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jueves, 24 de marzo de 2011

DÍA DE LA MEMORIA




CARTAS AMARILLAS Y PAÑUELOS BLANCOS


Al revolver la jungla de mi placard, descubrí aquella hermosa cartera negra que creía irremediablemente perdida. Con ansiedad la abrí y revisé cada bolsillo en busca del tiempo perdido. Y allí lo encontré. Con su traje de cura, bautizando a mi hija.
Mi amigo, mi confidente, mi compinche. Ya no estaba, solo quedaban sus cartas.
Corrí a buscarlas, y entre las telarañas del recuerdo me sacudí los años como un perro pulgoso para sentir otra vez la piel rebelde de colegiala.
Los ojos evasivos de la felicidad me miraron llenos de tristeza.
Si tuviera el poder o la magia de volver el tiempo atrás... Pero los ideales de mi hija siempre me hicieron sentir orgullosa.
El padre Miguel fue el único que se animó a acompañarme cuando empecé a golpear puertas. Y también fue el primero en decirme la verdad.
Recuerdo aquella mañana. Una niebla endovenosa recorría el puerto. Pero lo mismo lo reconocí. Su rostro afable, su paz: no habían podido asesinarlos.
A partir de ese día comencé a reunirme con las otras mujeres.
Guardo las cartas, busco el pañuelo y me cuelgo al hombro la vieja cartera con el talismán de sus rostros.


Olga Liliana Reinoso
Cuentos con descuento
Ediciones Mis escritos, Lanús, Enero 2007

martes, 8 de marzo de 2011

HELENA ALÍ

Adiós, querida Helena.
Qué cuadro te pintaste en la sonrisa para ocultar tu dolor.

Donde quiera que estés, haya paz.



Fotos Maracó Digital y Google.

viernes, 21 de enero de 2011

PLATH y HUGHES





Viernes, 21 de enero de 2011
CONTRATAPA

Me faltó decirte



Por Juan Forn




El invierno de 1963 fue el peor del siglo en Inglaterra. El país estaba paralizado, el agua se congelaba en las cañerías, había cortes de energía y escasez de carbón. La desolación de ese invierno dejó muchas imágenes pero ninguna ha logrado resumirla más cabalmente que la madrugada del 11 de febrero, cuando Sylvia Plath entró en el cuarto de sus hijos, les dejó dos jarros de leche y dos panes con manteca, se encerró luego en la cocina, selló puerta y ventana con toallas mojadas, abrió la llave de gas y puso la cabeza dentro del horno.

La escena es tóxicamente célebre: los hijos de Plath tenían uno y dos años; ella acababa de cumplir los treinta y estaba escribiendo como nunca antes en su vida; a las nueve de la mañana debía llegar al departamento una niñera recomendada por el psiquiatra de Plath (que había intentado en vano convencerla para que se internara o, al menos, se dejara ayudar); los bomberos debieron echar abajo la puerta para salvar a los niños; el padre de las criaturas, el también poeta Ted Hughes, no aparecía por ningún lado. La escena pedía a gritos un culpable y Hughes daba el papel a la perfección: todo Londres sabía que la separación de la pareja se debía al borrascoso romance de Hughes con otra poeta llamada Assia Wevill.

El matrimonio de Hughes y Plath parecía bendecido por las musas: él era la gran promesa de la poesía inglesa, ella su equivalente norteamericano. El venía de clase baja rural de Yorkshire, ella de la intelectualidad judía de Boston. El hablaba de las fuerzas oscuras de la naturaleza; ella de los campos de concentración de la mente. Menos de dos horas después de conocerse en Cambridge, ya habían tenido sexo y se habían dedicado un poema uno al otro. Bajo el influjo de esa fiebre se casaron. Pero, como dijo el gran Seamus Heaney, “cuando dos poetas tan originales se unen, cada línea que escribe uno le da al otro la sensación de que le fue extraída de su cráneo. A cierto grado de intensidad creativa, que la musa le sea infiel a uno con su pareja debe de ser más insoportable que verla enredada con un ejército de amantes”. Plath logró encontrar su verdadera voz al separarse de Hughes, como quedó en evidencia cuando aquellos poemas finales se publicaron después de su muerte. Hughes fue el responsable de la edición. Lo acusaron de dejar afuera los poemas que más duros eran con él, aunque los que había dejado eran igualmente duros, y eran mejores poemas. Plath no era un novata en la ceremonia del suicidio. De hecho, creía que la seriedad de sus intentos (uno en EE.UU., dos en Inglaterra) la autorizaba a hablar como lo hace en su célebre poema “Lady Lazarus” (“Morir es un arte / yo lo hago excepcionalmente bien / se diría que tengo el don”). Robert Lowell, que prologó aquel libro póstumo y que también habría de suicidarse, dijo que esos poemas “juegan a la ruleta rusa con seis balas en el cargador”. Pero entonces Assia Wevill hizo ella también La Gran Plath (hornallas, gas, todo) con el pequeño adicional de que se llevó al otro mundo a la hijita de dos años que había tenido con Hughes, y el veredicto quedó sellado para siempre.

Hughes se fue a vivir al campo con los dos hijos que le dio Plath. Dijo que su vida estaba terminada; que sólo sobrevivía póstumamente (volvió a casarse, es cierto, pero con una enfermera, signifique lo que signifique). En sus escasas apariciones públicas le gritaban asesino. Una feminista le dedicó una famosa diatriba que empezaba “Yo te acuso, Ted Hughes...”. La tumba de Plath era sistemáticamente vandalizada para borrarle el Hughes del “Sylvia Plath-Hughes” que figuraba en la lápida (y, cuando Hughes mandó adecentar la lápida, lo acusaron de querer anonimizar la tumba de Plath). Así fueron pasando los años hasta que, en 1998, poco antes de sucumbir al cáncer, Hughes dejó listo un libro titulado Cartas de cumpleaños. Como el Ariel de Plath, también se publicó póstumo. Es, en opinión unánime, el mejor libro de Hughes. Consiste enteramente de poemas dirigidos a Plath. Desde mediados de los ’60, Hughes había empezado a escribirle cartas a su mujer muerta el día del cumpleaños. Eran poemas que bajaban solos, que no podía ni corregir y que le parecían tan privados que dejó que se fueran acumulando en el fondo de un cajón. Nadie supo de ellos hasta que salió Cartas de cumpleaños. Después de décadas de obstinado silencio, aquel puñado de poemas ofrecía todo lo que Hughes tenía para revelar sobre Plath y él y Assia Wevill (“¿cuánto de tu muerte se debió a mis insanas decisiones? / ¿y cuánto de la muerte de ella a mis insanas indecisiones?”).

Los plathianos acusaron al finado de “falsear la verdad de los hechos desde la tumba” mientras se apresuraban a agregar a sus biografías y estudios sobre Plath hasta el más mínimo insight sobre la pareja que ofrecían los poemas. Hughes sólo se abstenía de hablar de aquella madrugada fatal de febrero de 1963. Recién el mes pasado se supo (y armó flor de revuelo) que dejó fuera de la versión final de Cartas de cumpleaños un poema que iba a titular “Ultima Carta”, que comienza diciendo “Qué pasó aquella noche, tu última noche” y termina cuando una voz en el teléfono deposita en el oído de Hughes esas cuatro palabras como cuchillos: “Su esposa está muerta”. En el poema, Plath quema en presencia de Hughes una nota suicida que le había enviado por correo dos días antes de matarse (el correo inglés era tan eficaz que no le dio tiempo de cumplir su cometido: Hughes irrumpió antes en su departamento). En el poema, Hughes pasa la noche en el piso de una mujer (que no era Assia Wevill, como siempre se supuso), mientras Plath baja una y otra vez al teléfono público de la esquina (en su departamento no tenía) intentando infructuosamente localizarlo. En el poema, Hughes entra ya de mañana en su casa de soltero, se acomoda frente a sus papeles, cuando el teléfono “despertó electrizado y una voz como un arma elegida especialmente soltó en mi oído esas cuatro heladas palabras: Su esposa está muerta”. En el poema, como en el resto del libro, Hughes se dirige evidentemente a Plath, como un hombre que está por morir le habla a su esposa muerta. Pero los plathianos siguen convencidos de que Hughes se dirigía a ellos: es tan necio su morbo que siguen creyendo hasta hoy que alguien les debe explicación por lo sucedido aquella madrugada de 1963.

Uno de los hijos de Plath y Hughes, el varón, Nicholas, se ahorcó en su casa de Alaska hace un año. Vivía allí solo, aislado del mundo. La hija mujer, Frieda, es la única que sigue viva. Cuando se estrenó hace poco una infame biopic con Gwyneth Paltrow haciendo de Plath, publicó un breve poema que dice: “Ahora hay una película / para aquellos incapaces de imaginar solos / su cadáver, su cabeza en el horno / Y dicen que yo les debo sus últimas palabras / Porque algo hay que poner en boca / de ese monstruo que han creado / Ya saben quién: Sylvia, La Muñeca Suicida”.


ÚLTIMA CARTA

¿Qué ocurrió esa noche, tu última noche?
Doble, triple exposición de todo.
Viernes en la noche, la última imagen tuya viva, quemando en el cenicero la carta que me enviaste, con esa sonrisa tan extraña.
¿Qué fue lo que dijiste sobre los restos humeantes de esa carta, aniquilada tan cuidadosamente, con tanta calma?
Eso me permitió dejarte ir, y soplar las cenizas de tu plan cerca del cenicero, donde me dejaste ver el teléfono del doctor.
Mi huida se había convertido en una presa de caza, insomne, desdesperanzada, con los sueños exhaustos.
¿Qué pasó esa noche con tus horas? Nadie sabe, es como si nunca hubiese pasado.
Qué acumulación de tu vida, como un esfuezo inconsciente, como un nacimiento que empuja una membrana cada lento segundo. Sólo pasó, como si no pudiese ocurrir, como si no estuviera ocurriendo.
Había empezado a escribir cuando sonó el teléfono.
Una voz, como un arma perfecta o una inyección a medida, fríamente disparó cuatro palabras a lo más profundo de mi oído: “Su esposa ha muerto”.




viernes, 2 de abril de 2010

2 de abril: Acto Veteranos de Malvinas



LA HERMANITA PERDIDA

De la mañana a la noche
de la noche a la mañana.
En grandes olas azules
y encajes de espumas blancas,
te va llegando el saludo
permanente de la patria.
Ay,hermanita perdida.
Hermanita: vuelve a casa.

Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero son veinte millones
que te llamamos: hermana...
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita: vuelve a casa.

Malvinas, tierra cautiva
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda La Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.

Atahualpa Yupanqui

domingo, 11 de octubre de 2009

GRACIAS, ISABEL

Querida amiga, estoy con vos aunque sólo lo puedas ver con los ojos cerrados, pero los sentidos despiertos no adormecidos, te cuento que en tantos tiempos donde a uno se le bambolea la balsa y el oleaje nos desacomoda muchas veces, donde el sol es demasiado fuerte y no se asoma detrás de las nubes, donde la sed te hace alucinar y ver caminos que nos llevan al “destierro” te cuento amiga que desde el alma en otros momentos la calma llega y una luz nueva comienza a brillar despacito al principio, una casi ni la percibe ya que es como que se acostumbró al oscuro, a la humedad del llanto, a la sequedad del corazón triste, pero esperala, deja que te llegue ese momento, no te hundas en el barro podrido, pero sabe que también si así fuere la flor de loto de allí bellamente florece, deja que tu alma llore sin olvidar que sos importante y te amamos muchos y necesitamos aquí con nosotros por el tiempo que el TATA disponga para tu partida y si recién ahí será tu tiempo de reencuentro con las almas que ahora lloras aquí en este cuerpo, sembrá flores, hacé pan casero, escuchá música, andá al hospital a ayudar a otro que te necesite más de lo que vos te imagines, soñá con nietos, con hijos con vida, aunque te cueste ver o no veas nada, te comprendo, te entiendo y te acompaño en este tu tiempo de dolor hasta que sea oportuno comenzar a secar tus lágrimas y a aliviar tu corazón , sonreír de nuevo y comenzar a vivir más consciente y con paz para vos y para los tantos demás que te quieren tanto.
Te envío lo que escribí en esos momentos, de los tantos que he tenido en mi vida donde necesité un espacio para que el alma sanara de heridas, no olvides nunca que toda mañana es única e irrepetible pero en toda mañana la claridad aparece porque aunque no lo veamos el sol nace nuevamente para nosotros.
Te quiero, estoy desde el alma para sostenerte siempre hasta que el TATA me dé fuerzas así que por favor tomate tu tiempo pero no dejes demasiado mi mano aferrarse a la tuya más que el que sea necesario para sentir fuerzas para que caminemos juntas pero con tus piernas.
Bendiciones. Cuando estés bien enviame una sonrisa, gracias, gracias, gracias.

Namaste, Isabel.

Se me ha perdido el Poncho

Si por este tiempo no me encuentran, les cuento,
Que se me ha perdido el poncho y lo estoy buscando,
No sé por dónde ni cuánto tiempo me llevará encontrarlo.
Es que por ahí ando despistada caminando la vida,
O quizás demasiado ocupada o preocupada,
Y me distraje mirando para otro lado,
Que no fuese por donde iban mis pasos algo cansados, parece sin dejar marcada, mi huella,
Ya que no logro verlos por la tierra seca,
Por el pasto húmedo, por la sierra, por la llanura,
Ni por el río que humedece mis pies casi todos los días.
He perdido el poncho y no lo encuentro,
Con mucho esfuerzo lo estoy buscando,
Si por ahí lo ves perdido,
Te pido que me avises por este medio;
Mi poncho es suave, trátalo con cariño,
Es débil y fuerte según las circunstancias,
Si le hablas despacito,
Si todavía le regalas una caricia,
Sentirás un susurro de agradecimiento,
Un aroma a jazmín y a madreselva,
Una caricia que te llegue hasta el alma.
Si por este tiempo estoy en otra cosa y no me hallan,
Perdón, es mi tiempo, mi camino,
He perdido el poncho y lo estoy buscando,
No sé por dónde ni cuánto tiempo me llevará encontrarlo.

Isabel Gorordo
5-12-07

domingo, 4 de octubre de 2009

Chau, NEGRA

Nos queda tu voz, tu coherencia, tus ideas humanitarias, la bella persona que sos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

domingo, 20 de septiembre de 2009

sábado, 20 de junio de 2009

HOMENAJE A CAMUCHA


El lunes 15 se hizo un homenaje a Carmen Ferrari, nuestra Camucha. Estaban su hijo, sus hermanos, sus amigos.

Yo solamente puedo decir Gracias, Carmen, por su generosidad, por haberme brindado, siempre, su mano solidaria.

jueves, 21 de mayo de 2009

poema enviado por mi hija Belén, escrito por su amigo


la última lluvia (a mario benedetti)

Entiendo ahora el frío

y el viento y la lluvia
entiendo ahora el silencio

el gris de este domingo
entiendo ahora esta angustia prematura y oprimente
es que la muerte la puta muerte

se hace anunciar aunuqe no quiera.

Hoy los bares se llenarán de tristes poetas
hoy no importarán los desengaños
y esperarán hasta mañana

las historias de amor

las parejas vencidas

los primeros besos.

Hoy llora la historia

llora la militancia

llora la letra

hasta el verdugo te llora

Montevideo te llora

latinoamérica te llora

el progresismo te llora

la poesía te llora.

Yo quisiera chocar contigo esta dulce copa

y brindar por tu ejemplo bajo esta última lluvia

hasta siempre mario

hasta siempre compañero

hasta siempre maestro

desde aquí el abrazo

que no te supe dar.

Rodrigo Mundini
(Me encantó, Rodri. Yo siento lo mismo) Olga Liliana

IDEA VILARIÑO


¡pobre Uruguay! Se le murieron dos poetas en menos de un mes.



Ya no

Ya no será,

ya no viviremos juntos,

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa,

no te tendré de noche

no te besaré al irme,

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo,

nunca ni si era de verdad

lo que dijiste que era,

ni quién fuiste,

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido vivir juntos,

querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre

y tú ya no serás para mí más que tú.

Ya no estás en un día futuro

no sabré dónde vives,

con quién ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche, nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

lunes, 18 de mayo de 2009

MARIO QUERIDO

CORAZÓN CORAZA
Porque te tengo y no

porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce corazón coraza
porque eres mía porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre y tienes frío
tengo que amarte amor tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti

tu "Corazón Coraza" es el mejor poema de amor.

domingo, 17 de mayo de 2009

ADIÓS, MARIO


INFORME SOBRE CARICIAS
1 La caricia es un lenguaje si tus caricias me hablan no quisiera que se callen
2 La caricia no es la copia de otra caricia lejana es una nueva versión casi siempre mejorada
3 Es la fiesta de la piel la caricia mientras dura y cuando se aleja deja sin amparo a la lujuria
4 Las caricias de los sueños que son prodigio y encanto adolecen de un defecto no tiene tacto
5 Como aventura y enigma la caricia empieza antes de convertirse en caricia
6 Es claro que lo mejor no es la caricia en sí misma sino su continuación
Mario Benedetti
Mucho más grave

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo y eso en verdad no es nada extraordinario vos lo sabés tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte cuando digo todas las parcelas no me refiero sólo a esto de ahora a esto de esperarte y aleluya encontrarte y carajo perderte y volver a encontrar y ojalá nada más.
No me refiero sólo a que de pronto digas voy a llorar y yo con un discreto nudo en la garganta: bueno llorá y que un lindo aguacero invisible nos ampare y quizá por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero sólo a que día tras día aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.
No la cosa es muchísimo más grave cuando digo todas la parcelas quiero decir que además de ese dulce cataclismo también estas rescribiendo mi infancia esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes y los solemnes adultos las celebran y vos en cambio sabés que eso no sirve
quiero decir que estás rearmando mi adolescencia ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos y vos sabés en cambio extraer de ese páramo mi germen de alegría y regalarlo mirándolo
quiero decir que estás sucumbiendo mi juventud ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos esa sombra que nadie arrimó a su sombra y vos en cambio sabés estremecerla hasta que empiecen a caer las hojas secas y quede la armazón de mi verdad sin proezas
quiero decir que estás abrazando mi madurez esta mezcla de estupor y experiencia este extraño confín de angustia y nieve esta bujía que ilumina la muerte este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave muchísimo más grave porque con éstas o con otras palabras quiero decir que no sos tan sólo la querida muchacha que sos sino también las espléndidas o cautelosas mujeres que quise o quiero porque gracias a vos he descubierto (dirás ya era hora
y con razón) que el amor es una bahía linda y generosa que se ilumina y se oscurece según venga la vida una bahía donde los barcos llegan y se van llegan con pájaros y augurios y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa donde los barcos llegan y se van pero vos por favor no te vayas.
Como si fuéramos inmortales ... Mario Benedetti
Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final sin embargo hay que vivir como si fuésemos inmortales.Sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la tierra pero no es descabellado que en una nochebuena se lancen a volar. Sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum de la envidia pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién. Sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfosy que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos. Sabemos que el odio viene lleno de imposturas pero las va a perder antes del diluvio o despúes del carnaval sabemos que el hambre está desnudadesde hace siglos pero también que los saciados responderán por los hambrientos. Sabemos que la melancolía es un resplandor y solo eso pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad pero la bondad suele escaparse por los tejados sabemos que los decididores deciden como locos o miserablesy que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan. Sintetizando:Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorranos el final pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales.