viernes, 10 de febrero de 2012

EL NUEVO PROFETA



“Como todos olvidan él no olvidó ya nunca y le quedó en las venas un gusto de relámpago”
Edgar Morisoli (poeta pampeano)

Por entonces la vida fluía en las riberas
y los días
eran simple confirmación de la alegría,
las tareas sencillas,
la tibieza hogareña.
Él se marchó esa tarde
barda arriba cuidando su majada.
Y cuando los lejanos rumores
se convirtieron en grito desgarrante
él ya no pudo con el río.
Apenas era un hombre.

Y acaso alguien conoce la soledad última y descarnada
aquella soledad de estar tan solo entre las multitudes
cuando todo es inhóspito y ajeno
porque uno de tanto haberse ido ya no está en ningún lado.
Y no es lo mismo haber nacido solo
que ser alguna vez racimo, comunión , raíces
verse crecer las ramas
y de pronto, aquel hacha por demás inclemente,
-tajadura del tiempo y la ignorancia-
abre un surco de sangre justo en el epicentro de la vida.
Y él, con algo salvaje y primitivo
se emborracha de olvido
tala todas las ramas
bebe el veneno de la desmemoria
y desanda el camino que no va a ningún lado.

Es una sombra
un inusual vestigio de la historia.
Sombra fantasma, entre acuosa y terrena,
que se desliza en la geografía costera
remolcando la nada en su alforjita humana.
Hombre barbado y triste
como un dolor puntual llega cada fin de año
tan humano, tan débil, tan enjuto
con ese huracán de orfandades y mutilaciones.
¿Podrá algún día , escapar de la fiera cebada de la memoria
hacia aquel territorio de la infancia
donde aún el candor y la inocencia protegen como un yelmo?

En la intemperie de la soledad.
Solísimo,
es un paria en su tierra
un lamento ermitaño
una mirada ciega y obsesiva
un niño atormentado por alucinaciones reincidentes.
Almita en pena que comenzó a morirse con sus amores muertos
hasta que aquella nieve lo acurrucó en su frío.
Hecho un muñeco extraño de nieve y de tristeza
se quedó en la leyenda como un nuevo profeta
de evangelios pampeanos.
©Olga Liliana Reinoso
Primer premio género poesía – Certamen literario “Vivir en democracia con justicia social” 1994, organizado por el Ministerio de Cultura y Educación de La Pampa – Publicado en la Antología “Silencios que se escapan”, Santa Rosa, febrero 1995.
Este poema surge motivado por un fenómeno natural conocido como LA CREZCA GRANDE, que ocurrió en el Valle del Río Colorado en 1914, cuando una inundación arrasó con todo (Pueblo de 25 de mayo, actualmente provincia de La Pampa) . El personaje era un pastor que al momento de la tragedia estaba con sus ovejas en las bardas. Al bajar, no le quedaba hogar ni familia. Enloqueció y fue a guarecerse en la cima. Sólo bajaba para comprar provisiones, hasta que en un invierno muy crudo, murió congelado.
También han escrito sobre este tema los escritores pampeanos Edgar Morisoli y Walter Cazenave.

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