Era el mes de mayo y la
fiesta de Akha Teej: el día elegido para mi boda en Madhya Pradesh. Hacía pocos
días había cumplido 10 años.
Yo estaba muerta de miedo
y quería desaparecer de ese lugar, quería que alguien se apiadara de mí y me
llevara muy lejos. Pero sabía que casarme era mi destino, como el de todas las
niñas hindúes.
Mis tíos y hermanos
giraban alrededor de mí. Unos ponían
henna en mis manos, otros me vestían con un sari rojo.
Treinta minutos antes de
la ceremonia, me dejaron sola para que
pudiera orar.
Estaba postrada sobre la
alfombra cuando una sombra subrepticia penetró en el cuarto. Su mano tapó mi
boca y no recuerdo más.
Cuando desperté, yacía
acostada en un lecho confortable, pero no podía ver nada porque la sala estaba
completamente a oscuras.
Pasé mucho tiempo en ese
lugar, creo que fueron años. Mi cuerpo iba cambiando y creciendo. Una vez, al
vestirme, descubrí mis pechos y me largué a llorar. Otro día, sentí que algo
viscoso se precipitaba en la vasija donde orinaba y lloré mucho más.
Mientras tanto, la sombra
entraba y salía en silencio. Me higienizaba, me daba alimento, pero jamás
hablaba.
A veces, yo la insultaba
para que reaccionara y me explicara la razón de mi cautiverio. Pero nunca logré
arrancarle una palabra. Cuando insistía demasiado, se llevaba las velas y los
libros. Entonces, yo volvía a guardar silencio por un tiempo.
Por las noches, solía
tener un sueño repetido. Escuchaba la voz de mi madre confortándome, y hasta
sentía sus caricias. Pero al despertar, solamente las tinieblas me rodeaban.
Ayer, en el lugar de los
libros encontré una carta que decía:
“Amada Kavita: perdóname
si puedes. Lo hice para salvarte de la negación de tu libertad, de la pérdida
de tu niñez y de la violencia. Pero ahora no hay más tiempo que perder, mi vida
se acaba. La infibulación y los golpes de tu padre pudieron conmigo. Debes huir
a Ouadadougou, en Burkina Faso, donde te protegerán. Te amaré más allá de la
muerte. Tu madre”.
De día, me escondo entre
los árboles y con las sombras de la noche avanzo. Avanzo.
©Olga Liliana Reinoso

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