viernes, 11 de marzo de 2011

LA SEMBRADORA


LA SEMBRADORA - Ficción autobiográfica sobre mi trayectoria docente.
Ya entró en imprenta.

HOKUSAI







CONTRATAPA

Pintar la nieve
Por Juan Forn

El que ve por primera vez La Ola de Hokusai no se la olvida nunca más: el mar tendrá para siempre forma de garra en sus pesadillas. El que ve por primera vez El sueño de la mujer del pescador tampoco se lo olvida nunca más: sea varón o sea mujer, se va a pasar la vida añorando experimentar alguna vez en carne propia uno u otro de los roles de esa gloriosa escena (una joven echada de espaldas, con las piernas abiertas, y un pulpo realizándole el cunnilingus más impresionante de la historia del arte erótico). Ni ese mar ni ese cunnilingus fueron pintados con pincel: Hokusai era el rey indiscutido del grabado japonés. Dice la leyenda que Hokusai era capaz de tallar una golondrina en un grano de arroz. Dice también la leyenda que un día en que Hokusai pasaba borracho por el templo que estaban construyendo a la vera del río, en Asakusa, vio un enorme lienzo extendido entre dos columnas de piedra y se hizo traer una de esas tinas en que se preparaba el sake, la mandó llenar de tinta negra y, con una escoba como pincel, pintó un Buda enorme, retrocedió unos pasos para contemplar su obra y comentó, antes de irse a dormir la mona a su casa: “Un caballo podría pasar por su boca. Un hombre podría echarse a descansar en la cuenca de cada ojo”.

No se ha hablado lo suficiente, creo, de lo que era capaz de hacer Hokusai con las palabras. Tiempo después, cuando el templo ya estaba terminado, el Gran Shogun se detuvo allí a su regreso de un día de caza con su halcón y ordenó que el mejor artista del vecindario lo amenizara. Mandaron buscar a Hokusai, éste desenrolló un largo papel de arroz delante de su excelencia, pintó una larga línea ondulada en marrón oscuro con un grueso pincel, sacó un pollo de una canasta, le embebió las patas en pintura bermellón, lo puso a caminar por el rollo de papel, guardó el pollo, se inclinó ante el Shogun y anunció que estaba terminada su obra Hojas otoñales de arce flotando en las aguas del Sumida. El Sumida, vale aclarar, es el río que cruza Tokio. Los jardines del templo de Asakusa desembocan en él, tal como desembocaban en aquel entonces todas las aguas servidas del vecindario.

Hokusai no había nacido en cuna de oro pero casi: su padre era el Pulidor Oficial de Espejos en el palacio del Gran Shogun, en Edo (como se llamaba a Tokio en aquella época). El puesto era hereditario, pero Hokusai se lo cedió sin pensarlo dos veces al hermano que lo seguía y se sumergió de cabeza en el tóxico “mundo flotante” de Asakusa, el distrito rojo de la ciudad, mejor conocido como “la letrina de Edo”. Igual, algo había aprendido el joven Hokusai de su padre porque, cuando entró como aprendiz en uno de los infectos talleres de grabado que había en Asakusa, demostró que se le podía dar a la madera la textura de los espejos. Se calcula que Hokusai hizo más de treinta mil grabados en su vida, y vivió noventa años; lo que da un promedio de casi uno diario. Imagínense un tipo que, en un día cualquiera, hace La Ola, después se va de juerga y le queda tiempo para pintar un Buda gigante con una escoba como pincel antes de dar por finalizada su jornada. Imagínense ahora que son contemporáneos de ese tipo y que viven en la misma ciudad: por sólo 16 sen, lo que costaba un cuenco de sopa con fideos, habrían podido comprarse una lámina de Hokusai en alguno de los puestos callejeros de ukiyo-é en Asakusa.

El ukiyo-é daba para todo. Había quienes colgaban alguna de esas láminas en sus paredes a la manera de los almanaques de gomería (imagínense El sueño de la mujer del pescador en el living de sus casas) y había quienes lo hacían a la manera de un santuario: los pobres que no tenían ni dinero ni medios para ir en peregrinación a los lugares sagrados, como el Monte Fuji, colgaban una lámina del Monte Fuji en sus paredes. Y nadie plasmó el Fujiyama en un grabado ukiyo-é mejor que Hokusai: sus 36 vistas del Fuji son el punto más alto que alcanzó aquella disciplina antes de que comenzara su ocaso. Hokusai se fue a pintar el Fuji desde distintos puntos del Japón porque el shogunato había decidido reducir el libertinaje de la ciudad limitando drásticamente los temas que podían tratarse en los grabados ukiyo-é. Ya que no lo dejaban enfocar en la belleza femenina como él quería, Hokusai decidió hacer foco en todo lo demás. Las japoneses se jactan de que el Monte Fuji es visible desde todos los rincones del Japón. En sus 36 vistas del Fuji, Hokusai pone el Fuji al fondo la mayoría de las veces (como en La Ola) y lo que pone adelante es un retrato del Japón de su época: porteadores en caminos de montaña, campesinos sembrando arroz, geishas con sombrillas contemplando la vista desde un puente, un niño solitario remontando un barrilete en el atardecer, una comitiva real defendiéndose del viento (¿de qué color es el viento?, pregunta un famoso koan-zen).

Hokusai tenía más de setenta años cuando empezó sus 36 vistas del Fuji. Es célebre la declaración que incluyó al fin de la serie: “Desde la edad de seis años tuve la manía de dibujar la forma de los objetos. A los cincuenta años había publicado infinidad de dibujos, pero todo lo que produje antes de los setenta no vale nada. A los setenta y tres aprendí un poco acerca de la verdadera estructura de la naturaleza. Cuando tenga ochenta habré progresado aún más, a los noventa penetraré en el misterio de las cosas y, cuando tenga ciento diez, todo lo que haga, ya sea un punto o una línea, estará vivo. Escrito a la edad de 75 años por Hokusai, el anciano loco por dibujar”. Peor que morir sin llegar a los noventa fue, para Hokusai, que su máximo triunfo quedara opacado en cuestión de meses por la obra de un descarado advenedizo (tenía cuarenta años menos que Hokusai) llamado Hiroshige, que desplazó del gusto popular las 36 vistas del Fuji con sus atrevidas 53 vistas de la Ruta Tokaido, el camino que iba de Kioto y las demás provincias a Edo, el camino de la pureza a la perdición.

El viejo maestro no pudo soportarlo y redobló la apuesta: ofreció al público sus Cien vistas del Fuji, una proeza realizada enteramente en blanco y negro, con preponderancia cada vez mayor del blanco, un trabajo que fruncía el corazón. Pero el veredicto popular ya se había manifestado, y lo que había manifestado era que quería más y más de la colorida y descarada vulgaridad de Hiroshige. Las Cien vistas del Fuji fueron tal fracaso que llevaron a la quiebra no sólo a Hokusai sino también a su impresor. En cambio, las Cien vistas de Edo de Hiroshige recorrerían el mundo (hasta Van Gogh y Monet llegaron a admirarlas). Hiroshige reinó desde entonces en el mundo crepuscular del ukiyo-é, hasta que el almirante Perry llegó con sus “naves del mal” y obligó a Japón a abrir sus fronteras al mundo. Hokusai ya llevaba diez años muerto y olvidado. Hiroshige tomó la tonsura de los monjes budistas y se retiró del mundo. Pero antes de morir rindió homenaje a su admirado rival y maestro: en su última serie antes del retiro, titulada Ruta de montaña de Kisokaido, retrató el país de nieve en un tríptico perfecto, donde todo es blanco, con mínimos trazos de negro, tal como lo habría pintado Hokusai de haber logrado llegar a los 110 años.

Enviado por Susana Martínez

Todas las mujeres bellas son las que yo he visto,
las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas,
las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran.

Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo.
Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio,
o se compran bolsos en tiendas de saldo.
Se pintan los ojos como les gusta
y los labios de carmín de chino.

Las flores del desierto son las mujeres
que tienen sonrisas en los ojos,
que te acarician las manos cuando estas triste,
que pierden las llaves al fondo del abrigo,
las que cenan pizza en grupos de amigos
y lloran solo con unos pocos,
las que se lavan el pelo y lo secan al viento.

Las bellezas reales son las que toman cerveza
y no miden cuantas patatas han comido,
las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas,
las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas.
Las preciosas damas de chándal de domingo.
Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.

Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el medico,
y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas.
Y se ríen libres de los chistes de la tele,
y se tragan el fútbol a cambio de un beso.

Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour,
desgastan las sonrisas mirando a los ojos,
y cruzan las piernas y arquean la espalda.
Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques,
riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos
con la felicidad embotellada de los grandes grupos.

Las mujeres normales son las auténticas bellezas,
sin gomas ni lápices. Las flores del desierto son las que están a tu lado.
Las que te aman y las que amamos.
Solo hay que saber mirar mas allá del tipazo, de los ojazos ,
de las piernas torneadas, de los pechos de vértigo.

Efímeros adornos, vestigios del tiempo, enemigo de la forma y
enemigo del alma. Vértigo de divas, y llanto de princesas.
La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad.

Autor: Mario Vargas Llosa

jueves, 10 de marzo de 2011

ACTO EN LA FACULTAD DE C. HUMANAS - GENERAL PICO

MUJER
Mujer si te han crecido las ideas
de ti van a decir cosas muy feas
que, que no eres buena, que, que si tal cosa
que cuando callas te ves mucho más hermosa
Mujer, Espiga abierta entre pañales
cadena de eslabones ancestrales
ovario fuerte, dí, di lo que vales
la vida empieza donde todos son iguales
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Mujer si te han crecido las ideas
de ti van a decir cositas muy feas
cuando no quieras ser incubadora
diran. No sirven estas mujeres de ahora
Mujer, semilla fruto, flor camino
pensar es altamente femenino
hay, hay en tu pecho
dos, dos manantiales
fusiles flancos¡, y no anuncios comerciales
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Te digo mañana es tarde
te digo que el tiempo apremia,
Te digo mujer que es tarde
Oye el tiempo apremia
Angela Jean...
(Amparo Ochoa)



















Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

Gioconda Belli
8 de Marzo de 2007

Río San Juan - Nicaragua

Enviado por Eduardo




El exito se fundamenta en los fracasos anteriores



El exito suele ser resultado de las desiciones acertadas,

las desiciones acertadas son el resultado de la experiencia,

y la experiencia suele ser el resultado de las desiciones

equivocadas"

martes, 8 de marzo de 2011

HELENA ALÍ

Adiós, querida Helena.
Qué cuadro te pintaste en la sonrisa para ocultar tu dolor.

Donde quiera que estés, haya paz.



Fotos Maracó Digital y Google.

MAL DE AMORES


Cómo enfrentar el ´mal de amores´ EL UNIVERSAL

Ciudad de México Martes 01 de febrero de 2011
Renata Sánchez El Universal

El cerebro nos engaña. Mantiene la ilusión del enamoramiento hasta por cuatro años con tal de que la especie se reproduzca y mantenga; al regresar a la realidad se puede sufrir una gran decepción. Aunque en temas del amor no todo es tan fácil de explicar, el llamado mal de amores o desilusión amorosa aqueja a toda persona que tras vivir un intenso enamoramiento sufre un desengaño que puede sumir a quién la padece en niveles de depresión patológicos al no resolver el duelo.

La psicoanalista Lara Durand explicó en entrevista que la desilusión amorosa es algo difícil de definir porque "cada quien vive el amor de diferente manera, por lo tanto cada quien vive la desilusión distinto. Depende mucho la razón de la desilusión, si fue por un rompimiento por infidelidad, o porque uno hizo algo inesperado que sorprendió y desilusionó al otro".

Lo único cierto es que para vivir una desilusión amorosa tuvo que existir esa "magia" que el enamoramiento causa entre dos personas. Sensaciones que ha decir del doctor Armando Ferreira del Departamento de Biología de la Reproducción de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa son similares a las que generan las adicciones.

"La manera en que actúan algunas drogas es como actúa la pareja a nivel cerebral. Las drogas estimulan ese centro de placer y produce una especie de adicción. De la misma manera en que la gente se habitúa a tomar una droga por el placer que le produce, así nos acondicionamos a tratar de estar en contacto con el ser amado porque produce placer.

"Cuando esta persona desaparece sentimos la frustración porque no hay esa liberación de dopamina y esa sensación de placer que produce el estar en contacto con la persona amada", explicó el especialista en ciencias biológicas.

La psicoanalista añadió que la desilusión no sólo se da con la pareja, sino con uno mismo, con el amor, con todo. La tarea es reconstituirse, vivir el duelo y superarlo.

"Nos desilusionamos de todo. Muchas veces le echamos la culpa al otro, pero habría que ver lo que hicimos para ocasionarlo o si formamos parte de eso otro que hizo el otro. Mucha gente se desilusiona del amor, de tener una relación, es parte del proceso, es normal", dijo.

Sentimientos encontrados y cómo afrontarlos

La ilusión se rompió. Los mecanismos de la naturaleza para cegar aquello que no nos gustaba en la pareja concluyen. El enamoramiento entendido como una serie de respuestas instintivas y no racionales que forman parte de la atracción sexual puede transformarse en amor o simplemente terminar, con hondas heridas de por medio.

"Muchas veces, al principio hay mucho enojo, la tristeza a veces encubre el enojo, pero hay que sentir el enojo para poder superarlo. Sino se siente el enojo se dice que hay un duelo no resuelto. El chiste es que la persona logre enojarse, obviamente tratando de poner todo en palabras y no actuarlo. Osea por ejemplo, si yo troné con mi pareja y ya salió el enojo, no me va a servir de nada irle a gritar o emborracharme o hacer algo así, eso sería actuarlo y la única persona perjudicada sería yo", explicó Durand miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México .

Durante la desilusión se experimenta tristeza, enojo, coraje, odio, frustración, nostalgia. Los buenos recuerdos pueden producir un llanto interminable en quién lo vive o incluso considerar dejar atrás los problemas y volverlo a intentar. Las causas que rompieron el encanto generan otros sentimientos negativos igual de intensos.

Como en todo proceso de pérdida se vive un duelo. El primer paso es afrontar que algo se rompió y superar la negación. Después se viven otras cuatro etapas que pueden variar en orden o incluso ser simultáneas.

La negociación implica tratar de hacer trueques para que regrese la persona o pedir tener la suficiente capacidad para detectar el engaño y no volverlo a vivir. El enojo se dirige desde la pareja, hasta uno mismo y el mundo, es la parte más intensa pero se debe vivir y superar.

Le sigue la identificación con la persona perdida "se mantienen muletillas, sigo escuchando el tipo de música que le gustaba al otro aunque necesariamente a mi ya no me gusta, sigo teniendo los mismos gestos, es para mantenerlo un ratito más", explicó la psicoanalista.

Finalmente viene la aceptación , el hacer consciente que ya no está esa persona y se debe reencontrar a sí mismo y generar un proyecto de vida propio.

"La única forma de superar estos sentimientos es viviéndolos y sintiéndolos. Sintiendo la tristeza de algunos recuerdos, sintiendo la felicidad de otros. No podemos controlar lo que estamos recordando y mucho menos lo que estamos sintiendo, muchas veces nos llega el recuerdo por algún olor, por algo que estamos comiendo, por alguna situación y no hay de otra más que vivirlo y sentirlo y decir esto me recuerda a tal persona que ya no está, me hizo sentir triste, manejarlo y continuar", dijo Durand.

El proceso es elaborar para no repetir. Al decirlo en voz alta poco a poco hacemos consciente de lo que pasó en la relación, expresamos los sentimientos y los comprendemos. Con la terapia o al hablarlo "se cae en razón y se da cuenta de cosas que había hecho que quizá no había visto. Al hablarlo se puede llegar hasta cambiar conductas".

Ni el tiempo cura todo, ni un clavo saca a otro

Muchos pensaríamos que darle tiempo al tiempo, dejar que la tristeza y enojo pasen serviría. Incluso muchos recomiendan relacionarse con otras personas para olvidar al ser amado que nos desilusionó; pero los especialistas niegan que esto pueda ayudar.

"No es tanto el tiempo, más que nada es hablar lo que pasa, lo que pasó, no solamente actuarlo, tratar de no actuarlo. Lo mejor es vivirlo, hablarlo y sentirlo", dijo Lara Durand.

Durand explicó que actuar así significaría tener conductas que son a nivel inconsciente, que nos daña y alarga el duelo.

"Muchas veces cuando hay una ruptura de una pareja ‘El otro va y choca, como sin querer' esa es una forma de actuar el enojo o la tristeza que se está sintiendo o emborracharse "para olvidar" o ser muy agresivo, todo este tipo de cosas donde no se habla y se actúa, en eso no se supera nada", explicó.

"No se puede generalizar. No es lo mismo de una persona que haya convivido 50 años, a una relación de un mes. Aunque hay personas que viven la desilusión amorosa con igual intensidad", señaló el doctor Armando Ferreira.

Sobre si es recomendable empezar una relación u otras durante la desilusión amorosa, ambos especialistas dijeron que dependía de la persona, pero que se podría correr el riesgo de que se hiciera sólo por despecho sin superar el duelo.

Para Durand separar lo sexual de lo afectivo es difícil, pues "en algún punto hay algún sentimiento", lo importante sería hacer consciente el porqué se haría.

Los expertos coincidieron que se podría caer en una espiral de relaciones disfuncionales.

"Desde el punto de vista muy práctico serviría relacionarse con otros. La cosa está en que, y esto se da en ciertas personas, si una persona se va a enamorar de otra y cada vez que se enamora su cerebro lo engaña y cree que la pareja tiene las características ideales aunque no sea cierto, el remedio no sería un remedio funcional porque entraríamos de depresión en depresión. Existen personas que en eso caen y se establece una relación adictiva sino tiene una pareja cree que no vale la pena", explicó Ferrerira.

Es importante buscar ayuda profesional si el enojo o la tristeza se convirtieron en depresión. Generalmente el dolido es el último que se da cuenta, aseguró la psicoanalista Lara Durand.

" Si no se está superando es vital acudir a psicoterapia, porque nos puede afectar a largo plazo más de lo que nos damos cuenta. Podríamos no tener una relación de la misma intensidad, no confiar en el otro, no dejarnos querer; es importante darse la oportunidad hablar con alguien objetivo, que no forme parte de esa persona, para que se pueda dar cuenta de lo que está pasando realmente", dijo Durand.