miércoles, 31 de agosto de 2016

QUE NUNCA ME LO DIGAN
Que nunca me lo digan los grillos de tu boca
ni la espesura fértil de tu mirada
que jamás lo mencione la nieve de tu pecho
ni algún eco tardío de la lluvia.
Que no lo diga el viento
con su alarde.
Ni el pincel de tu mano
en el papel borroso de la tarde que muere.
Que no me lo confiesen tus sueños desvelados
ni el burdo escalofrío
ni tu trenza descalza.
Tampoco la inocencia fatal de una palabra
o la mueca incipiente de un clavel desbordado
que no lo gima el mustio jinete de la noche
ni la leyenda antigua del río interminable.
Ni siquiera un suspiro
ni un dolor entreabierto.
Ni el llanto de una flor en la penumbra
o el útero encendido de una isla desierta.
Que no nazca, no exista, que agonice
sobre la tiesa palidez de la luna.
Que yo nunca me entere.
Que nunca lo sospeche.
Que no perciba huellas en tu arena
ni el sutil aleteo de una duda lejana
me perturbe la siesta.
Que no brote en el huerto
de la hostil nervadura de una mano que atisba,
que las raíces no sorban
de su savia luctuosa.
Que nunca quede inerme en la falda de un libro
ni tras la empuñadura de una llave secreta.
Menos, en la ominosa brisa de los escándalos.
Que yazga en mis zapatos
pisado y pisoteado.
Que su jabón de hieles
no lastime mis ojos.
Que el abismo lo rapte
que se desangre, lento.
Que mis versos se mueran
antes de mencionarlo.
Que sea la mentira mejor incinerada
en el fragor letal de los olvidos.
©Olga Liliana Reinoso

viernes, 29 de julio de 2016

Te reconoceré

En la lumbre añejada del ocaso
en el concierto de la lluvia
en el andar cansino de tu nombre
en las lunas preñadas
en la visita del silencio
en la oscura paloma del olvido.
También entre las olas de la madrugada
 o en la ventana del abrazo:
En el guiño del viento
en la rosada telaraña de la misericordia
en el dislate de las murmuraciones
en la desobediencia del verano
en la agostada risa.
Cintura de la luz
rosa mentida
serenata de paz
vuelo entrevisto
significado de todas las cosas
penumbra
melodía
agua de azahar
llovizna sempiterna.


©Olga Liliana Reinoso

sábado, 9 de julio de 2016

EL DESVELADO

EL DESVELADO

Desde anoche, mejor, desde la tardecita de ayer que ando desvelado. No, qué va a ser por el bicentenario. Eso lo miré en la tele y me fui a dormir.
Lo que no me cierra es esto del desvelo. ¿Qué es el desvelo? ¿Dónde queda? ¿Para qué se juntan ahí? ¿Quiénes se juntan? ¿Qué estarán complotando? ¿Será la cotraindependencia? ¿O será el libertinaje?
Eso es lo que me tiene desvelado.
La señora es clienta nuestra, docente jubilada, escritora, muy simpática, pero siempre seria, correcta. Nada de cosas raras.
Hasta hoy: “Lléveme al desvelo en la 24 al 2500”.
¿Qué? Se termina Pico, esos son los arrabales, los andurriales, el borde, el margen… Y está por oscurecer. ¿Quién va a un lugar llamado desvelo mientras la noche se apea en un feriado puente víspera del bicentenario de la independencia, con un poncho rojo encima y aduciendo que “es la primera vez”, “que no tiene idea”. “Que son cuentos a la carta de Pajaritos en la cabeza”.
¿Me habrá visto la cara? Me parece que acá hay gato encerrado. ¡Y con relaciones!
La operadora grita desde la radio: ¡¡¡En la guía no está!!!
¿Será que a la jovatela se le dio por revolear el moño con esto de la independencia y me pone en aprietos a mí, que soy un hombre casado?
Ahí está whatsapendo con las “amigas” para que le den referencias. Prontuario tendrían que darle. Pero bueno, quién soy yo para meterme en la vida de nadie si después de todo me paga el viaje y encima me da la primicia de dónde queda el desvelo.
Parece que estamos llegando, ahí bajan otros escritores y andan los periodistas de Corpico. Hay que tener coraje.
De afuera no se ve nada raro, bah, no se ve.
Y siguen entrando muy contentos. Yo me voy a seguir averiguando hasta que se me pase el desvelo.

Última duda: jamás pidió un remis para volver. ¿Quién la trajo? ¿O se quedó a vivir en el Desvelo, desvelada y descocada? Más quisiera…

martes, 31 de mayo de 2016

La ley me lo prohibe: 
nunca voy a olvidarte.
Pero, al menos,
sentá jurisprudencia
para que duela un poco menos
tu recuerdo.

sábado, 28 de mayo de 2016

65

65
En la curva final
o en un atajo
que acorta las distancias
y la vida.
Con una luz
que opaca
y le da brillo
a tan austera soledad.
Estoy aquí.
Sobre una cumbre
que me permite ver
todo el pasado.
Un poco encandilada de futuro
intactas las ideas y las manos
leal a las palabras
y al abrazo.
Desnuda de inconstantes pertenencias
y sin la farsa del pecado original.
Con empatía
con dolor
con dudas.
Acabo de bajar en la estación
de los 65 años.
©Olga Liliana Reinoso

lunes, 23 de mayo de 2016