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martes, 8 de enero de 2013

REÍRSE DE O REÍRSE CON


Foto: REÍRSE DE O REÍRSE CON


Desde chica he sentido una profunda molestia cada vez que   alguien se  burlaba de otra persona, se reía ante un tropezón en lugar de socorrerla o se mofaba de sus defectos. Sin embargo, tuve que aceptar con el tiempo que la mayoría era así; quien no lo hacía descaradamente lo hacía por la espalda, con lo cual cometía doble infracción.
 Pero la risa es otra cosa. Yo hago un culto de la risa, disfruto riendo y tengo una carcajada que se ha convertido en carnet de identidad. 
La diferencia radica en que me encanta reírme CON LOS OTROS, NO DE LOS OTROS.
 Me parece mezquino, de baja estofa, cruel y dañino reírse de los demás.
Algo muy distinto es tener capacidad de reírse de sí mismo porque es la mayor señal de inteligencia. 
Cualquier necio puede reírse de otro, pero no cualquiera puede reírse de sí mismo y  aceptarse con todo lo bueno y todo lo malo. 
 Por supuesto, a nadie le gusta que se le rían, por lo tanto, sería bueno no reírse de los demás para poner en práctica aquello de “No hagas lo que no quieres que te hagan”.
Reírse de los otros, burlarse, es como el zumbido de un molesto abejorro al que hay que aplicarle una buena dosis de Raid. 
Afortunadamente, hasta la ciencia está demostrando que existen dos tipos de risa: la positiva, constructiva, divertida, sincera, bienintencionada risa y la otra, oscura, lapidaria, la risa del escarnio. Pero ésta, la burlona, la cruel, no tiene las virtudes de la otra.
Una nos beneficia, tiene propiedades curativas. La otra, apenas pone en evidencia una diminuta humanidad.
Sin embargo, hay gente tan amargada  que se siente molesta con la risa ajena y ve en ella un símbolo de lascivia y vacuidad. Gente tan hipócrita que hasta es capaz de reprimir una sonora risotada con tal de simular, de esconder lo que de verdad siente. O gente tan pesimista que ni siquiera se permite el lujo gratuito y bienhechor de una sonrisa.  
Craso error suponer que quien se ríe es menos serio. Una cara circunspecta y cejijunta no garantiza seriedad, madurez ni responsabilidad mayor. 
Nada hay más gratificante que recibir y/o brindar una sonrisa.
De modo que es cuestión de usar bien las preposiciones y, si lo queremos ver en términos utilitarios, darnos cuenta de qué es realmente lo que nos hace bien: Reírnos de o Reírnos con los demás.


Desde chica he sentido una profunda molestia cada vez que   alguien se  burlaba de otra persona, se reía ante un tropezón en lugar de socorrerla o se mofaba de sus defectos. Sin embargo, tuve que aceptar con el tiempo que la mayoría era así; quien no lo hacía descaradamente lo hacía por la espalda, con lo cual cometía doble infracción.
 Pero la risa es otra cosa. Yo hago un culto de la risa, disfruto riendo y tengo una carcajada que se ha convertido en carnet de identidad.
La diferencia radica en que me encanta reírme CON LOS OTROS, NO DE LOS OTROS.
 Me parece mezquino, de baja estofa, cruel y dañino reírse de los demás.
Algo muy distinto es tener capacidad de reírse de sí mismo porque es la mayor señal de inteligencia.
Cualquier necio puede reírse de otro, pero no cualquiera puede reírse de sí mismo y  aceptarse con todo lo bueno y todo lo malo.
 Por supuesto, a nadie le gusta que se le rían, por lo tanto, sería bueno no reírse de los demás para poner en práctica aquello de “No hagas lo que no quieres que te hagan”.
Reírse de los otros, burlarse, es como el zumbido de un molesto abejorro al que hay que aplicarle una buena dosis de Raid.
Afortunadamente, hasta la ciencia está demostrando que existen dos tipos de risa: la positiva, constructiva, divertida, sincera, bienintencionada risa y la otra, oscura, lapidaria, la risa del escarnio. Pero ésta, la burlona, la cruel, no tiene las virtudes de la otra.
Una nos beneficia, tiene propiedades curativas. La otra, apenas pone en evidencia una diminuta humanidad.
Sin embargo, hay gente tan amargada  que se siente molesta con la risa ajena y ve en ella un símbolo de lascivia y vacuidad. Gente tan hipócrita que hasta es capaz de reprimir una sonora risotada con tal de simular, de esconder lo que de verdad siente. O gente tan pesimista que ni siquiera se permite el lujo gratuito y bienhechor de una sonrisa. 
Craso error suponer que quien se ríe es menos serio. Una cara circunspecta y cejijunta no garantiza seriedad, madurez ni responsabilidad mayor.
Nada hay más gratificante que recibir y/o brindar una sonrisa.
De modo que es cuestión de usar bien las preposiciones y, si lo queremos ver en términos utilitarios, darnos cuenta de qué es realmente lo que nos hace bien: Reírnos de o Reírnos con los demás.


miércoles, 13 de junio de 2012

DÍA DEL ESCRITOR

ESCRIBO PARA QUE LA MUERTE NO TENGA LA ÚLTIMA PALABRA*


©Olga Liliana Reinoso



Hoy, 13 de junio, se celebra en la Argentina el Día del Escritor en homenaje al poeta y novelista Leopoldo Lugones, que nació el 13 de junio de 1874 en Villa del Río Seco, provincia de Córdoba, y se suicidó en Tigre, provincia de Buenos Aires, el 19 de febrero de 1938. Personaje polémico y prolífero escritor, fluctuó políticamente entre el socialismo y el fascismo y fue el creador de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E). Más allá de la figura inspiradora, quiero profundizar acerca de esta celebración. Y anotar, como dato llamativo, que esta fecha es una transgresión a nuestra tan argentina tradición de conmemorar las necrológicas. Al menos, el día del escritor festeja un nacimiento. Y eso me parece auspicioso, tal vez porque escribir es crear. Pero en honor a la verdad debo decir que esta fecha pasa poco menos que inadvertida. Y eso me hace pensar en la importancia de ser escritor en la actualidad, especialmente en días en que se discute si al gobierno le importa o no la cultura.

Para organizar las ideas me gustaría comenzar con una definición. ¿Qué es ser escritor? Epicteto, el filósofo estoico natural de Hierápolis, ciudad de Frigia, enseñaba: “Si quieres ser escritor, escribe”. Por si no alcanza, adhiero a la postura de Ernest Hemingway: “Una vez que escribir se ha convertido en el vicio principal y en el mayor placer, solo la muerte puede ponerle fin”. Me gusta esta postura por su componente erótico y porque connota toda la pasión que encierra el acto de escribir. Pero en algunos corrillos existe todavía cierto pudor a la hora de asumir quién es escritor. Modestamente, creo que escritor es aquel que ha hecho de la escritura su máxima y más asidua actividad. Y eso no encierra en sí mismo ningún juicio de valor. Ser bueno o malo es harina de otro costal. ¿O no hay buenos y malos profesionales/empleados/trabajadores en todos los campos?

Qué ambivalencia. Por un lado, somos conscientes de que las actividades intelectuales son poco valoradas en nuestro país; sin embargo, hemos internalizado la concepción de que los escritores pertenecen al Parnaso. Sería bueno, tal vez, encontrar la postura intermedia. Pero para lograr esto, como para tantas otras cosas, hace falta un absoluto sinceramiento y un debate que nos debemos hace tiempo.

Parece que los claustros académicos y las distintas organizaciones de escritores transitan por caminos paralelos. Y ya sabemos que las paralelas no se tocan, nene. Lástima, ¿no? Sería bueno que alguna vez se produjera el encuentro y la discusión. Porque antes de pre-juzgar, conviene conocer.

Para que vean que no esquivo el compromiso, confieso que me siento escritora y que la escritura en general y la literatura en particular, son, para mí, permanente fuente de felicidad. Por eso, celebro este día. Y mando un abrazo a todos aquellos que han hecho de la escritura una manera de resistir a la mediocridad.

Porque “escribir es simplemente un artilugio para buscar respuestas que se persiguen desde el momento de nacer. Pero el poema se vale del ardid de las palabras y en lugar de dar respuestas multiplica las preguntas”.



* La frase del título pertenece a Odiseas Elytis, poeta griego Premio Nóbel de Literatura 1979

martes, 29 de mayo de 2012

EL PERDÓN


©Olga Liliana Reinoso



Dícese del perdón que es la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna obligación pendiente.

También dice el refrán popular que “Errar es humano y perdonar es divino”, es decir, perteneciente a Dios.

Pero los hombres, dando siempre muestras de suficiencia y soberbia, se arrogan ese derecho que los excede, fundamentalmente porque les cuesta ponerlo en práctica.

Suele escucharse con frecuencia: “Yo perdono pero no olvido”. ¿Qué se cifra detrás de ese enunciado? ¿Por qué no se olvida? ¿Para qué? ¿Para estar alerta? ¿Para defenderse? ¿Para no volver a confiar? Esto levanta un manto de sospecha a la grandilocuente declamación: ¿Perdona el que no olvida?

Ni olvido ni perdón, exige la consigna de quienes abrazan la causa por el esclarecimiento de los crímenes durante la dictadura. Y ellos claman por justicia. Entonces, la búsqueda de la justicia ¿implica no perdonar?

Hay quienes piensan que, acaso, el perdón sea ejercicio del poder: alguien, con suficiente omnipotencia, tiene la benevolencia de perdonar a otro ser falible e imperfecto.

Pero ¿se pueden perdonar el desamor, la estafa, el abandono, la humillación? Especialmente, cuando eso ha motivado experiencias negativas que no tienen retorno. ¿Se puede rearmar la personalidad de alguien con la autoestima devaluada por tales agravios? Comentan que el corazón capaz de perdonar se alivia, sana sus heridas, es decir, se beneficia. ¿Por qué, entonces, ya que somos tan utilitarios, nos resulta difícil conceder el perdón?

Tal vez lo que no se pueda perdonar es aquello que se juzga como irreparable. Si algún daño se puede remediar, quizá resulte más fácil perdonarlo.

Puede ser que el perdón sea inversamente proporcional al daño recibido y si es verdad que perdón y olvido son equivalentes, Borges no deja opción: “Sólo una cosa no hay. Es el olvido.”

Aunque tal vez la diferencia entre olvido y perdón radique en la actitud del ofendido. Quien no perdona, recrimina, rememora, alimenta sentimientos negativos. En tanto que, quien no olvida, está atento y no baja la guardia por temor a ser sorprendido nuevamente en su buena fe. Además, es factible que cueste perdonar la traición de alguien muy amado, porque, subliminal y perversamente, es una forma de mantener el vínculo. Quien no perdona, de algún modo, subyuga.

“Cuenta un grupo de discípulos, que iban a tratar con el maestro el tema del resentimiento. Y el sabio les había pedido que llevaran papas y una bolsa de plástico. Ya en la clase, eligieron una papa por cada persona a la que guardaban resentimiento, escribieron su nombre en ella y la pusieron dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana llevaran con ellos a todos lados esa bolsa de papas.”

“Naturalmente, la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento les mostró claramente el peso espiritual que cargaban a diario y cómo, mientras ponían la atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendían cosas que eran más importantes.”

“Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental. Este ejercicio es una gran metáfora del precio que se paga a diario por mantener el resentimiento por algo que ya pasó y no puede cambiarse.”

“Sería muy bueno perdonar y dejarlas ir para llenarse de paz y calma. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario, en pequeñas dosis, pero que, finalmente, nos termina envenenando.”

“Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los máximos beneficiados somos nosotros mismos.”

“El perdón es una expresión de amor.”

“El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.”

“No significa estar de acuerdo con lo que pasó, ni aprobarlo. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que nos lastimó. Simplemente, significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causan dolor o enojo.”

“La falta de perdón nos ata a las personas con el resentimiento. Nos tiene encadenados. La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales.”

Pero también he leído que solamente merece perdón aquel que se arrepiente sinceramente.



lunes, 28 de mayo de 2012

LAS CUATRO ESTACIONES

LAS ESTACIONES DEL AÑO




¿Alguna vez se puso a pensar en que, según la estación del año que más nos atraiga, será nuestra personalidad?

Y no hablo del maquillaje “for export” ni de la imagen marketinera, sino de nuestra verdadera personalidad,

¿Nunca lo pensó? Entonces, un día de éstos, averigüe sutilmente las preferencias de algún interlocutor y luego saque sus propias conclusiones.

Los que optan por el verano son personas superficiales, amantes de las apariencias, cultores de la belleza física, poco propensos a la solidaridad, dicharacheros, perezosos, divertidos, proclives a eludir compromisos, enamoradizos, tal vez por aquello de “los amores de verano”.

Los que prefieren el invierno, en cambio, suelen ser introvertidos, tímidos, de intensa vida interior, despreocupados de su aspecto externo, contemplativos, reflexivos, afectuosos, con cierta tendencia a la depresión y, paradojalmente, hiperactivos.

Aquellos que eligen el otoño como estación preferida, tienen inmensa armonía interior, son conciliadores, amantes de la belleza plácida, degustadores de arte, amantes duraderos y consecuentes, fieles a su palabra, cumplidores de promesas.

Y los fanáticos de la primavera padecen una eterna adolescencia con los consecuentes síntomas de inmadurez crónica. Son cándidos, inocentones, bien intencionados, ingenuos, inconstantes, vitales, optimistas.

De más está decir que esto no es exacto, ni siquiera demasiado serio y por supuesto, no tiene absolutamente nada de científico. Es apenas un divertimento que surge de la observación de una misma y de otros congéneres. No sé si tendrá que ver con la fecha de nacimiento o con el momento de la gestación. No sé si será mimetismo con las condiciones climáticas o una cuestión meramente cultural.

Lo cierto es que no se me ocurría sobre qué tema escribir, entonces me puse a jugar con las palabras y salió esta especie de Carta Natal Estacional u horóscopo de equinoccios y solsticios, con lo cual vengo a demostrar que no hay que comprar buzones a cualquier “charlatán de feria” que pretenda convencernos acerca de los rasgos desconocidos de nuestra forma de ser. Que la fórmula más exacta es la introspección para poner en práctica aquella invalorable instrucción: “Conócete a ti mismo”. Y que, jugando jugando, vine a ejercer la medicina preventiva.

Pero mejor sería escuchar buena música, algo de Piazzolla, por ejemplo:

Invernal, porteño invierno como vos, brutal, igual que mi ternura igual, mi propia soledad... Verano porteño. O las cuatro estaciones de Vivaldi, sin distinción, porque todas son bellas.



©Olga Liliana Reinoso

jueves, 17 de diciembre de 2009

LA KRESTA - Reportaje en el Diario de La Pampa

Tapa Kresta jueves 17 de diciembre de 2009

La férrea convicción de la palabra

jueves, 17 de diciembre de 2009
Texto: Graciela Macedo
Fotos: Gentileza O.L.R.



Olga Liliana Reinoso es autora del poemario Estar con vos (1981- Editorial Rayuela), Palabra de Mujer (1991), A Quemarropa (FEP - 1997) y su primer volumen de narrativa se titula Cuentos con descuento (2007 - Ediciones Mis Escritos). Ahora tiene listo otro libro, La Sembradora, que aún espera por su publicación. Dedicó su vida a la docencia y se jubiló hace un año. Dicta talleres literarios y también milita por los derechos de todas las mujeres.
Olga Liliana Reinoso nació un 25 de Mayo, en Buenos Aires. Se crio hasta los cinco años en un campo cercano a Embajador Martini, localidad a la que se mudó su familia para que ella ingresara a la escuela primaria. Cursó casi toda la secundaria en el Colegio María Auxiliadora de Santa Rosa pero terminó quinto en el Instituto Heguy de Intendente Alvear. Luego se trasladó a Córdoba con la ilusión adolescente de “correr tras la justicia”, y se inscribió en la Facultad de Derecho, pero... “al poquitito tiempo me di cuenta que la justicia estaba en cualquier lado menos ahí”, recuerda con una sonrisa y meneando la cabeza de un lado a otro, en un alto del XXV Encuentro de Escritores que tuvo lugar hace un mes en el Centro Cultural Maracó de General Pico.- Bueno, menos mal que te diste cuenta al “poquitito” tiempo.- Sí, pero no... no me animé a dejar enseguida, por no enfrentar a mis viejos. Si bien ellos no eran para nada terribles, me costó horrores tomar la decisión, hasta que finalmente sí, la tomé. Mientras estudiaba Abogacía escribía. En realidad escribo desde los doce años. Poesía hasta los cuarenta y ocho años y desde hace diez que me dedico casi con exclusividad a la narrativa. He descubierto otro mundo, con el que me divierto muchísimo.- ¿Cómo se dio ese pasaje de escribir sólo poesía a dedicarte casi de lleno a la narrativa? - La poesía es desgarrante, uno se desnuda y entrega el alma y las vísceras. Yo creía que la narrativa no era para mí, que no tenía capacidad para hacerlo, hasta que por un hecho fortuito me di cuenta de que a alguien le interesaba lo que yo escribía. Ya he sacado mi primer libro de cuentos. Los tres primeros son de poesía, pero el cuarto es de cuentos.- Poesía, narrativa ¿y también ensayo?- Sí. También probé con el ensayo y tuve mucha suerte porque gané un premio que era visitar La Habana para el Congreso Pedagógico. Pero antes había sucedido un hecho familiar que para mí fue determinante. Mi hija había cumplido quince años el 8 de mayo de 2000 y no quiso una fiesta grande, hicimos apenas una reunión íntima. Ella quería viajar al Caribe y yo le prometí que la llevaría, pero que no sabía cuándo porque no tenía los medios.- ¿Y entonces...?- Cuando leí la convocatoria a participar de un concurso docente y que el premio era ir a Cuba, dije: “Esta es mi oportunidad. Yo voy a ganar este premio, le pago el pasaje a Belén y nos vamos juntas”. Esto fue en el año 2000 y en febrero de 2001 estábamos en Cuba. Cuando nos entregaron el diploma en Santa Rosa, un periodista me preguntó y le dije: “Este premio es consecuencia de mi gran amor de madre, lo hice para cumplirle el sueño a mi hija y lo logré. El amor de madre es todopoderoso”.- ¿Cuál era la temática del ensayo? - Era un ensayo sobre temas educativos y había como tres variantes. Yo elegí la que se llamaba “Educar para la Paz”, porque creo en la no violencia, en el afecto, en el vínculo del docente con el alumno. Soy maestra normal nacional, pero he trabajado en todos los niveles porque mi título me habilita para hacerlo. Tuve la oportunidad de dar clases en todos los niveles, incluso de trabajar con adultos. Acá en Pico hay familias enteras que han sido alumnos míos.- ¿Y en qué anda hoy Olga Reinoso? - Tengo un volumen de cuentos a punto de salir y también un libro terminado, algo “sui géneris”, donde mezclo todos los géneros. Es una pincelada autobiográfica de mi trayectoria como docente, porque yo me jubilé el año pasado con todo el desánimo y toda la desazón, decepcionada del sistema, de la docencia, de todo. Pero algo me dijo que yo tenía que salir a buscar la pasión perdida y empecé a escribir este libro. Cuando lo terminé, la pasión estaba intacta, porque yo voy a seguir siendo maestra hasta el fin de mis días pero necesitaba juntar las piezas y darme cuenta de que me había llevado conmigo lo mejor de la docencia, que es el afecto de mis alumnos.- Contame de tu nuevo libro, ese que todavía espera su momento.- Este libro se llama La Sembradora, porque hice un parangón con la parábola del sembrador, que va tirando las semillas que caen en distintos lugares hasta que finalmente caen en tierra fértil y germinan. Siempre digo que con que un alumno haya recibido lo que mínimamente le pude brindar, me siento satisfecha, porque nunca me creí la dueña del saber, siempre estuve abierta a aprender -y aprendí- de ellos. Soy una eterna aprendiz de la vida, soy curiosa, me gusta saber, ahondar, estudiar, investigar, profundizar, aprender de todo y de todos. Y lo que recibo de regreso es maravilloso.- Ahora que estás más dedicada a la narrativa, ¿has dejado de escribir poesía? - No. Escribo menos poesía, pero no la abandoné. Ahora lo que hago es jugar con todos los géneros. En La Sembradora, el libro que ya está listo para llevar “al horno”, en cuanto tenga con qué, mezclo la narrativa, el diálogo, la nota de opinión, la poesía. Todo.- ¿Cómo ves a Pico, desde la literatura, sus poetas y escritores? - Yo no soy de Pico pero vivo acá desde hace veintiún años, desde el ’88. He dictado y sigo dictando talleres literarios. Desde que yo vine a esta ciudad, ha habido un crecimiento descomunal. Antes, la gente seguramente escribía, pero lo hacía en su casa. De a poco nos fuimos despertando, nos fuimos juntando y pasaron cosas que hicieron que nos fuéramos encendiendo.- ¿Por ejemplo? ¿Qué cosas?- Cristina Fernández, nuestra antecesora, armaba un café literario que se llamaba “Letras en el Andén”. Un día decidió terminar con eso y nos pasó la posta. Así nació el Grupo de Escritores Piquenses (GEP), del que he sido socia fundadora y presidenta. Ahora ya no formo parte de la comisión, pero sí estoy presente en cuanta actividad literaria haya. Lo que no quiero son obligaciones, ni horarios, pero si me necesitan, ahí estoy.- Sé que también sos una gran luchadora por los derechos de las mujeres. - Soy una mujer comprometida, yo digo: militante. El género es para mí una militancia porque siento que ninguna mujer puede dormir tranquila si hay otra mujer que está sufriendo vejámenes, maltratos, trata, abusos, prostitución, violaciones, asesinatos. Creo que las mujeres tenemos que comprometernos, tenemos que luchar contra todo eso.- ¿Cómo se traduce en tu vida ese compromiso? - En todo lo que yo hago, la cuestión de género está presente. Todo lo hago desde mi lugar de mujer. No me resulta indiferente el dolor de mis congéneres, o cualquier problemática que nos afecte. Muchos de mis textos hablan de mujeres golpeadas, de abusos, de las mujeres orientales que sufren la falta total de sus derechos. He recreado textos bíblicos donde el hombre es el “santo varón” pero la mujer aparece invisibilizada y es a quien le han matado diez hijos. La idea es sacar a la luz todas estas problemáticas e invitar a la reflexión, hacer pensar. - ¿Sentís que tu herramienta para luchar contra estos flagelos es la palabra? - La literatura me sirve muchísimo para hablar de todas estas cosas. Recuerdo que Gabriel García Márquez decía en un reportaje: “Yo no soy un realista mágico, soy un realista social”. En el Caribe se abre la ventana, se mira y se copia. Yo escribo lo que me pasa y lo que me roza en la vida. A mí la vida me atraviesa, no me pasa por al lado y me resbala. Me duele el dolor ajeno tanto como el dolor propio. Y sobre todo eso hago literatura, así que tengo material para rato.

© 2009 El Diario de La Pampa http://www.eldiariolp.com.ar/index.php?option=com_content&task=blogcategory&id=25&Itemid=43

Cecilia Grierson



jueves, 17 de diciembre de 2009
Cecilia Grierson descansa. Por la ventana del cuarto se van desdibujando las líneas diurnas del paisaje de Los Cocos. Abril es un ramillete otoñal de flores gualdas.Cecilia intenta dormir.
Su cabeza de copos de nieve reposa sobre el almohadón de plumas. En la duermevela febril de la agonía su mente se sube al tiovivo incesante de la memoria y a lomo de un caballo de recuerdos galopa entre el pasado y el presente. Por momentos se sobresalta y abre los ojos, azorada. Le hace una seña al ama y ella, solícita, le moja los labios. Pero Cecilia indica, con su mano higuerosa, el libro que yace sobre la mesita de noche. Lee por enésima vez la dedicatoria de su tío abuelo, John Parish Robertson.‘Dear Cecil: Envuelta en la mágica dicción del escritor, encontrarás aquí todo lo que la imaginación conciba de descollante, lo que la razón requiera de profundidad y justeza, lo que el humor pueda exigir de cortesía, vigor y sencillez. Atraviesa tú misma este lugar de las pampas de cuyo nombre sí quiero acordarme y luego de beberte todos los buenos aires, enfrenta a los gigantes intolerantes de la Facultad de Medicina. Aunque no puedas verme, yo seguiré siendo tu fiel escudero. I love you, Grandfather JohnSonríe levemente y vuelve a cerrar los ojos. Se ve a sí misma ungida caballero frente a las ominosas autoridades de la Universidad de Buenos Aires cuando, después de la muerte de su entrañable amiga Amelia Köenig, decidió matricularse en la Facultad de Medicina y tuvo que hacer su propia defensa para obtener un permiso especial por el simple hecho de ser mujer. Pese a los comentarios malévolos y las burlas de sus compañeros, siguió adelante con excelentes resultados. Pero recién en 1886, durante la epidemia de cólera, cosechó los primeros reconocimientos sinceros al atender a los enfermos de la Casa de Aislamiento.De pronto, la rodean. Alicia, Elvira y Julieta se sientan a los bordes de la cama y hablan con fervor genuino acerca del Partido, de la completa igualdad jurídica de las mujeres, del divorcio, del mejoramiento de la maternidad.Cecilia presiona su ajado vientre huérfano y revive el momento en que estuvo habitado por un niño que nunca creció.Entonces, alguien entra. A pesar de los años transcurridos reconoce de inmediato su sonrisa tímida y su rostro aniñado. Es Emilio, Emilio Coni, el único compañero que la respeta y admira. Ha venido a buscarla. No lo duda un instante y de inmediato trasponen el umbral tomados de la mano.El ama dormita en la mecedora, ajena a la celebración que estalla en el corazón de Cecilia. Ella es otra vez la joven médica llena de ilusiones que corretea por la campiña escocesa de sus ancestros.

Lavanderas
jueves, 17 de diciembre de 2009
Los balcones escupían la ropa colgada.Cándidos pañales, sábanas lujuriosas, manteles golosos, redimidos corpiños, calzones gigantescos, pantalones que guardaban secretos, vestidos acariciantes, calzoncillos lastimeros, trusas insoportables, laboriosas camisas y medias de siete leguas.
El viento del mar los hamacaba, los enredaba, concertaba citas, consagraba matrimonios. Un enjambre de sedas y percales disfrutaban la orgía de ese día de sol, arcoirisando la mañana con su holgorio de colores chillones o desteñidos, de penas a medio lavar, de aguas mutiladas.- Agua que no has de beber -gritaban las mujeres de la vereda impar.- Déjala correr -respondían a coro las de la vereda par, montando una doméstica opereta de jabón en barra, pastillas de azul y gotas de cloro.Ni el Mercado Común, ni los euros, ni el Banco de París, ni la globalización podrán acallar nunca la sensual melodía de la ropa lavada: sutil filigrana que se escapa de la imaginación feudal del medioevo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Qué queremos LAS MUJERES?

Este artículo salió hace algunos años en La Reforma. Revolviendo y acomodando papeles lo encontré. Y como sigo pensando igual, tuve ganas de ponerlo.