lunes, 24 de enero de 2011

PAPÁ NOEL (La vejez)

PAPÁ NOEL

Seguro que mamá duerme, así que si camino en puntas de pie por la galería voy a poder escaparme sin que se entere. Ya está. Llegué al patio. Corro y de un salto me siento en la hamaca. Le pido al viento que me empuje fuerte, fuerte, así llego a las nubes y remonto vuelo hasta la casa de Papá Noel. En el buzón colorado como mis cachetes cuando digo mentiritas, meto la carta que escribí esta mañana.
Desde acá veo el trineo, dispuesto para la carrera que tendrá que correr a fines de diciembre para llegar a todas las casas de los chicos buenos del planeta.
Mi amiga Paula, que tiene dos años más que yo, me contó que en una noche de luna llena ella lo vio bien clarito. Y no iba solo, me dijo. Lo acompañaban dos ayudantes, uno en bicicleta, meta tocar timbre y otro en patineta, cantando villancicos. Claro, pobre Papá Noel, sino no podría con todo, ya está viejito y es muy gordote.
En la carta le pido una calesita para poner en mi jardín y subirme y dar vueltas como en molinete y sacar la sortija mil veces porque no me canso y quiero otra vuelta más, otra vuelta más, otra vuelta maaaaaaás. Ay, me agarró vértigo y vengo a los piques de cabeza al suelo. Pero entre las nubes que se agitan como las olas del mar aparece una escalera plateada llena de lucecitas que se prenden y apagan. ¡Igualito que el árbol de Navidad! Con una pirueta de equilibrista la agarro en el aire y después de balancearme un poco empiezo a bajar rapidito por los escalones.
- Abuela, abuela Lina. Vamos, despiértese que ya tiene el desayuno. Vamos, vamos, no se haga la sorda. Tiene que tomar el tecito y las pastillas para el dolor de piernas.
¿Quién es este estúpido que gira alrededor de la cama? Flaco estúpido. Vos no sos Papá Noel, sos un flaco estúpido que me hace tomar porquerías. Qué dolor de piernas si recién me bajé una escalera a toda velocidad. Nunca vas a subir a mi calesita, nunca. Porque vos sos grande y malo.
Olga Liliana Reinoso

LA GOTA DE LLUVIA


Una gota de lluvia se escapó del techo del quiosco y cayó en la cornisa de una baldosa.
Geraldine pasaba por allí y accionó el tobogán; la gota golosa penetró en el escote generoso y produjo cosquillas en Geraldine. Pero al pasar frente al quiosco, la cosquilla se volvió humedad.
Los ojos de Javier, el quiosquero, la mojaron de punta a punta. Toda ella llovía a cántaros y entonces, Javier, la cubrió con su capa y la secó con sus besos. En el corazón de Geraldine salió un sol radiante. Y la gota de agua quedó pendiendo de su cuello, como un diamante acuoso.

Olga Liliana Reinoso

OLIVERIO






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Contratapa Lunes, 24 de enero de 2011
Arte de Ultimar
Veinte motivos para leer a Oliverio Girondo
Por Juan Sasturain






Cinco por la negativa: las carencias

Uno. No saber quién es. Es el mejor motivo y el que a él más le hubiera gustado. Enterarse de que es –para muchos– el mejor poeta argentino del siglo XX es un dato que puede despertar al menos la curiosidad, primer paso hacia la posibilidad de tener una aventura; quiero decir: una experiencia que nos cambie la vida. Conocer a Girondo vale la pena precisamente por eso: te deja diferente de cómo te encontró.

Dos. No haberlo leído. Es una suerte, como no haber leído todavía a Pessoa o a Pound. O no haber ido a China o no conocer Africa. Se te abre un mundo desconocido, una puerta. A mí me pasó cuando tenía algo más de veinte, en la segunda mitad de los ‘60, y el Centro Editor lo reeditó en una colección barata y popular. Después encontré la edición de Losada de Persuasión de los días, de 1942, en Fray Mocho. Es lo que más me gusta de él. La tengo todavía.

Tres. No leer poesía en general. Oliverio está especialmente indicado para los prejuiciosos o escaldados por algún contacto negativo con textos poéticos que les provocaron desconcierto/rechazo/alergia/fastidio. Girondo se entiende y se disfruta. No necesita exégetas ni mediadores letrados (que los hay, casi en exceso). Jamás un libro suyo se te cae de la mano. Reconcilia con la poesía.

Cuatro. Estar amargado / estar engrupido. La lectura de Girondo (como la de Drummond de Andrade, por ejemplo) vacuna contra la estupidez de la queja sistemática y/o la autosatisfacción del acomodado en su molde comprado a plazos. Ni la hipocresía ni la autoconmiseración.

Cinco. Querer amasijarse / ser un boludo alegre. Incluso en sus momentos más jodones y festivos, Girondo habla en serio: nunca es solemne; y en los momentos de mayor desesperación –que los tiene– tiene la humildad de admirar el Misterio de lo dado y reconocer el Error, la soberbia pretensión manipuladora de saberes e instituciones (incluso el mismísimo lenguaje). Por eso nunca es patético. Te cura de la soberbia elocuente (regodeo en el sinsentido) y de la ignorante (hacerse el boludo).

Cinco por la positiva: los libros
Seis. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922) y Calcomanías (1925). Su primer libro, desprejuiciado fundador de la vanguardia argentina de los ‘20, son viñetas, croquis, apuntes tomados al paso de Mar del Plata a Venecia, de Buenos Aires y Río de Janeiro a Venecia. Ahí está el “Exvoto”: “Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos para transmitirse los estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas del miedo de que el sexo se les caiga en la vereda”. Famoso. El segundo salió en España, con dibujos suyos. “Calle de las sierpes”, Sevilla, 1923: “Cada doscientos cuarenta y siete hombres / trescientos doce curas / y doscientos noventa y tres soldados / pasa una mujer”.

Siete. Espantapájaros (1932). El primero editado en Buenos Aires, y el más perfecto hasta entonces. Dos docenas de breves prosas inolvidables, algunas inquilinas habituales de toda antología: las setenta y dos acciones amorosas del texto 12. “Se miran se presienten se desean / se acarician se besan se desnudan / se respiran se acuestan se olfatean”. Las maravillosas maldiciones del 21: “Que te enamores tan locamente de una caja de hierro que no puedas dejar, ni un momento, de lamerle la cerradura”. Qué bárbaro.

Ocho. Persuasión de los días (1942). Son poemas existenciales, si cabe; la pura intemperie espiritual sin ningún tipo de franela compensatoria. “Dicotomía incruenta”: “Siempre llega mi mano / más tarde que otra mano que se mezcla a la mía / y forman una mano (...) Por eso es muy posible que no acuda a mi entierro / y mientras me riegan de lugares comunes / yo me encuentre en la tumba / vestido de esqueleto / bostezando los tópicos y los llantos fingidos”.

Nueve. Campo nuestro (1946). Ya a fines del ’30 había vuelto –con la crisis, con la guerra, con el desastre europeo– a mirar para adentro, a reflexionar sobre la cuestión nacional: la cultura, la economía, incluso el paisaje. Hay varias versiones, hasta el cincuenta, de sus poemas a la (redescubierta) pampa primordial, vaca madre, plana nada elocuente. Es el Girondo menos conocido y manipulable.

Diez. En la masmédula (1956). Es el final, el salto en el vacío experimental, la ruptura de las palabras y de la sintaxis, la busca absoluta. Es el Girondo que seduce a surrealistas tardíos (Molina) y marca el camino de la puesta en tensión extrema del instrumento que empujará a la larga a algunos de los mejores, como Lamborghini, a sus propios confines. “El puro no”: “El no / el no inóvulo / el no nonato / el noo (...) / el macro no ni polvo / el no más nada todo / el puro no / sin no”. Apaga y vámonos.

Cinco por cuestión de salud
Once. Saber reír. Con Girondo, el humor irrumpe en la poesía argentina como un pedo en misa, un chiste verde en un velorio, un codazo en un desfile. Se da y concede permisos. Del humor ingenioso –que comparte con Ramón Gómez de la Serna, por ejemplo– saltará al humor negro y escatológico. No es un adorno, ni un chiste. Es una manera (la única digna) de mirar el mundo.

Doce. Cagarse en (casi) todo. La irreverencia (“¡Se celebra el adulterio de la Virgen María con la Paloma Sacra!”, de “Verona”) y la provocación iconoclasta que picotea los bordes de los tabúes con ingenio y desparpajo tienen una violencia corrosiva inusitada. Espantapájaros, por ejemplo, no es sólo una provocación sino un libro memorable, único para su época y para nuestra cultura.

Trece. Saber enojarse. Girondo no es un ruidoso payaso oportunista íntimamente integrado sino un observador feroz de la sociedad y las costumbres perversas de su tiempo. “Lo que esperamos”: “Yo sé que todavía / los émbolos / la usura / el sudor / las bobinas / seguirán produciendo / al por mayor / en serie / iniquidad / ayuno / rencor / desesperanza / para que las lombrices con huecos portasenos / las vacas de embajada / los viejos paquidermos de esfínteres crinudos / se sacien de adulterios / de hastío / de diamantes / de caviar / de remedios”.

Catorce. Celebrar la vida. Porque a la hora de reconciliarse con el mundo, ya despojado del “miasma” del comercio humano, a contrapelo de una “civilización” descaminada, Girondo descubre –y sabe revelar para nosotros– el soberano estupor ante lo natural visto con mirada adánica. “Inagotable asombro”: “Este perro / este perro / ¡Indescriptible! / ¡Unico! / (...) Cotidiano, inaudito / que demuestra el milagro / que me acerca al Misterio / que dan ganas de hincarse / de romper una silla”.

Quince. Angustiarse en serio. Pocas veces en la poesía contemporánea –en la latinoamericana, sólo en Vallejo– la expresión de la angustia ante las cuestiones de sentido que atraviesan al poeta en vida y muerte, alcanza la radicalidad –sin clichés ni recetas verbales o existenciales– del último Girondo. En la masmédula es, como sucede con un solo de Parker, un gesto definitivo e irreductible.

Y cinco porque sí
Dieciséis. El nombre que le pusieron. Llamarse así no suele ser gratis. Qué hace alguien que se llama así. Y de chiquito. Hay que bancársela. Creo que en su caso fue un estímulo: debió estar a la altura, con ese nombre de payaso, equilibrista o político radical al estilo Crisólogo Larralde. Toda su obra es un comentario, una prolongada digresión tragicómica a partir de su nombre.

Diecisiete. La cara que tenía. También tuvo que hacer algo con la cara, remontarla. En eso, como Macedonio (otro que vino con un plus nominativo), ganó cara y equívoca venerabilidad con el tiempo. Era de ojos saltones, dientudo y con mentón fugitivo: las caricaturas de la época son alevosas. La barba lo disfrazó, pero operando al revés de las caretas: lo puso grave, reservando la gracia y la ironía para los ojos.

Dieciocho. Las cosas que hacía. Las jodas famosas, la prolongada estudiantina, su espíritu juguetón, iconoclasta. El memorable lanzamiento por calle Florida, en coche fúnebre, de Espantapájaros, con el muñeco de la tapa, dibujado por Bonomi, convertido en escultura de papel maché, y con chicas vendiendo el libro.

Diecinueve. La mujer con la que se casó. Un hombre también se justifica/explica por las mujeres que amó y lo amaron. Oliverio conoció a la brillante colorada Norah Lange en 1926 y se casaron en el ‘43. Fue su mujer, su amiga, su cómplice talentosa. La oradora de banquetes que supo reunir en Estimados congéneres, la memoriosa de Cuadernos de infancia, la novelista de Personas en la sala.

Veinte. Las fechas del almanaque. Acaso sea un pretexto que hoy, 24 de enero, se cumplan 44 años de la muerte de Oliverio, en el verano de 1967. Norah lo sobrevivió sólo cinco más. El otro pretexto que nos da el almanaque para leer a Girondo es que este año, el 17 de agosto, se cumplen 120 de su nacimiento en 1891. A ver si nos acordamos.

domingo, 23 de enero de 2011

ENTRE ESTE TIPO Y YO HAY ALGO PERSONAL

Hace dos días publiqué en este blog una nota enviada por una amiga vía correo electrónico, en la que se hacía referencia al programa de Tinelli y hablaba de incumplimiento "de un sueño". Inmediatamente, recibí dos comentarios firmados por personas con identidad incompleta, ya que uno era Juan y el otro/a Anónimo, que decían que se trataba de correo basura que involucraba a gente inocente. Ante la falta de certeza -tanto de un lado como del otro- y porque realmente se hacía mención de una "soñadora" contra quien no tengo nada que decir, opté por el principio "in dubio pro reo" y decidí suprimirlo.
Pero como cada día más creo en las causalidades, acabo de abrir otro mensaje en contra de Tinelli. Está firmado por Axel Rivas, director del programa de educación del Cippec (http://www.cippec.org/). La nota aparece en la página web http://ahoraeducacion.com/2010/12/28/el-amargo-triunfo-de-tinelli-por-axel-rivas/

y en la misma se vierten conceptos con los que estoy absolutamente de acuerdo, algo así como mi pensamiento en boca de otro.
Cito:

"Según los docentes, los efectos de la "maquinaria Tinelli" sobre el sistema educativo, son devastadores.
Una maestra lo resumió así; " Tinelli me venció. Tengo que decirlo, no voy a bajar los brazos, pero la pelea ya la perdí".

Los docentes señalan efectos directos e indirectos del fenómeno Tinelli; niñas de 8 años bailando sensualmente en el mástil de la bandera; una gran proporción de alumnos que se acuestan diariamente a las 12,30 para ver el show y llegan dormidos a la escuela; cambios en el lenguaje, cada vez más rudimentario y agresivo; incontables horas escolares en las que los alumnos comentan solamente las novedades de Tinelli, como si nada más existiera en sus vidas.

La lógica del programa lo dice todo. La fama como valor sin ningún esfuerzo, mérito o respeto; la arbitrariedad payasesca del jurado y las reglas cambiantes y "arreglables" del concurso; el maltrato y la agresión como forma de rating-relación; la exposición de la intimidad como método de venta.

Casi podría decirse que éste conjunto de valores parece un "anticurriculum", un verdadero reverso de la escuela deseada.

¿Quién querría que la escuela eduque en éstas lógicas? Pero incontables padres dejan que sus hijos se adapten a éstos valores diariamente."

(...)"No podemos escuchar más a un docentes decir que Tinelli lo venció.

Todos debemos responder ante lo que contemplamos en la pantalla silenciosamente. En ése silencio se forma la cultura dominante, nunca antes tan banal y tan cínica.

En éstos días de "tinellización" de la realidad, se juega buena parte del destino educativo.

Esto debería asombrarnos, para despertar del letargo y responder con armas educativas y éticas, que hoy parecen "contraculturales"." (Fin de cita)


Desde mi humilde lugar de docente y trabajadora de la cultura, hace 20 años que sostengo a viva voz el daño que este conductor y su entorno han producido en la sociedad argentina -muy especialmente en las generaciones de jóvenes a los que culpamos de todo-. También sostengo que detrás de un chico "que se porta mal" hay un adulto que no se hizo cargo. Y en este caso en particular, es inmensa la cantidad de adultos "tinelliadictos" que con la excusa de que les gusta ver bailar, consumen toda la basura (ESTO SÍ ES BASURA) tinelliana.

Recuerdo una frase de Gandhi (si la memoria no me traiciona): "el peor acto de la gente mala es el silencio de la gente buena".
En la nota acusada de apócrifa también hay conceptos que quiero rescatar. Cito:


"Hace rato que venimos asistiendo a esta desnaturalización que promueve
Tinelli aparentemente sin límites, instalando en el imaginario
colectivo la idea de que es "normal" o "natural" que la mujeres se
desnuden y se presten para las consignas más degradantes, y las
personas en general se rebajen a ser objeto y pierdan lo que las
dignifica y humaniza por dinero (y hablamos de TODOS los participantes
del programa).


Promueve además de misoginia y prostitución (no sólo de las mujeres),
la desvalorización absoluta de las personas y de la VIDA.

Agravado porque utiliza un doble discurso (Bailando por un Sueño, un
sueño que supuestamente es para ayudar a otro/s a costa de ofrecerse
en la pantalla como objeto).
A esta gente (hablo de Tinelli) entre todos le estamos llenando el
arca de millones de pesos!!!!!!!! PARA PENSAR!!!!!!!!!!
La propuesta es:
*DEJÁ DE VERLO (sin excusas)
LA MEJOR MANERA QUE TENEMOS A NUESTRO ALCANCE PARA DECIR "NO" ES
CAMBIANDO DE CANAL O APAGANDO LA TV.
* NO LE DES RATING al desamor, al vacío, a desvalores, a la
pornografía disfrazada ...
* RECHACEMOS A LAS EMPRESAS QUE LO APOYAN Y NO COMPREMOS SUS PRODUCTOS." (Fin de cita)


Como no quiero hacer uso del silencio cómplice, una vez más he dicho lo que pienso.




There is a new comment on the post " El amargo triunfo de Tinelli, por Axel Rivas*". http://ahoraeducacion.com/2010/12/28/el-amargo-triunfo-de-tinelli-por-axel-rivas/

Author: armando marval

Comment: Tiene toda la razón. Lo que está ocurriendo con los canales y algunas emisoras de radio es una locura, ya que nadie ejerce el control al que el Estado está obligado, paracensurar conductas como las que comenta el editorial. Hay que recordar que todos los medios electrónicos que partticiparon de un concurso público para obtener una licencia, presentaron obligatoriamente una carpeta en la que proponían la programación, que debía cumplir estrictos niveles de calidad. Por qué el gobierno no actúa y castiga a ésos medios por "inclumplimiento de las pautas convenidas"? O le tiene miedo a los Tinelli y González oro????????

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viernes, 21 de enero de 2011

PLATH y HUGHES





Viernes, 21 de enero de 2011
CONTRATAPA

Me faltó decirte



Por Juan Forn




El invierno de 1963 fue el peor del siglo en Inglaterra. El país estaba paralizado, el agua se congelaba en las cañerías, había cortes de energía y escasez de carbón. La desolación de ese invierno dejó muchas imágenes pero ninguna ha logrado resumirla más cabalmente que la madrugada del 11 de febrero, cuando Sylvia Plath entró en el cuarto de sus hijos, les dejó dos jarros de leche y dos panes con manteca, se encerró luego en la cocina, selló puerta y ventana con toallas mojadas, abrió la llave de gas y puso la cabeza dentro del horno.

La escena es tóxicamente célebre: los hijos de Plath tenían uno y dos años; ella acababa de cumplir los treinta y estaba escribiendo como nunca antes en su vida; a las nueve de la mañana debía llegar al departamento una niñera recomendada por el psiquiatra de Plath (que había intentado en vano convencerla para que se internara o, al menos, se dejara ayudar); los bomberos debieron echar abajo la puerta para salvar a los niños; el padre de las criaturas, el también poeta Ted Hughes, no aparecía por ningún lado. La escena pedía a gritos un culpable y Hughes daba el papel a la perfección: todo Londres sabía que la separación de la pareja se debía al borrascoso romance de Hughes con otra poeta llamada Assia Wevill.

El matrimonio de Hughes y Plath parecía bendecido por las musas: él era la gran promesa de la poesía inglesa, ella su equivalente norteamericano. El venía de clase baja rural de Yorkshire, ella de la intelectualidad judía de Boston. El hablaba de las fuerzas oscuras de la naturaleza; ella de los campos de concentración de la mente. Menos de dos horas después de conocerse en Cambridge, ya habían tenido sexo y se habían dedicado un poema uno al otro. Bajo el influjo de esa fiebre se casaron. Pero, como dijo el gran Seamus Heaney, “cuando dos poetas tan originales se unen, cada línea que escribe uno le da al otro la sensación de que le fue extraída de su cráneo. A cierto grado de intensidad creativa, que la musa le sea infiel a uno con su pareja debe de ser más insoportable que verla enredada con un ejército de amantes”. Plath logró encontrar su verdadera voz al separarse de Hughes, como quedó en evidencia cuando aquellos poemas finales se publicaron después de su muerte. Hughes fue el responsable de la edición. Lo acusaron de dejar afuera los poemas que más duros eran con él, aunque los que había dejado eran igualmente duros, y eran mejores poemas. Plath no era un novata en la ceremonia del suicidio. De hecho, creía que la seriedad de sus intentos (uno en EE.UU., dos en Inglaterra) la autorizaba a hablar como lo hace en su célebre poema “Lady Lazarus” (“Morir es un arte / yo lo hago excepcionalmente bien / se diría que tengo el don”). Robert Lowell, que prologó aquel libro póstumo y que también habría de suicidarse, dijo que esos poemas “juegan a la ruleta rusa con seis balas en el cargador”. Pero entonces Assia Wevill hizo ella también La Gran Plath (hornallas, gas, todo) con el pequeño adicional de que se llevó al otro mundo a la hijita de dos años que había tenido con Hughes, y el veredicto quedó sellado para siempre.

Hughes se fue a vivir al campo con los dos hijos que le dio Plath. Dijo que su vida estaba terminada; que sólo sobrevivía póstumamente (volvió a casarse, es cierto, pero con una enfermera, signifique lo que signifique). En sus escasas apariciones públicas le gritaban asesino. Una feminista le dedicó una famosa diatriba que empezaba “Yo te acuso, Ted Hughes...”. La tumba de Plath era sistemáticamente vandalizada para borrarle el Hughes del “Sylvia Plath-Hughes” que figuraba en la lápida (y, cuando Hughes mandó adecentar la lápida, lo acusaron de querer anonimizar la tumba de Plath). Así fueron pasando los años hasta que, en 1998, poco antes de sucumbir al cáncer, Hughes dejó listo un libro titulado Cartas de cumpleaños. Como el Ariel de Plath, también se publicó póstumo. Es, en opinión unánime, el mejor libro de Hughes. Consiste enteramente de poemas dirigidos a Plath. Desde mediados de los ’60, Hughes había empezado a escribirle cartas a su mujer muerta el día del cumpleaños. Eran poemas que bajaban solos, que no podía ni corregir y que le parecían tan privados que dejó que se fueran acumulando en el fondo de un cajón. Nadie supo de ellos hasta que salió Cartas de cumpleaños. Después de décadas de obstinado silencio, aquel puñado de poemas ofrecía todo lo que Hughes tenía para revelar sobre Plath y él y Assia Wevill (“¿cuánto de tu muerte se debió a mis insanas decisiones? / ¿y cuánto de la muerte de ella a mis insanas indecisiones?”).

Los plathianos acusaron al finado de “falsear la verdad de los hechos desde la tumba” mientras se apresuraban a agregar a sus biografías y estudios sobre Plath hasta el más mínimo insight sobre la pareja que ofrecían los poemas. Hughes sólo se abstenía de hablar de aquella madrugada fatal de febrero de 1963. Recién el mes pasado se supo (y armó flor de revuelo) que dejó fuera de la versión final de Cartas de cumpleaños un poema que iba a titular “Ultima Carta”, que comienza diciendo “Qué pasó aquella noche, tu última noche” y termina cuando una voz en el teléfono deposita en el oído de Hughes esas cuatro palabras como cuchillos: “Su esposa está muerta”. En el poema, Plath quema en presencia de Hughes una nota suicida que le había enviado por correo dos días antes de matarse (el correo inglés era tan eficaz que no le dio tiempo de cumplir su cometido: Hughes irrumpió antes en su departamento). En el poema, Hughes pasa la noche en el piso de una mujer (que no era Assia Wevill, como siempre se supuso), mientras Plath baja una y otra vez al teléfono público de la esquina (en su departamento no tenía) intentando infructuosamente localizarlo. En el poema, Hughes entra ya de mañana en su casa de soltero, se acomoda frente a sus papeles, cuando el teléfono “despertó electrizado y una voz como un arma elegida especialmente soltó en mi oído esas cuatro heladas palabras: Su esposa está muerta”. En el poema, como en el resto del libro, Hughes se dirige evidentemente a Plath, como un hombre que está por morir le habla a su esposa muerta. Pero los plathianos siguen convencidos de que Hughes se dirigía a ellos: es tan necio su morbo que siguen creyendo hasta hoy que alguien les debe explicación por lo sucedido aquella madrugada de 1963.

Uno de los hijos de Plath y Hughes, el varón, Nicholas, se ahorcó en su casa de Alaska hace un año. Vivía allí solo, aislado del mundo. La hija mujer, Frieda, es la única que sigue viva. Cuando se estrenó hace poco una infame biopic con Gwyneth Paltrow haciendo de Plath, publicó un breve poema que dice: “Ahora hay una película / para aquellos incapaces de imaginar solos / su cadáver, su cabeza en el horno / Y dicen que yo les debo sus últimas palabras / Porque algo hay que poner en boca / de ese monstruo que han creado / Ya saben quién: Sylvia, La Muñeca Suicida”.


ÚLTIMA CARTA

¿Qué ocurrió esa noche, tu última noche?
Doble, triple exposición de todo.
Viernes en la noche, la última imagen tuya viva, quemando en el cenicero la carta que me enviaste, con esa sonrisa tan extraña.
¿Qué fue lo que dijiste sobre los restos humeantes de esa carta, aniquilada tan cuidadosamente, con tanta calma?
Eso me permitió dejarte ir, y soplar las cenizas de tu plan cerca del cenicero, donde me dejaste ver el teléfono del doctor.
Mi huida se había convertido en una presa de caza, insomne, desdesperanzada, con los sueños exhaustos.
¿Qué pasó esa noche con tus horas? Nadie sabe, es como si nunca hubiese pasado.
Qué acumulación de tu vida, como un esfuezo inconsciente, como un nacimiento que empuja una membrana cada lento segundo. Sólo pasó, como si no pudiese ocurrir, como si no estuviera ocurriendo.
Había empezado a escribir cuando sonó el teléfono.
Una voz, como un arma perfecta o una inyección a medida, fríamente disparó cuatro palabras a lo más profundo de mi oído: “Su esposa ha muerto”.




miércoles, 19 de enero de 2011

LETRA DE LA CANCION PORTA - LA BELLA Y LA BESTIA (CON NORYKKO) (TRASTORNO BIPOLAR)






Es solo una historia más..
La Bella y la Bestia

[Porta]

Ella era bella,
fragil como una rosa,
el era una bestia
esclavo de sus impulsos.

Único dia que les ataron esposas
ya no eran niños,
crecieron, se hicieron adultos juntos.

Todo marchaba bien,
eso parecía en su primera luna de miel
juró serle de por vida fiel
y ella a él,
una historia como otra cualquiera (si)
quien les ve y quien les viera.

Pero el tiempo pasa
y las relaciones se agotan
se cansan,
ella ni lo nota
porque está ciega,
ciega de amor.

Pero él no aguanta la monotonía
ya no quería ser dueño de una sola tía
o eso le decía a sus colegas de copas.

''Yo salgo con otras, pero ella ni lo nota''

Bella estaba ciega
pero no era tonta,
ya dudaba.

Tantas noches sola
cuántas horas de la madrugada.

La primera vez fue la más dolorosa,
te regalo una infidelidad por cada rosa
y es que el perdón será tu debilidad
pero lo que pasa una vez
siempre sufre de una vez más.

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo salir ponerle un fin
ser más fuerte que esa bestia
debo salir
quiero vivir
quiero vivir.

[Norykko]

Tantas cicatrices ya no puedo más
me duelen las entrañas
de tanto sangrar...

No existe un maquillaje que pueda tapar
este moretón que es mi corazón
Ya no sé cuánto más tiempo podré aguantar
ya no me quedan lágrimas para llorar
el peso de estos años me doblan la edad.
En cada rincón tengo un moretón.

Dime que esto no ha pasado
tú dime que el barrio ha olvidado
mañana todo habrá cambiado
y esto será solo un horrible recuerdo.

Sé que me quieres mi vida
yo sé que no habrá más heridas
mañana será un nuevo día.
Y otra vez seremos felices de nuevo.






[Porta]

Empiezan las discusiones,
parece que a él no le gustan,
se vuelve insensible y agresivo
y a Bella le asusta.

Lagrimas caían,tras un empujón
y el primer puñetazo,
te conformas con un perdón
y un simple abrazo.

No quieres darle importancia
porque no quieres perderlo
pero sientes impotencia
y a la vez pánico y miedo.

No puedes creerlo todavía,
después de tantos años
''Te preguntas por qué te has caído en el puente''

El silencio no te ayuda,
sé que no sabes qué hacer,
sabes que fue la primera
y no será la última vez.

Creeme sé que no quieres más problemas
pero no te quedes en silencio
si tu marido te pega.

Porque no le perteneces,
te mereces mucho más.
Ese cretino tiene autoridad
se la das y él se crece.






No puedes detenerle,
no puedes defenderte,
no puedes hacer más que rezar por tener suerte.

Cada dia es más normal
pasar del amor al odio,
se convirtio en algo habitual
otro mal episodio.

Bestia no te quiere
pero quiere que seas suya
para siempre.

''¡Si no eres mía, no serás de nadie! ¿entiendes?''

Bella no podía más,
él cada día era más bestia.

Cuando ella quiso hablar
ya era demasiado tarde,
se dio cuenta de que vivía junto al mal
'La Bella y la Bestia''
Prefiero no contaros el final.

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo salir ponerle un fin
ser más fuerte que esa bestia.
Debo salir
quiero vivir
quiero vivir

[Norykko]

Tu final atravesó mi alma en solo un compás
callaste mis lamentos con brutalidad
me has convertido en un triste numero más
Tu triste corazón fue tu perdición.

Es demasiado tarde para ir hacia atrás
no volveré a tener otra oportunidad
seré solo un mal día en la prensa local
Pero mi dolor sera tu prisión.

Y si yo ahora puediera cambiar en algo tus miserias
daría todo porque entendieras
solo un segundo de mi sufrimiento.

Espero que al menos mi historia
no quede solo en la memoria
Y traiciona nuestra trayectoria,
Que no se repita jamás este cuento.

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo ponerle un fin (¡Porta!)
ser más fuerte que esa bestia. (¡Norykko!)
Quiero salir
quiero vivir. (Trastorno Bipolar)

Sé más fuerte que esa Bestia
debes salir,
vuelve a vivir.

(La Bella y la Bestia)

Sé más fuerte,
camina hacia adelante,
no te rindas,
no te quedes en silencio.

domingo, 16 de enero de 2011

Enviado por Paulina Jusko

Antes que se nos vaya la Ñ (Ma. Elena Walsh)


Y vamos todavía con la Ñ ¿no es linda?


LA EÑE



(María Elena Walsh)


La culpa es de los gnomos, que nunca quisieron ser ñomos.



Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio... Todos evasores de la eñe.



Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños!... ¡No nos dejemos arrebatar la eñe!



Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración.

Ya nos redujeron hasta el apócope.

Ya nos han traducido el pochoclo (pop corn).
Y como éramos pocos, la abuelita informática, ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe, con su gracioso peluquín.



Quieren decirme, ¿qué haremos con nuestros sueños?

Entre la fauna en peligro de extinción, ¿figuran los ñandúes y los ñacurutuces?

En los pagos de Añatuya, ¿como cantarán Añoranzas?

¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo?

¿Qué será del Año Nuevo... El tiempo de ñaupa...?

Aquel tapado de armiño, ¿y la ñata contra el vidrio?


¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?



"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa.Y como la gente, sufre variadas discriminaciones.



Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K...

Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda; la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados, después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.



A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo.

Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta.


Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada, también por pereza y comodidad.


Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños... ¡Impronunciables nativos!...

Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece.

Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido, porque así se nos canta.


No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski.
Ninios, suenios, otonio... Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda, y vuelva a llamarse Hispania.



La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software.

Luchemos para no añadir más leña a la hoguera, donde se debate nuestro discriminado signo.
Letra es sinónimo de carácter...

¡Avisémoslo al mundo entero por Internet!