jueves, 4 de octubre de 2012

POEMAS DE CAFÉ


EL CAFÉ DE UNA ESQUINA CUALQUIERA

Él está siempre a mano
para encender una luz verde a la locura
y escaparse del vértigo.
En su taller improvisado es donde nacen
los primeros colores.
Allí van las musas
a coquetear con los poetas.
Y desde el fondo del pocillo
un tango duende nos silba madrugadas.
Allí volvemos a sonreír
a quemarropa
y retomamos la intimidad de los susurros
en esas confesiones sin retoque.
Antes de entrar
colgamos la rutina en el cordón
para salir a escena sin disfraz.
Entre el aroma del café y el cigarrillo
la ciudad se confunde con su gente.
Se humaniza. Llora su desamparo.
Inventa un psicoanálisis.
Y nos pide un minuto de silencio.
©Olga Liliana Reinoso

ORÁCULO
 
Miro la borra de café
y te miro.
Solo agoreras formas del adiós hay en tus ojos.
Las palabras sollozan silenciosas
en la mesa de al lado.
Yo sigo viendo el oráculo moreno
dispuesta a zambullirme.
Vos te sacás la alianza
pagás al mozo
y te perdés en el Leteo de la calle.
Yo pido otra taza espumosa
de veneno.
Sin azúcar.

©Olga Liliana Reinoso

LIRA EN BAR MAYOR Y LUJURIA ALLEGRETTO

Una taza humeante
la lluvia envilecida en los cristales
tu voz era un diamante
gorjeos celestiales
 mareaban mi libido a raudales.

Tus ojos me cercaban
en el temprano ocaso humedecido
mi boca  deseaba
procaz, en tus oídos
saborear tus cristales molidos.

Era la tarde bruma
el sabor del café por cada grieta
rebosante de espuma.
Hasta la acera se quedaba quieta
porque quien mucho abarca poco aprieta.

Una canción ladina
fantasma encadenado a mi pollera
subía por la esquina
de tu enhiesta y valiente cremallera
tirando por los aires la remera.

Mi mano ancló en tu pierna
subió y bajó sin miedo y sin premura
la caricia fue eterna
el mozo nos miraba sin censura.
Digamos: disfrutaba esta locura.

Hubo corte de luces,
la tormenta, solícita, ayudaba
en el baño, de bruces
mi boca en arcabuces:
ímpetu mordedura succión baba.

Llegué a la cima amada
troté por tus praderas incesantes
bebí agua deseada
mis manos maleantes
estrujaron tu piel de caminante.

Volvió la luz, carajo
el bar recuperó su maquillaje
tomamos un atajo
y a guarecernos fuimos, sin peaje
hasta la obscena boca de un carruaje.

Qué modo de gozar
el fuego se expandía en cada grito.
No dejé de remar;
el oleaje del mar era infinito
y recorrí mil veces tu circuito.

Mojados de sudor
nos abrazamos, náufragos del día
me untabas con tu olor
a semen y ambrosía
y eran tus manos nuevas melodías.

De pronto te miré,
casi al pasar te pregunté tu nombre.
-              Soy tu amor, regresé.
-              ¿Vos querés que me asombre? –
-              Dulce panal, apenas sos un hombre.

Salimos bajo el llanto
de los dioses. Me dijiste “llamame”
casi muero de espanto.
Te repliqué: “Buscame,
cuando la urgencia exija que te ame”.


©Olga Liliana Reinoso


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