miércoles, 13 de junio de 2012

DÍA DEL ESCRITOR

ESCRIBO PARA QUE LA MUERTE NO TENGA LA ÚLTIMA PALABRA*


©Olga Liliana Reinoso



Hoy, 13 de junio, se celebra en la Argentina el Día del Escritor en homenaje al poeta y novelista Leopoldo Lugones, que nació el 13 de junio de 1874 en Villa del Río Seco, provincia de Córdoba, y se suicidó en Tigre, provincia de Buenos Aires, el 19 de febrero de 1938. Personaje polémico y prolífero escritor, fluctuó políticamente entre el socialismo y el fascismo y fue el creador de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E). Más allá de la figura inspiradora, quiero profundizar acerca de esta celebración. Y anotar, como dato llamativo, que esta fecha es una transgresión a nuestra tan argentina tradición de conmemorar las necrológicas. Al menos, el día del escritor festeja un nacimiento. Y eso me parece auspicioso, tal vez porque escribir es crear. Pero en honor a la verdad debo decir que esta fecha pasa poco menos que inadvertida. Y eso me hace pensar en la importancia de ser escritor en la actualidad, especialmente en días en que se discute si al gobierno le importa o no la cultura.

Para organizar las ideas me gustaría comenzar con una definición. ¿Qué es ser escritor? Epicteto, el filósofo estoico natural de Hierápolis, ciudad de Frigia, enseñaba: “Si quieres ser escritor, escribe”. Por si no alcanza, adhiero a la postura de Ernest Hemingway: “Una vez que escribir se ha convertido en el vicio principal y en el mayor placer, solo la muerte puede ponerle fin”. Me gusta esta postura por su componente erótico y porque connota toda la pasión que encierra el acto de escribir. Pero en algunos corrillos existe todavía cierto pudor a la hora de asumir quién es escritor. Modestamente, creo que escritor es aquel que ha hecho de la escritura su máxima y más asidua actividad. Y eso no encierra en sí mismo ningún juicio de valor. Ser bueno o malo es harina de otro costal. ¿O no hay buenos y malos profesionales/empleados/trabajadores en todos los campos?

Qué ambivalencia. Por un lado, somos conscientes de que las actividades intelectuales son poco valoradas en nuestro país; sin embargo, hemos internalizado la concepción de que los escritores pertenecen al Parnaso. Sería bueno, tal vez, encontrar la postura intermedia. Pero para lograr esto, como para tantas otras cosas, hace falta un absoluto sinceramiento y un debate que nos debemos hace tiempo.

Parece que los claustros académicos y las distintas organizaciones de escritores transitan por caminos paralelos. Y ya sabemos que las paralelas no se tocan, nene. Lástima, ¿no? Sería bueno que alguna vez se produjera el encuentro y la discusión. Porque antes de pre-juzgar, conviene conocer.

Para que vean que no esquivo el compromiso, confieso que me siento escritora y que la escritura en general y la literatura en particular, son, para mí, permanente fuente de felicidad. Por eso, celebro este día. Y mando un abrazo a todos aquellos que han hecho de la escritura una manera de resistir a la mediocridad.

Porque “escribir es simplemente un artilugio para buscar respuestas que se persiguen desde el momento de nacer. Pero el poema se vale del ardid de las palabras y en lugar de dar respuestas multiplica las preguntas”.



* La frase del título pertenece a Odiseas Elytis, poeta griego Premio Nóbel de Literatura 1979

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