lunes, 23 de mayo de 2016
Naturaleza
domingo, 22 de mayo de 2016
No preguntes por qué,
de nada vale.
No tengo ni verdades ni mentiras
solo un aguijón hondo en la espesura
donde el dolor se yergue como selva.
Estoy en la frontera
sobre el muro
viendo tu espalda que se aleja rauda.
Y en el peñasco, escrito con mi sangre,
un pedido de amor intraducible.
Las luces agoreras me despiden:
soy el silencio de mi propio grito,
soy la duda perenne.
Y el secreto misil
que estalla entre mis manos.
©Olga Liliana Reinoso
viernes, 20 de mayo de 2016
MONJES NEGROS
MONJES NEGROS
Algo hay en la inhóspita brumaalgo acecha sin tregua
un jadeo
una daga
una mosca.
Un pirómano que enciende los libros
y en su agónica letra
disfruta el orgasmo de la destrucción.
Algo oscuro vomitó el pasado
algún muerto insepulto
la crueldad de intramuros que lastima a destajo.
algún muerto insepulto
la crueldad de intramuros que lastima a destajo.
Ya no alcanza la voz de una madre
narrando leyendas
de antiguos delirios.
narrando leyendas
de antiguos delirios.
La maldición perpetua
los dédalos de sangre vejando las magnolias.
los dédalos de sangre vejando las magnolias.
Seres insospechados, multiformes,
nadan en la ventana
sobre un lodo que duele
hasta el último siglo.
nadan en la ventana
sobre un lodo que duele
hasta el último siglo.
©Olga Liliana Reinoso
En el crepúsculo de la lluvia
cantan los pájaros de tus ojos.
Me has regalado la libertad
como un rompecabezas de charquitos.
Salto, igual que una niña,
me mojo la sonrisa
y comprendo que todo tu cinismo
se lava.
Se va tu vida inútil
en los meandros de la tarde
y la cadena que me ataba
se oxida hasta olvidar.
©Olga Liliana Reinoso
cantan los pájaros de tus ojos.
Me has regalado la libertad
como un rompecabezas de charquitos.
Salto, igual que una niña,
me mojo la sonrisa
y comprendo que todo tu cinismo
se lava.
Se va tu vida inútil
en los meandros de la tarde
y la cadena que me ataba
se oxida hasta olvidar.
©Olga Liliana Reinoso
jueves, 19 de mayo de 2016
LA MAÑANA
LA MAÑANA
La noche dice adiós
y se desnuda.
Cuelga su lencería de luciérnagas
y de su impenetrable
terciopelo
llueven pétalos azules y violetas.
Abre sus piernas en el horizonte
y da a luz una niña
que crece luminosa.
Entre gasas brillantes,
transparentes,
menea la doncella su
donosura.
Bebe diamantes
azula el mar, el cielo.
Y danza.
Convertida en gaviota,
picotea de amor
al nuevo día.
©Olga Liliana Reinoso
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