sábado, 30 de julio de 2011

ME ENCANTA DANIEL SALZANO



Quiénes y cuándo
La página de los muertos. Miguel Rugilo. Todo lo que había que saber. Daniel Salzano.
La página de los muertos

De la misma manera que lo hacía mi papá / y el papá de mi papá / yo / como se despereza una rosa / abro el diario por la página de los muertos y paso la yema del pulgar por los retratos de la humanidad inmóvil: Fito / Diego / Eduardo / Julia / Turco / los conozco a todos / nos hemos cruzado en la Municipalidad / hemos jugado al ajedrez en la biblioteca Vélez Sársfield / nos gusta King Kong​ / nos gusta Casablanca / hicimos la primera comunión en barrio Pueyrredón / no me extrañaría haberles cedido el paso en la puerta giratoria del Correo.

Me demoro todo lo que puedo en su página / me fijo en sus edades / las comparo con la mía / después hago la resta / dentro de siete años /calculo / ya habré muerto / ojalá ilustren mi necrológica con la foto en la que estoy mirando a mi mujer / estábamos en la esquina del Jockey / esperando el guiño del semáforo / tendría que haberme muerto en ese instante / hubiera ido al cielo como tiro.

Y ahora me pregunto: / ¿aceptaría vivir 68 años como este Alipio Flores de barrio Los Naranjos? / ¿72 como esta Blanca María viuda de Basavilbaso? / ¿me avendría a vivir 45 años como César Vallejo a cambio de escribir como los dioses? / ¿ 33 como Cristo? / ¿39 como Newbery?

Pasan los muertos / lectores / queda la gente.

La de los muertos es la página más sosegada / más que las farmacias de turno / la cartelera de espectáculos / si las juntásemos a todas / una por una / ordenadamente /obtendríamos el libro de actas de la tribu de la Nueva Andalucía / somos lo que somos porque ellos fueron lo que fueron / joder.

Cuando paso la yema del pulgar como una rosa / por la cara de Fito y Diego y Julia / me asaltan varios pálpitos: / a) los muertos duermen todos en la misma cama / b) entran al cine sin pagar / c) desayunan en el Sheraton y antes de abandonar la mesa roban bolsitas de sacarina.
Hay veces / cuando escribo / que escucho su chamuyo a mis espaldas / ¡Ah! / mirá / acá está escribiendo Daniel / el hijo de Vicente /el ferroviario que trabajaba en el Belgrano / y se casó con una modista de Alta Córdoba.

En una novela de Tarzán / leí que en el corazón de la jungla de Sumatra existe una tribu de pigmeos / que / para que sigan viviendo / entierran a los muertos con nombres cambiados / entonces Ringo Bonavena​ estaría vivo todavía / y como te digo Ringo te digo la señorita Tomasa / la de tercero / un día resbaló en la tabla del ocho / y desapareció.

La página de los muertos / ese sí que es un buen tema para una composición / saquen una hoja / y ajústese los machos / lectores.

Miguel Rugilo

Al despuntar la década de 1950, en el barrio porteño de Liniers vivía un arquero al que veías fotografiado de frente y de perfil y no decías que era un arquero, sino más bien un asesino. Rugilo Miguel, titular en Vélez Sársfield, gastaba camisa de leñador, ojos de checo, melena de inmigrante y unos bigotes fulminantes que no cabían en una sola figurita.

Por los años de la debacle peronista, todo lo que se le exigía a los arqueros era que no se dejaran bajar la visera de la gorra y que fueran capaces de volar. Iba un pibe –por ejemplo– a probarse a las divisiones inferiores y en lugar de patearle un penal, para medirle los reflejos, le soltaban un gorrión seguido de una orden imposible: ¡Cacharlo!

Al arquero Miguel Rugilo, de profesión tornero, era muy raro que se le escapara un pajarito.

Cuando la Selección Argentina que dirigía Guillermo Stábile saltó a la cancha para enfrentar a los ingleses en el estadio de Wembley, Rugilo, de entra­­da, cosechó comentarios maliciosos. Estaba gordo, falto de entrenamiento, protegía sus rodillas con unas colchonetas del siglo XIX y sus bigotes de dos figu­ritas parecían un murciélago negro posado sobre la boca.

Aquella tarde memorable, Rugilo Rugidor comenzó a precalentar a lo bestia, debajo de los palos, colgándose como un mono del travesaño y/o golpeándose el lomo contra los postes porque sufría de calambres. No había empezado el partido y ya se había metido a la gente en el bolsillo. Y es que no era un goalkeeper como todos los demás, sino que su aspecto, su técnica, su indumentaria, no eran los de un profesional sino más bien los de un barra contra barra, a quien el destino había puesto bajo los palos de Wembley.
Hay fotos de Rugilo despejando con los puños. Si te llegaba a tocar con los nudillos, te desnucaba. Y no usaba guantes. Ni gorra. Y él mismo se fabricaba el linimento con una buena base de aguarrás. En síntesis: el tipo de jugador que inmediatamente te enseñaba que el fútbol podía romperte el corazón.

Empezó el partido y la Virgen de Liniers se apiadó del bigotón, que comenzó a volar de palo a palo impidiendo una goleada que se veía venir pero no se concretaba. En la cancha había dos docenas de fotógrafos repartidos, mitad y mitad, en los dos arcos; aunque todos acabaron ametrallando al hombre de Cromañón de la Selección Argentina.

¡Oh!, es verdad que los ingleses le hicieron dos goles y Argentina terminó perdiendo dos a uno, pero Rugilo entró como un cuete al Libro Guinness de los Récords por haber atajado 52 pelotas en 90 minutos. O, lo que es lo mismo: voló una vez cada 86 segundos. Todos hemos visto alguna vez jugar a 11 contra 10 o a 11 contra nueve. Pero nunca vimos, como en aquel histórico match de 1951, jugar a 11 contra uno.

Fue una hazaña que se pareció a un milagro. Después de todo, Wembley no era sólo Wembley sino “la Catedral”. En el año 2000 la demolieron pero, en lugar de habilitar una playa de estacionamiento en su lugar, los ingleses la rehicieron.

Rugilo falleció en Buenos Aires en 1993, a los 75 años, atendiendo un mercadito entre él, su mujer y sus dos sus hijos, los leoncitos.
En la calle Charcas había una verdulería que se llamaba “El León de Wembley”. Detrás del mostrador, estampado en la portada de El Gráfico, volaba Miguel Rugilo.

–Andá a la verdulería y tráeme un kilo de
papas.

No íbamos porque fuésemos obedientes, claro: íbamos para ver una y otra vez el majestuoso vuelo suspendido de Miguel Ángel Rugilo.

Todo lo que había que saber

Todo lo que había que saber de esta ciudad / se aprendía por la parte de afuera de la escuela / por ejemplo: el Córdoba Sport Club / dos bailarines desnudos / sobre el ring / dispuestos a reventarlo todo / todo lo que conozco de la lengua de Shakespeare lo aprendí mirando las peleas: / ring / jab / cross / gong / knock out y “ápercat” / dale al “ápercat” / negro ciliado.

Posdata: en esta ciudad los rounds se terminan / pero las peleas nunca se acaban.

Todo lo que había que saber de esta ciudad se aprendía sentado en el cordón de la vereda / esperando que pasara “el Gringo” Tosco / el símbolo mayor de la resistencia cordobesa / llevaba el pelo caído sobre un ojo / un destornillador en el bolsillo de los cigarrillos / y caminaba como un loco oyendo voces / Epec quedaba en General Paz al 300 / el cine Sombras al 400 / al 500 las chicas de la noche fumaban entre árboles negros y desnudos / si seguías caminando en línea recta y con la cabeza gacha llegabas a Santiago del Estero.

Todo lo que había que saber sobre literatura argentina se aprendía en el bar Buvette / en el pasaje Muñoz / ahí escribía Ernesto Sabato​ el
pri­­mer borrador de Sobre héroes y tumbas / el maestro trabajaba de cara a la pared / con la boca entreabierta / se estaba quedando pelado / hay escritores que no tienen edad / y que viven con el espíritu desgarrado / un día se enojó por culpa de un café recalentado / rompió el ticket / y se mandó a mudar / me hizo acordar a Faulkner / cuando para escribir se encerraba / y para asegurarse / arrancaba el pomo de la puerta.

Posdata: el bar Buvette estaba emplazado frente a los pescaditos / los pescaditos / nadaban en peceras diferentes / y se pasaban la vida despidiéndose / los unos a los otros.

Todo lo que había que saber sobre alta precisión se aprendía subido a la balanza de la farmacia Minuzzi / en serio / cada vez que bajábamos al centro de paseo / íbamos a la farmacia a comprar Hepatalgina / algodón Estrella / Cirulaxia / y nos pesábamos / para pesarse mi mamá se descalzaba y se sostenía del hombro de papá / la primera vez que compré preservativos / lo hice / a manera de homenaje / en la Minuzzi / la farmacia que me enseñó a dividir el kilo en gramos y los gramos en palitos.

Todo lo que había que saber del comunismo / de las gloriosas multitudes avanzando con una flor entre los labios / todo lo que había que saber de Pepe Stalin / y del agudo y oscilante murmullo del proletariado/ se aprendía / sentado sobre un cajón de manzanas / con la luz apagada / mirando El acorazado Potemkin / en un garaje propiedad del cineclub de barrio Empalme / yo todo lo que sé es que cuando fui a Rusia / lo único que saqué en limpio es que si uno no puede morir entonces tiene que soñar / eso / y las ladillas / unas 850 mil por cada asiento de paja de un trencito de acero que escupía hielo y cuyas ventanillas nunca se cerraban.

Todo lo que había que saber sobre las chicas / se aprendía mirando a la mujer de bronce que ilustraba el anverso de los billetes de un peso / una mujer en camisón con una antorcha / una mujer de verdad / un poco vieja / un poco cansada / más allá del tiempo / más allá de la muerte / creo que era la República Argentina / cómo será que mi corazón aún la sigue viendo hermosa.

Todo lo que había que saber de los mosqueteros de Luis XVIII / el rey nabo / se aprendía sobre una silla bien lustrada en la muy divina biblioteca Vélez Sársfield / os diré una cosa / lectores / podéis leer todos los libros de la biblioteca y / nunca llegaréis a saber qué es la literatura / a cambio del mismo esfuerzo / sin embargo / podréis obtener una ajustada definición de vosotros mismos.

Todo lo que había que saber sobre los misterios de la Nueva Andalucía / se aprendía caminando como un puma por Jerónimo Luis de Cabrera / Alta Córdoba / yo fui criado / educado / matrizado / y entrenado / jugando al rango / a la chiri / a la pelota envenenada / he visto a muchos curas pasear en bicicleta / he escuchado a las locomotoras del Belgrano hacer el mismo ruido que los búfalos de John Ford en aquella película que daba Cinerama / he saltado la tapia del Hindú Club para bailar con la orquesta de Hugo Forestieri / entonces / ¿cómo no voy a escribir con dos dedos?

Todo lo que había que saber del río Tiber / de Lorenzo el Magnífico / de Paolo Uccello​ / de Cosme el Viejo / y de los Museos Capitolinos / se aprendía mirando los números romanos del reloj de la joyería Escasany.

Cuando se acababa el aprendizaje / es que ya estabas listo para largarte / ¿qué?/ ¿largarme? / ¡oh, no! / ¡qué sería de nosotros sin nosotros!

NO TE AMO



No te puedo borrar de mi memoria.
Aquella mirada desposeída mutiló todas mis vergüenzas y viró el timón de mi vida lanzándome a la tempestad.
Me siento desvalida, náufraga, incomunicada, en busca de la isla de tu abrazo, de la barca de tu boca, con una multitud de tiburones en mi sangre, dispuestos a avorazarte lentamente, con la minusvalía de la luz del poniente que palpita de sed.
Vuelan los pájaros de mi deseo hasta la esquina de tu cuerpo, manzana pródiga y prohibida, cita frugal con el silencio que escribe en los barrotes afiebrados de esta luna del nunca para leer mentiras que encienden los cometas mientras viajan en la bicicleta de la noche.
Yo camino descalza por la pizarra del regreso, una estela de tiza me aconseja seguir. Y fibrones de luz recitan el poema insepulto de tus manos.
Bebo el miedo de que jamás hable el teléfono, de que la computadora no me haga el amor, de que ya no sea posible planificar un cielo.
El cuaderno de mis pensamientos es apenas una tormenta de verano. Desordenado, impetuoso. No atiende mis súplicas ni comunica mi desierto.
De una sola cosa estoy segura: no te amo.

viernes, 29 de julio de 2011

MOTIVOS




Vengo a decir que ignoro tantísimas verdades
como fuegos que enlutan el corazón del pájaro.
Vengo a decir que creo en tus ojos frutales
que me aroman de luces las costumbres cansadas.
Vengo a dar testimonio: el miedo es una infamia
y no hay llaves que cierren la palabra que salva.
Vengo a darte mi mano en cuerdas de guitarra
para que no embalsames tu voz de madrugadas.
Vengo desde la hondura de algún dolor oculto
a parir un milagro que inventamos de apuro.
Vengo a través del viento de oscuras tempestades
para sembrar memoria en la tierra descalza.
Vengo desde la noche de una pena innombrable
dispuesta a dar batalla y a comenzar el canto.
Vengo al cuenco salobre del llanto trotamundo
con pasaporte de alas y equipaje liviano.
Vengo a decir que es cierto lo que tu sed presiente:
un grito que derrama su furia en las ventanas.
Vengo a contar que alcanza con los tristes harapos
para alzar la bandera en los cielos de mayo.
Vengo a decir que vivo con sutil resonancia
todo el dolor ajeno de aquellos que no hablan.
Qué azul cosmogonía me sucede en el alma
qué verdes transparencias descubro junto al alba.
Tengo sueños urgentes para darte en las manos
manzana sin pecados dorada de saberes.
Abro tu puerta máxima, tu corazón en llamas
y me unjo maestra con palabras tempranas.
Porque creo en la hechura del hombre transparente
enciendo esta fogata de amor entre la gente.

nadie lo vio



Él se las arregló siempre para salir bien parado. Claro, el hombre probo y justo, temeroso de Dios, reconocido en toda la zona por su fe y su bonhomía; el que velaba por la salvación eterna de sus hijos arrodillándose todos los domingos frente al altar como un penitente. Bien que se las ingenió para desvalorizarme públicamente, así e ...ra su palabra contra la mía. ¿Y quién iba a creerle a una mujer débil, pecadora para más datos, que instigó al bueno de su marido para que maldijera a Dios? ¿Quién, en esta sociedad hipócrita? Nadie se dio cuenta de la farsa, nadie intuyó que se trataba de una fachada, que el encantador señor Javier Cernado, en realidad, cometía a diario el peor de los pecados capitales: la soberbia. Y se ocupaba miserablemente de invisibilizar a su mujer, a la que usó como quien alquila un vientre para tener diez hijos que le dieran prestigio.
Solamente me hice popular cuando, loca de dolor, grité desde mis ovarios aquella frase célebre: “Maldice a Dios y muérete”. Entonces todos salieron a apedrearme, como a María Magdalena, pero ningún Jesús les preguntó quién estaba libre de culpa. Nadie pensó en mi desgarro, nadie pensó que yo era la madre de esos hijos masacrados. Eligieron el poder, la patología, la doble moral. Y me encerraron.
Ahora te pregunto a vos: ¿Tampoco te diste cuenta, Dios mío?

PREMIO A JUAN GELMAN



La rectora Carolina Scotto defendió el Premio Universitario de Cultura 400 Años que la Universidad Nacional de Córdoba le entrega hoy al poeta Juan Gelman, ex militante de Montoneros, en respuesta al rechazo que manifestó el filósofo Oscar del Barco, impulsor de una autocrítica dentro de la izquierda por la opción de la lucha armada en los '70.

"La militancia de Juan Gelman muestra desde el regreso de la democracia un compromiso con la democracia argentina y con la defensa de los derechos humanos que puede interpretarse como que cambia sus propias convicciones y su manera de ver la política en la década de los 70", dijo Scotto en declaraciones radiales.

La rectora recordó que Gelman ha recibido importantes premios a nivel internacional, como el Cervantes en 2007. Y que el galardón surgió de una iniciativa que se votó por unanimidad en el Consejo Superior de la UNC (ver La universidad homenajea a Juan Gelman y se abrió polémica en Edición Impresa).

Por escrito. Hoy, el filósofo y docente de esa universidad Oscar del Barco, renovó su crítica a Gelman por no haber realizado una autocrítica pública sobre la violencia política (ver Sorpresa y rechazo).

Ya lo había hecho en 2004 en la revista la Intemperie y ahora, dijo que no podía dejar de manifestar su "rechazo" porque Gelman es "notoriamente partidario de la dictadura existente en Cuba" y porque "Gelman participó en cargos de responsabilidad de un movimiento político-militar (Montoneros) que asesinó a sindicalistas, políticos, policías e incluso a miembros de la propia organización acusados de indisciplina".

Scotto celebró la controversia y dijo que "es muy saludable". "Las personas son todo lo que son. Toda la historia de vida que tienen. Él ha sido un activo militante político, no sólo en los 70, sino también en el día de hoy. No creo que todos coincidan con lo que plantea Del Barco", apuntó.

Además, la rectora consideró que no "un acto de arrepentimiento público" no es "condición necesaria y suficiente para demostrar que una persona tiene convicciones democráticas". "Tampoco con esto se está queriendo minimizar la violencia política...no hay ningún acto de esta universidad que muestre indiferencia con la violencia o el terrorismo de Estado", agregó.

Al anunciar el premio, la UNC destacó que Gelman "es considerado uno de los grandes poetas contemporáneos. En la medida que su obra contribuye a la construcción de una ciudadanía democrática y una sociedad mas justa, constituye un aporte fundamental a la cultura latinoamericana".

El premio. Gelman recibirá el galardón a las 19.30 en el Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria.

Espectáculo. Junto al bandoneonista Rodolfo Mederos, Juan Gelman encabezará un espectáculo en la Sala de las Américas, mañana a las 21.30.

Hoy, la Universidad Nacional de Córdoba entregará por segunda vez su Premio Universitario de Cultura 400 Años. En esta ocasión, el galardonado será el poeta y periodista Juan Gelman, Premio Cervantes de Literatura 2007 y considerado uno de los mejores poetas vivos en el mundo de habla hispana (Ver Sorpresa y rechazo, por Oscar del Barco).

Será a las 19.30 en el Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria.

En la resolución firmada por la rectora Carolina Scotto se explica que el premio (entregado antes a Miguel Ángel Estrella) se entrega ahora a Gelman por ser “considerado uno de los grandes poetas contemporáneos latinoamericanos, cuya obra está enmarcada por un fuerte compromiso social y político y su vida, por la defensa de los derechos humanos”.

La resolución considera también que la obra de Gelman “delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del realismo crítico y el intimismo cuanto con la apertura hacia otras modalidades” y que “tanto la obra de Juan Gelman como su vida constituyen un aporte fundamental a la cultura latinoamericana en pos de la construcción de una ciudadanía democrática y una sociedad más justa”.

Rechazo. El premio despertó el rechazo de Oscar del Barco, profesor de la UNC, filósofo, poeta y autor de los libros Alternativas de lo post humano y El otro Marx , entre otros. Opina que hay una contradicción entre la vocación democrática de la Universidad y el hecho de que Gelman apoye a la dictadura cubana: si la UNC hace de la libertad un valor esencial, entonces no debería premiar a una persona que apoya a Fidel Castro. De acuerdo con del Barco, también entran en contradicción esos valores con la participación de Gelman en crímenes ligados a la lucha armada en la Argentina y con el hecho de que Gelman nunca haya hecho una autocrítica.

Del Barco, fundador en la década de 1960 de la revista Pasado y Presente junto a Francisco Aricó, expresó por primera vez en público su opinión respecto de la responsabilidad de Gelman en los asesinatos de sindicalistas, políticos, policías y miembros de Montoneros en diciembre de 2004. Lo hizo en una carta que envió a la revista cordobesa La Intemperie que –junto al reportaje a Héctor 
Jouvé que la motivó– inició un profundo debate en torno de la lucha armada en la Argentina.

Jouvé, ex integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), relataba cómo habían sido las ejecuciones de Adolfo Rotblat y Bernardo Groswald (miembros de la organización) en el monte salteño. En su carta, Del Barco se declaraba responsable de esas muertes por el hecho de haber apoyado al EGP. “Todos los que de alguna manera simpatizamos o participamos, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en la FAR o en cualquier otra organización armada, somos responsables de sus acciones”, escribió.

Carta. En un pasaje de la carta, Del Barco se refirió a Gelman reclamándole que debía “abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares... Debe confesar esos crímenes y pedir perdón por lo menos a la sociedad”.

El texto generó una intensa discusión que tomó el nombre de “No matarás”. Bajo ese título se publicaron las cartas en respuesta que llegaron a La Intemperie y también las dos recopilaciones que publicó la Editorial de la UNC.
. Como profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, precisamente en estos momentos de su acentuada participación en la lucha por los derechos humanos y por la democracia, no puedo dejar de expresar públicamente mi sorpresa y mi rechazo al homenaje que se le rinde a Juan Gelman​ conmemorando los 400 años de la fundación de la universidad.

Y no se trata aquí de discutir el innegable valor de su poesía sino de señalar la contradicción implícita en el hecho de que nuestra universidad, que vive plenamente una democracia por la que ha luchado históricamente y a la que construye día a día, otorgue un premio de honor a un hombre que, como Gelman, fue y es notoriamente partidario de la dictadura existente en Cuba, gobernada desde hace más de 50 años por un dictador como Fidel Castro, quien instauró un régimen de represión política, de persecución cultural y de discriminación sexual.

Por otra parte Gelman participó en cargos de responsabilidad de un movimiento político-militar (Montoneros) que asesinó a sindicalistas, políticos, policías e incluso a miembros de la propia organización acusados de indisciplina.

Nunca Gelman hizo un acto público de autocrítica explicando cómo se tomaban y se ejecutaban las condenas a muerte, y mucho menos pidió perdón a los familiares de las víctimas de las acciones guerrilleras. También esas víctimas tenía padres que las lloraban como él ha llorado la trágica y despiadada muerte de sus hijos. No se trata de política ni de poesía, sino del acto esencial de toda comunidad, el acto de soberanía ética. No un deber ser abstracto y trascendente sino una responsabilidad viva frente al semejante.

Esta crítica a un premio que contradice el fundamento democrático de la propia universidad actual, a la que pertenezco y en la que participo, no puede ser utilizado en contra de la misma ni para descalificar las acciones del gobierno de nuestro país.

domingo, 24 de julio de 2011

CIUDATANGO: Un tango para General Pico






Tu mirada pluvial
en la vereda
me humedece hasta el pelo
y la nostalgia
y en un guiño de pájaros
violetas
me desprendo el botón
de la mañana.
Ciudatango
te busco y no apareces
en los pasos zaguanes
de tu hastío
donde un norte de ochavas
y glicinas
aún lastiman
la zurda de mi vida.
Mina con el escote
hasta las ganas
y un cinturón
tapando la vergüenza
trenzas de pájaro y caldén
y una tormenta
en los ventosos muslos
apretados.
Ciudad adolescente
tango y pampa
sin tranvías, faroles
ni mateos
guardás en los talones
de la noche
tu risa pueblerina
y tu inocencia.
Pero en la boca impura
de los días
gritás tu desparpajo
ciudadano
maridaje de asfaltos
y trigales
de arrabales con guapo
y mate amargo.
Encendeme una luz
para el olvido
piantame tanta pena
en un abrazo
dame la esquina verde
de los sueños
y tu mano tan gaucha
en las caídas.
Volvamos a los patios
de la infancia
bailemos los acordes
de la siesta
y después
en la orgía de tus brazos
despeiname los miedos
y el pecado.
No aflojés
que la pampa es toda tuya
que el malón de tu sangre
es una fiesta
y en la órbita sensual
del viento macho
vas a parir un hijo
para el surco.
Enancada en los duendes
de la lluvia
bebete el grito fantasmal
del alba.
Date el gusto
gritales tu llanura
y acostate a dormir sobre mi falda.



















jueves, 21 de julio de 2011

AMIGO (Enviado por Diana Irene Blanco)














UN AMIGO ES LA VIDA DOS VECES


Miren cómo sonaba allá en mi barrio agreste este nombre caído en los mares lejanos: Toddy Deussán. Un niño alimentado a lirios. Una flor de su madre que soñaba otra vida.
Supe que no querían que jugara conmigo porque yo era la forma del pánico y el hambre y la más descarada miseria por el mundo.
Pero Toddy, esa gracia hecha de mimbre y aire, vivía hipnotizado por mi gran aventura.
Cuando huía del ojo celoso de su madre se acercaba a mi sombra con cierto desenfado, me mostraba sonriendo sus ignotos tesoros y me buscaba el lado más pájaro del alma. El descubrió en mis ojos cierto país del sueño donde se desnudaba un ángel con harapos, algunos yacimientos de enterrada inocencia y un gran rompecabezas de ternura en mis manos.
Un día, ya vencidos por nuestra resistencia, los padres me dejaron entrar en el santuario, nos sirvieron un río de leche y medias lunas y yo los deslumbré dibujando caballos.
Después, siguió la vida, como siempre sucede, volvió el viento de agosto y crecieron los árboles. Sus padres, que tenían el sueño de otra vida, una tarde ceniza se mudaron de barrio.
Yo olvidé al canillita en un cruce de esquinas, entré al jornal violento del vino y los obrajes. Vestí los portentosos pantalones del viento y descubrí mi oficio de fábula y guitarra. Toddy, se llama Alfredo Deussán, vive en Mendoza. Casó con otro mimbre hace muchos veranos. Seguramente tiene un puñado de niños y es una pajarera su comedor de diario.
Acaso, un año de éstos, cuando vuelva al oeste, llame a su puerta clara y despierte sus pájaros...
Sólo porque un amigo es la vida dos veces. Y desde aquella tarde no dibujo caballos.


Armando Tejada Gómez