martes, 1 de febrero de 2011

AYER NO HA TERMINADO


AYER NO HA TERMINADO


por Olga Liliana Reinoso


¿Qué hacer cuando el pasado nos sorprende, cuando golpea nuestra cara como un pájaro herido sobre un parabrisas?
¿Qué hacer cuando el tiempo se evapora en un segundo y nos transporta mágicamente a 20 años atrás?
Primero la sorpresa, la alegría...
Pero después, una humedad de olvidos cala el alma.
Aquello fue feliz. Y lo perdimos. Creíamos tener todo resuelto pero ahora comprobamos que no es cierto.
¿Qué es lo que nos deslumbra y nos inquieta? ¿La juventud perdida? ¿Las artes del amor casi en desuso? ¿Ciertos temblores que siguen latentes?
¿Por qué esa persona, esa mirada, ese gesto fortuito, se vuelven primordiales?
Entonces, la verdad ¿No es la verdad?
Tendríamos que estar preparados... Pero somos tan ingenuos, tan cándidos, tan vulnerables a las sorpresas que nos da la vida...
Construimos castillos y palacios, erguimos rascacielos en la arena, y dando muestras de una soberbia desatinada, sentimos que lo tenemos todo.
Entonces basta una brisa, un estampido, un rumor de hojarasca, para poner en evidencia nuestra fragilidad y el tono oscuro de tantas mentiras.
Por eso huimos de preguntas esenciales y preferimos el barniz a la madera. Nuestros dedos se deslizan ágilmente sobre la superficie pulida, en cambio, las astillas nos penetran y lastiman.
Sin embargo, ¿qué es lo natural? ¿Qué es más cierto, más auténtico, más genuino? ¿Nos animamos a responder estos interrogantes?
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A qué se debe nuestro tránsito en la tierra? ¿Es la muerte el cruce del Mar Rojo hacia la tierra prometida? ¿O todo acaba en polvo y en escarnio? ¿Acaso somos solo una apariencia que otro está soñando?
En medio del naufragio, la sutil esperanza disfrazada de tronco nos da la bienvenida y creemos entrever en cada encuentro una cita postergada, porque, en realidad, todo es una sucesión de causas y efectos.
Pero la rutina, que es un monstruo voraz, nos fagocita. Y seguimos simulando que vivimos; destartalados, incompletos, mutilados: por cobardía, por comodidad o por miedo.
Hasta que el olvido acude nuevamente en nuestro auxilio. Y arribamos a la orilla para observar como vuelven a aquietarse las aguas, como todo retorna a la “normalidad”.
A pesar de saber que solo es una parodia, ascéptica, indolora.
Será por eso que la mayoría opta por no saber, por no buscar, por silenciar los duendes: se ahoga en el fuego fatuo del desconocimiento. Y se niega a enfrentar su “lúcida noche fundamental”. (*)
Quizá solo se trate del espejismo que produce la nostalgia, el reverbero de ciertas historias que sacamos del baúl como un vestido hermoso pero antiguo, anacrónico y tres talles más chico. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. (**) O tal vez sí.
¿Quién se atreve a asegurarlo?


(*) Jorge Luis Borges
(**) Pablo Neruda

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