
Abre sus piernas en el horizonte
y da a luz una niña
que crece luminosa.
Entre gasas brillantes,
transparentes,
menea la doncella su
donosura.
Bebe diamantes
azula el mar, el cielo.
Y danza.
Convertida en gaviota,
picotea de amor
al nuevo día.
©Olga Liliana Reinoso
INSTANTES
INSTANTES
I
Tengo una luna azul
un mediodía
esta banalidad
esta premura
y una alegría frugal en la sonrisa.
II
y la pena es incienso.
Quiero tu aroma de frutal maduro
para saciar mi soledad repleta.
©Olga Liliana Reinoso
miércoles, 18 de mayo de 2016
recorrido
Quiero que des una vuelta por mi pena
que la recorras toda
que la midan tus pasos
que la toquen tus dedos
que la escuches temblar.
Quiero que te animes a mirarla de frente.
Yo sé que nunca volverás a dormir
que su fantasma morderá tus huesos
y en la conciencia llevarás la piedra
como Sísifo, como Sísifo.
Mi pena es toda tuya.
Es tu obra de arte.
lunes, 16 de mayo de 2016
mariposa
Poné tu corazón bajo la lluvia.
Tal vez así se escurran con el agua
tantas inequidades.
Y chapaleando entre los charcos
regresará la infancia.
Prendela en el ojal de la utopía y bailá
sin temor, batiendo alas.
No te prometo nada
-nunca lo hice-
pero tengo un sutil presentimiento.
Que podrás abrazarme como antes
y en tu pecho de flor amanecida
se posará mi risa
como una mariposa.
domingo, 15 de mayo de 2016
QUEMA
QUEMA
Por voluntad ajena ardo en la pira de los desconsuelos
unos ojos cegados por el odio encendieron la llama.
Duele y no duele.
El hartazgo puede ser un eficiente paliativo
ante la ingratitud.
Gota a gota derramé el óleo de mi amor
para esculpir en esa torva sombra luces esenciales.
Y vacié el cántaro de la ternura espolvoreando sobre
antiguas cicatrices.
Todo fue en vano. Las campanas doblaron
al paso del cadáver de lo que nunca fue.
Se ausentaron los trinos y feneció la hierba pisoteada.
Ya perdí hasta la génesis de la tragedia
las esquirlas de la
culpa se ahogaron con el llanto vagabundo
que huyó por andurriales de cristales rotos.
La sangre coagulada ya no es sangre
es un instante mudo en que se aquieta la maldad.
Allí suspiran los lacayos de todas las mentiras.
Allí reina la hiel de la injusticia.
Allí solo nos queda la orfandad.
©Olga Liliana Reinoso
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